Ariel Rot: “Tengo muchas balas en la cartuchera, garra y cuerda para rato”
El exintegrante de Tequila y Los Rodríguez actúa este viernes en Bilbao en el marco del ciclo Negufest
El rock en castellano sería distinto sin la guitarra de Ariel Rot. Primero junto a Alejo Stivel en Tequila y después con Andrés Calamaro al frente de Los Rodríguez, el argentino español ha contribuido a la mayoría de edad de un rock de origen stoniano que en su carrera en solitario se ha visto ampliado con palos latinos, blues, swing, rockabilly, reggae… El ciclo Negufest lo acerca este fin de semana a Bilbao con un concierto que tendrá lugar el viernes 23, en Santana 27. “Tengo ya muchas balas en la cartuchera, pero siempre espero con asombro que suceda algo nuevo”, explica el músico.
Empieza 2026 como casi acabó 2025, sobre los escenarios.
-Cerré en Buenos Aires con cuatro conciertos entre noviembre y diciembre, y empecé enero en Madrid, lo que es curioso porque nunca había empezado tan pronto. Espero que sea una buena señal, al igual que los conciertos de Bilbao y Zaragoza. Ya no hago giras como tal porque me falta infraestructura, así que toco de manera más o menos fluida, un poco a lo jam session. Esta vez la agenda tiene cierta alegría dentro del desorden y semi caos (risas). Es una manera de funcionar hecha a medida, ya que toco cuando me llaman ante un público muy fan.
Así el músico no se vuelve un funcionario.
-No me gusta automatizar los conciertos y que sean todos iguales. Las pocas veces que sucedió, en la gira conjunta de Sabina y Los Rodríguez, nos pareció aburrido. Y lo del funcionariado… no, esta vida es más bohemia y artística (risas). Yo me crié profesionalmente en un caos absoluto, en los años 1977 y 1978. Viajábamos como podíamos, nos equivocábamos de día, cada concierto era una aventura… Era tan romántico como fascinante. La esencia y el sentido de viajar y tocar con amigos son las mismas que antes, siempre espero con asombro que suceda algo nuevo.
¿Viene con banda y haciendo rock´n´roll?
-Por supuesto, estoy en un idilio absoluto con el grupo y reforzando cada vez más nuestros vínculos de amistad y música. Voy con Toni Jurado (batería), Ricardo Marín (guitarra), Tito Dávila (teclados) y Jacob Reguilón (bajo). Este último subió a un escenario por primera vez conmigo, con 16 años.
Gente curtida, becarios no, que diría aquel.
-No lo son, no. Hay mucha historia y un vínculo muy poderoso con la banda. Estamos mejor que nunca.
Esos vínculos y ese disfrute no se pagarán con dinero ¿verdad?
-Lamentablemente, sí (risas). Por eso no los puedo tener siempre conmigo y, a veces, voy en formatos más económicos. Eso sí, de todo se aprende. En 2010, cuando se cayó todo y hubo un cambio de paradigma en el negocio, ya bastante pervertido, me di cuenta de que si no tocaba solo no podría volver a hacerlo. Y me subí con Solo Rot al escenario por vez primera en mi vida. Fue un gran aprendizaje y si estoy ahora en este punto artístico, esa etapa fue fundamental.
Coque Malla defiende lo mismo.
-Tiene razón, te da una gran perspectiva, descubres mucho de ti mismo, rebuscas en tu repertorio canciones con textos más potentes y que se adecúan a un público más receptivo, y profundizas en tu manera de comunicar y de cantar.
¿En vivo es mucho mejor Ariel, como tituló aquel disco?
-A ver… Los discos son fundamentales y el resultado es el escenario. Todo viene de un trabajo solitario y enloquecedor con la guitarra y frente a un papel. Lo cierto es que lo que grabamos es el embrión de una canción que nunca has tocado y que luego evoluciona y crece con matices después. El otro argumento es la presencia humana, así empezó todo. Llevamos pocos años haciendo discos, unos 100, y la música existe mucho antes. La música es comunidad y conexión humana.
El Negufest es una oferta invernal que permite girar a los músicos y ofrecer conciertos al aficionado. ¿Cómo lo ve?
-Estupendo, ya que son periodos en los que no lo tenemos fácil para tocar antes de mayo o junio. Así no paras y la banda está siempre engrasada.
Dos reediciones de discos antiguos han sido sus últimas novedades: ‘Hablando solo’ y el directo ‘En vivo mucho mejor’. ¿Camino de los 70 le embarga la nostalgia?
-Responde a que estén disponibles en formatos mejores y con más material. Hay una corriente que se impone con vinilos cuidados y excelente calidad de audio, así que los rescaté. También son objetos más bonitos para tener en casa. Además, estoy comprobando que estos discos se vendieron mucho en su día, lo que se nota al tocar en directo. La gente las tiene en la memoria y hasta las canciones menos conocidas se reciben muy bien. Es algo muy agradecido y que me permitió recobrar la primera banda con la que me inicié en solitario. Como ves, son muchos los motivos, me sobran (risas). Te recuerdo que se ha reeditado también Palabras más, palabras menos, de Los Rodríguez. Esa portada de Oscar Mariné en tamaño vinilo es espectacular.
¿Qué publico va a verlo ahora?
