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El inquietante y divertido universo de Hopper reinterpretado por Azpilikueta y donado por Olave al Bellas Artes de Bilbao

El museo incorpora a su fondo de obra gráfica doce estampas inspiradas en la obra del artista norteamericano

El inquietante y divertido universo de Hopper reinterpretado por Azpilikueta y donado por Olave al Bellas Artes de BilbaoOskar Gonzalez

El editor enmascarado. Este es el nombre que dio título a una de las exposiciones que reunió la obra editorial de José Ignacio Olave (Bilbao, 1953) en el Koldo Mitxelena de Donostia, un nombre que simboliza el carácter discreto del nieto del pintor eibarrés y su inclinación por trabajar lejos del mercado comercial.Olave es una figura singular en el mundo del arte. Su vida profesional ha transcurrido a caballo entre la química y el acero, principalmente en compañías internacionales.

Pero su pasión por el arte le ha llevado durante décadas a editar obra gráfica por el mero hecho de hacerlo, sin ningún afán de lucro. Jamás ha comercializado con ello. 

“Mi vida profesional se ha movido en otros territorios, pero siempre he tenido un gran interés por el arte, probablemente responsabilidad de mi abuelo. Apenas recuerdo su imagen, pero he tenido la oportunidad en casa de poder profundizar sobre las cuestiones de arte”, confiesa Olave.

Sin José Ignacio Olave, no podríamos disfrutar de proyectos como After Hopper (Después de Hopper), un sugerente título para una serie de doce estampas que ha donado al Bellas Artes de Bilbao, en las que el pintor José Antonio Azpilikueta reinterpreta algunas de las escenas más icónicas del pintor norteamericano Edward Hopper.

 El conjunto que ahora se expone se suma a las setenta y ocho obras que el editor ha ido donando al museo bilbaino desde 2022, con cuyo director, Miguel Zugaza, mantiene una relación de amistad.

70 cumpleaños

La exposición, que está patrocinada por la Fundación Gondra Barandiarán, nace de una singular colaboración editorial y artística, ofreciendo una relectura de las atmósferas inquietantes y los espacios silenciosos que hicieron universal a Edward Hopper. Con motivo de su setenta cumpleaños, José Ignacio Olave encargó a Azpilikueta doce dibujos para acompañar otros tantos relatos escritos y autoeditados por él inspirados en pinturas de Hopper. Olave dio total libertad al artista, admirador de la obra de Edward Hopper, al que ha utilizado en muchas ocasiones como referente en sus clases de dibujo en Bellas Artes de la UPV. “En mi 70 cumpleaños, en lugar de esperar a que me hicieran un regalo, se me ocurrió a mí elegir 70 amigos y regalarles este libro”, explica Olave.

Azpilikueta abordó de forma individual cada dibujo, en un proceso que él considera “intervención” y se sirve de cuadrícula, dibujo a línea y tintas planas. 

Las imágenes provocadas por la narración trascendieron el ámbito literario para materializarse en una carpeta de estampas, en las que Azpilikueta reinterpreta el imaginario hopperiano desde una mirada personal, sugerente y divertida. Este humor, característico del artista vasco, se materializa, por ejemplo, en una estampa en las que el editor aparece como un personaje situado al fondo, concretamente en The Far East Tea Garden y el timbre marca Olave en Quiero ver el sol. “La obra de Azpilikueta está atravesada por el humor, por la ironía y por una visión en ocasiones un tanto surrealista de la realidad. Hay una cierta ensoñación que remite a un tiempo detenido e incluso se podría hablar de un tránsito hacia otra dimensión. Casi como si hubiéramos cruzado un portal y la realidad que se presenta ante nosotros fuera prácticamente idéntica a la nuestra, pero siempre hay un elemento distorsionador que hace que nos genere sorpresa o nos haga sonreír ante lo que estamos viendo”, explica Mikel Lertxundi, que ha comisariado la exposición. 

Junto con la docena de estampas, se exponen en tres vitrinas material diverso, como bocetos, varios exlibris, copias del libro After Hopper (La noche americana) de Olave...- que dan contexto al proyecto.

Un momento de la presentación de la exposición

Bengoetxea, presidenta del Patronato

Esta exposición ha sido el primer acto de la vicelehendakari primera y consejera de Cultura, Ibone Bengoetxea, como presidenta del Patronato de la Fundación del Bellas Artes. Cada año, las tres instituciones fundadoras, Ayuntamiento de Bilbao, Diputaciónde Bizkaia y el Gobierno Vasco, se alternan la presidencia. 

Bengoetxea ha puesto en valor el Bellas Artes como una pieza clave del sistema del arte vasco “porque no es solo un espacio expositivo, es también un lugar donde conservan, cuidan, miman y buscan obras que son testigos directos de lo que somos como sociedad. Y por tanto, hablar de este museo es hablar de nuestra identidad y también tener un espacio para compartirla”. Ha reafirmado el apoyo institucional “porque creemos en el valor del arte y en el de contar con museos sólidos, con museos vivos y con museos que están al servicio de la ciudadanía. El arte es también fuente de crecimiento personal y de bienestar, en este caso también emocional”. Bengoetxea ha confesado que asume la presidencia del patronato en este año clave para el museo con mucha ilusión. “La obra de ampliación sigue en marcha y 2026 va a suponer un antes y un después para este museo y para todas las personas que disfrutamos de él”.