V Dantza Tradizionalaren Esker Onak

La dantza como naturaleza humana desatada con ímpetu a media tarde

El Guggenheim acoge la gala de entrega de los premios Dantza Tradizionalaren Esker Onak que alcanzan ya un lustro de historia, cinco años de dantza y tradición

27.11.2021 | 10:03

FUE una gran fiesta, por mucho que los cielos encapotados, cárdenos y desatados, trajesen consigo el azote de las aguas. No hay quien frene al baile ni a la dantza, un ímpetu de la naturaleza humana que se desata como una tormenta de felicidad. Hacia el cielo miraba con cautela José María Oyarzabal, presidente de Bizkaiko Dantzarien Biltzarra y alma mater de los premios Dantza Tradizionalaren Esker Onak, un campo de labranza en el que florecen las tradiciones con profundas raíces vascas. Lo hacía con cierta prevención pero con el orgullo de que no hay tempestad que derribe el roble de la dantza. Lleva años trabajando en este campo y sabe que la fuerza de voluntad de la gente dantzari es inasequible al desaliento. No hay quien les tumbe.

Como si fuese una tarde alada, la gala voló con altura. En ella se cantaron las aleluyas de gloria para los elegidos para la ocasión. Así, tres nombres propios como los de Xabier Irazabal, Amaia Mujika Goñi (recogió la distinción Felipe Agirre...) y Arantza Castañiza, y grupos como Bizkaiko Gaiteroak, con Virginia González a la cabeza; las delegaciones de Euskal Dantzarien Biltzarra; la soka dantza y la ezpata dantza recuperadas por el grupo Beti Jai Alai (a partir del cuadro de Genaro Villaamil, Un aurresku en Begoña, Iñaki Irigoien y Jon Pertika empezaron a maquinar cómo recuperar ese baile que aparece reflejado. Además, tuvieron la colaboración de Ana Santa Coloma, pura pasión modista, sacó los vestidos que se ven en el cuadro...) en cuyo nombre recogieron la distinción, de la mano del concejal, Gonzalo Olabarria, gente importante como Iñaki Irigoien, Jose Luis Egiluz, Ritxar Perello y los grupos Mendi Alde de Santurtzi, con Andoni y Jone Flores al frente, y Urduri de Otxandio. Como ven, el podio estaba barnizado de grandezas.

Las riendas de una gala, impulsada por DEIA y que alcanzó como el rayo al corazón de los presentes, estuvo en manos de Alain Salterain, presentador del asunto. Cedió el turno de las primeras palabras de la tarde para el propio José María y para el director de DEIA, Iñaki González, también emocionado. Ese fue el sentimiento primario de una tarde en la que la tradición se entremezcló con la vanguardia del museo.

Emociones 

A una historia como esta acudieron, además de los ya citados, Jon Gaminde, Ziortza Bilbao, Juanmi Nieto; el presidente de Euskal Dantzarien Biltzarra, Pedro Romero, Juan Martínez, Jabi Ortega, el director de Editorial Iparraguirre, Javier Andrés; el director de desarrollo de DEIA, Kike Hermosilla, Joana Pérez, Idoia Gutiérrez, Joseba Anton, Jone Flores, Peio Azkuna, Jon Ke Casquero, Batirtze González. Itziar Flores, Irune Fraile, Itxaso Iradier, Mariasun Diego, Cristina Lasuen, Nuria Urigoitia e Iñaki Larrea, de Urduri Dantza Taldea; Oihane Irazabal, Maite Agirre, Gurutz Martínez, Martin Ariztimuño, Vicky Hurtado, Virginia González, Jon Gaminde, Jon Larizgoitia, Aintza Calderón, Gerard Regué, Iraide Pascual, Maddi de las Heras, Ane de las Heras, Jon Pascual, Imanol Granda, Alicia Bayón, Mertxe López, José Luis Santos, Iñaki Elezkano, más conocido como Txilibrin; Cristina Anton, Ana Peña, el joven Jon Peña Pertika, Susana Gutiérrez, Juan José Etxebarria, Andoni Flores, Marian Fernández, Marian Alonso, Mertxe Alonso, Koldo Gámiz, Mundi Flores y Goio Zarate entre otra mucha gente que lamentó que la kalejira prevista se suspendiese.

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