-Depende del recinto. En los de pago es público que conoce los discos de cuando se editaron, ya en fiestas o en verano es otro. Tengo la fortuna de contar con un repertorio que se puede adecuar a distintos registros. Hay balas suficientes en la cartuchera (risas).
Este 2026 se cumplirán 10 años de ‘La manada’, su último disco con canciones inéditas ¿Le ha abandonado la inspiración?
-Componer con la edad se va haciendo más difícil, además de que hay menos hambre. A veces sientes que ya lo has dicho todo. Además, escribir canciones es un trabajo muy arduo, tardan en fluir y haces muchas malas hasta que llega una buena. No surgen de repente, hay todo un proceso previo y en este momento, salvo que surja un arrebato o una idea que me eleve y sople el viento a favor, no lo voy a forzar. No lo necesito, afortunadamente, en ningún sentido. Hago un montón de cosas y todas me dan satisfacciones.
No sé si tendrá que ver con la edad. Ejemplos hay de todo tipo: Dylan o Springsteen no paran, pero Tom Waits ni siquiera hace ya conciertos.
-Es que Dylan es una fuerza de la naturaleza y compararse con él es como hacerlo con Dios (risas). Pocos pueden hacerlo, por lo prolífico que es, además de un autor que cambió la manera y la historia de escribir poesía en el rock. La producción suele bajar mucho con los años y como respeto las decisiones de todo el mundo, espero que lo hagan con las mías.
Hoy el rock parece haber pasado de moda, es casi residual en el mercado actual. ¿Le duele?
-No vamos a hacer un funeral por el rock y ponernos a llorar. El rock´n´roll, que es el lenguaje con el que crecí y me conmovió cuando creaba la cultura del momento, ha tenido un reinado extraordinario. No se le puede dar por acabado porque sigue emocionando y convocando a muchísima gente.
Sí parece que no vamos a poder volver a ver los Stones en directo. Es como la caída del Imperio Romano, sucede algo que no esperas. Como que muera Jorge Ilegal, alguien a quien veíamos como indestructible.
-Efectivamente, vamos a vivir momentos duros por una cuestión biológica. Lo mismo que pasa con nuestros seres queridos, pasa ya con nuestros ídolos.
Parece que usted sí ha podido resistir, que no se dejará ir, como cantaba en ‘Colgado de la luna’ aunque la letra no fuera suya.
-No era mía, pero estaba hecha a medida por Sergio Makaroff. Me hizo varias canciones en una época como si fuera un sastre, a mi medida. No es solo cuestión de resistir, sino de seguir disfrutando un montón de lo que hago. Tengo garra y cuerda para rato.
Hoy hay bruma no solo en La Castellana. Invade todo el mundo, que aparece desdibujado, lleno de incertidumbre.
-Estoy preocupado, como todos, al igual que asombrado por este rumbo. Son muchos cambios a los que habrá que adaptarse. Procuro no intoxicarme demasiado con ello, pero es inevitable. Nosotros, que crecimos en una generación que vivió la fe, el ascenso del bienestar y las ideas humanitarias y libres, no esperábamos un cambio de guion tan drástico en la otra dirección.
Incertidumbre que atenaza también al negocio de la música. ¿Cómo lo ve un veterano que las ha visto de todos los colores?
-Por mi edad, sin problemas porque he hecho más de lo que nunca hubiera imaginado. Yo me refugio en la música que me gusta y me rodeo de la gente con la que me entiendo para disfrutar tocando. Otra cosa es la gente joven o quienes estuvieron en el medio y tienen que seguir adaptándose a este nuevo modelo musical tan efímero, cruel y esclavo.
No todo es malo.
-También hay cosas buenas, como el acceso directo a lo que quieras escuchar en todo momento o la revisión de cosas antiguas del blues, el jazz o el rock, que permiten las plataformas. Es increíble e inimaginable en nuestra juventud. Hoy, para bien y para mal, todo es más fácil, incluso aprender a tocar, lo que crea ciertos clichés al dártelo todo masticado.
¿Ha descartado otro posible regreso de Tequila o Los Rodríguez?
-(Risas). Me lo siguen preguntando, pero no sé qué responder. Nunca se sabe qué puede pasar, pero no está en los planes de nadie. Cada uno está con sus cosas y ha pasado mucho tiempo. Sería cosa del destino y el azar, que coincidieran, pero no es fácil. Al menos, en el reencuentro de Tequila de 2008 Alejo salió a la carretera tras 25 años sin subirse a un escenario.
“No hay nada más triste que recordar los sueños del pasado”, cantaba, pero ¿cómo ve hoy el trabajo de ambas bandas al mirar por el retrovisor?
-Extraordinario (risas). Sinceramente, cada uno en su momento, su entorno y situación histórica, fueron dos bandas revolucionarias.
¿Y la televisión? ¿Hay algún proyecto de regreso tras el éxito de ‘Un país para escucharlo’?
-Fue una experiencia extraordinaria, pero no me dedico a la televisión. Es ella la que tiene que decidir si quiere contar conmigo para algo. Y no parece interesarles un formato que muestre la música como es de verdad. Todo está desvirtuado, maquillado y lleno de cosas superfluas, alejado de la música real. Las televisiones públicas tendrían el deber de crear un archivo histórico que pudiera ser consultado en cualquier momento. Es un delito que no lo hagan. Como hay otros peores, mejor dejarlo ahí (risas).