Lucinda Williams se rebela contra el loco mundo de Trump
La estadounidense edita ‘World’s gone wrong’, disco de rock, country y blues que refleja el clima político “horrible y asfixiante” de su país y nos invita a combatirlo
Reina indiscutible del Alt Country en su facción más rock y blues, Lucinda Williams, de 72 años, sigue grabando discos y a pie de escenario a pesar de las secuelas físicas del ictus que sufrió hace cinco años. Su última andanada recoge la llama del espíritu combativo del Dylan juvenil, de Joan Baez y Bob Marley, con guiños explícitos a Robert Johnson y Dr. John, en el conceptual World´s Gone Wrong (Highway 20 Records), álbum que refleja el clima político “horrible y loco” que vive Estados Unidos bajo la presidencia fascista de Donald Trump. Y nos anima a hacerle frente a ritmo de rock´n´roll.
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La última imagen que guardamos en la memoria de Lucinda tuvo lugar en el último Azkena Rock de Gasteiz, cuando, en plena coincidencia con la visita de su admirado y también reivindicativo Springsteen a Donostia, despedía su concierto con la versión de Rockin´ In The Free World, de Neil Young, en éxtasis comunitario de rock y deseos de libertad. Ese sueño hoy casi utópico impulsa su nuevo disco, que se publica esta semana y que se grabó en primavera del año pasado.
Hermano pequeño del álbum de versiones de The Beatles que grabara en 2024, World´s Gone Wrong es su nuevo disco con canciones propias desde que nos entregara Stories From a Rock N Roll Heart, otra gema de filiación rock, blues y country. Curiosamente, ambos se retroalimentan desde la diferencia: su autora miraba en él a su interior, a sus heridas y cicatrices, incluidas las dejadas por compañeros fallecidos como Tom Petty, mientras que en el actual lo hace hacia su entorno, esa sociedad estadounidense que tiene más de pesadilla real que de la letanía de sueños de libertad, igualdad y prosperidad que el país ha vendido al mundo.
Horrible locura
World´s Gone Wrong refleja, en clave eléctrica, rebelde y crispada, el clima que vive Estados Unidos –y, por extensión, la totalidad del mundo– en este segundo mandato de Donald Trump… y nos impele a combatirlo. Puede que su cuerpo esté desvencijado y que siga sin poder tocar la guitarra, pero la rebeldía que siempre la ha caracterizado se mantiene incólume, como cuando cogió una guitarra tras la estela de Dylan, Hank Williams y los bluesmen. “Nunca me controlará nadie”, escribía sobre su vida y obra en su magnífica biografía, No compartas con nadie los secretos que te conté (Liburuak). Y vuelve a demostrarlo en 2026 con un álbum que la ganadora de 3 Grammy ha gestado tras varias anécdotas posteriores a sus conciertos internacionales, cuando la gente se le acercaba para lamentar “las cosas horribles” que vive Estados Unidos con Trump.
Lucinda, residente en Nashville desde hace un lustro tras huir de Los Ángeles, ha grabado en la ciudad de Tennessee este nuevo disco, con el apoyo del colaborador habitual Ray Kennedy y su esposo, Tom Overby, que también han colaborado en la composición de unas canciones en las que se advierte el gusto, la sapiencia y la veteranía de dos hachas a las guitarras: Doug Pettibone y nada menos que Marc Ford, antiguo miembro de The Black Crowes. El crispado ambiente de su país se ha impuesto a la mirada introspectiva mayoritaria de su obra anterior y palpita en estas 10 canciones. Ya lo estaba en algunas de Good Souls Better Angels, con algún dardo puntual lanzado a Trump en su primera legislatura, pero ahora lo impregna todo. El Estado de la Unión es “horrible”, asegura, y lo califica de “locura”, así que la artista buscó escribir al respecto. “Me recuerda un poco a la época en la que Dylan y Baez cantaban este tipo de canciones. Yo era una joven activista por entonces, cuando era adolescente e iba a todas las manifestaciones y marchas contra la guerra de Vietnam. Siempre llevaba la guitarra conmigo y a veces, sabes, me pedían que cantara”.
Muy bien de voz y con la tarea de composición más compartida, la estadounidense deja las cosas claras desde la canción titular que abre el disco, en la que aprovecha la historia de una pareja de currelas –un vendedor de coches y una enfermera–, para, en un decorado de casas vacías, gente viviendo en la calle y problemas para llegar a fin de mes, denunciar la locura de un momento donde “los tiempos oscuros se están haciendo largos” y “nada tiene sentido” cuando se “confunde lo falso y verdadero”. Como si la hubiera compuesto el otro día, tras el asesinato en Mineápolis de la poetisa Renee Good a cargo del ICE, vamos.
El mensaje resulta meridiano y se muestra tan omnipresente como la voz ajada y radicalmente emotiva de la autora y el poderío refulgente de las guitarras. Los días y las canciones se pueblan de sombras, dolor, oscuridad, miedo y metáforas vívidas de sangre corriendo libre por el río e iglesias ardiendo. Ante ello, Lucinda propone “ser fuertes, buscando consuelo en una canción”, y dejar atrás “la carga del odio y la separación” aunque estemos cansados.
Y la solución que propone es, en su caso, alzar la voz a través de sus canciones. Con los coros de la cantante country Brittney Spencer en dos temas; alternando los barridos de Hammond con la fiereza rockera y blues de cortes como How Much Did You Get For Your Soul o Sing Unburied Sing, cuyo magnífico estribillo cobrará vuelo en los escenarios; con baladas con trémolo y armónicas polvorientas del folk en Low Life; meciéndonos con la funky Freedom Speaks, el blues lento y pesado de Black Tears o la intensidad y profundidad de Punchline.
En su 16º disco de estudio destaca también la versión de So Much Trouble in The World, de Bob Marley, que comparte con Mavis Staples, y, sobre todo, un vals conmovedor a dúo con el piano y la voz de Norah Jones, titulado We´ve Come Too Far To Turn Around. Con él nos dice agur, entre caricias de folk, blues y gospel, y versos contundentes de resiliencia rebelde como “estamos cansados, pero hemos llegado demasiado lejos como para volver atrás”.
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