Directora de 'Dardara'

Marina Lameiro: "Me da miedo defraudar a los fans de Berri Txarrak; esto no es un 'making of' de la gira ni el DVD de un concierto"

La película coral que recoge el final de trayecto de Berri Txarrak se ha colado en sus primeros días de proyección en el 'top ten' de las más vistas en el Estado

02.04.2021 | 00:58
Marina Lameiro, junto a la puerta A del Navarra Arena, pabellón donde se celebró el último concierto de Berri Txarrak.

Con su primer largo, Young & Beautiful, abrió la Sección Oficial de Punto de Vista 2018. Y se llevó el premio del público. Cuatro años después, repite, aunque fuera de concurso, con Dardara, una película que ha sido muy bien acogida por el público. En eso sigue la estela del fenómeno Berri Txarrak, a cuyos miembros la realizadora y su equipo siguieron durante meses en su gira de despedida por todo el Estado y por Alemania, Francia, México, Estados Unidos y Japón. Producida por Arena Comunicación y Txalap.art, esta historia habla de lo que el grupo ha supuesto en la vida de miles de fans, personificadas aquí en un grupo de hombres y mujeres de distintos lugares –Pauline, Juan, Fátima, Ryan, Max, Jare, Ziortza, Xabi, Oihane–, para las que la música de los de Lekunberri es un sentimiento que vibra en lo más profundo.



 

¿Cómo surgió la idea de hacer esta película?

–La idea se le ocurrió a Berri Txarrak cuando vieron la respuesta del público a este último concierto en el Navarra Arena. Si no se llega a colapsar la red, habrían vendido todas las entradas en cuestión de segundos. Ahí pensaron en hacer algo que, por un lado, fuera un homenaje a los fans por haberles acompañado durante estos 25 años y, por otro, para mostrar las historias que había detrás de la comunidad que sigue al grupo. Ellos saben, por ejemplo, de personas que se conocieron hace años en el foro de Berri Txarrak y que hoy están casadas, y varias historias de este tipo. De hecho, en un momento dijeron que toda la película tenía que enfocarse en los fans.

¿Y cómo entraron en contacto, conocían su trabajo?

–Investigaron un poco y preguntaron a una profesora de la UPV, que les recomendó a varios creadores. Contactaron conmigo, me presentaron su idea de hacer una película y les dije que me interesaba. Entonces les pasé una muestra de mi trabajo, les gustó y ya empezamos a reunirnos. Eso sí, desde el principio les comenté que yo no la iba a producir y que no podíamos hacer la película solos. Con Young & Beautiful sufrí mucho y no me veía con el tirón para afrontar un proyecto de estas características. Además, desde mi productora estamos acostumbradas a proyectos con un presupuesto mucho más reducido.

Y entra Arena Comunicación.

–Sí, les recomendé a Itziar García Zubiri y a Arena Comunicación, tuvimos una reunión las tres partes, fue bien y después se sumó Txalap.art. Luego vinieron los apoyos del Gobierno de Navarra, de Innova Cultural y del Instituto Etxepare.

¿Es fan de Berri Txarrak?

–Pues ahora lo vuelvo a ser (ríe). Lo había sido con 14 o 15 años, cuando me movía más por el Gaztetxe, por los conciertos de barrio autogestionados, y les escuchaba, pero luego cambié a otro tipo de música y les dejé atrás. Cuando me propusieron la película decidí escuchar los discos de los últimos años y me llamaron mucho la atención. Me gustó ver que igual que yo había evolucionado desde esa niña de 15 años, ellos también lo habían hecho.

¿Los integrantes del grupo pusieron condiciones?

–La condición principal es que la película girara en torno a los fans. Aparte de eso, me dieron libertad total. Lo que tenían claro es que fuera un trabajo que pudiera ir a festivales y a salas de cine. Ya les habían hecho dos documentales antes, uno había sido para la tele y el otro había estado en alguna sala, pero no había tenido mucho recorrido y les apetecía que fuera una película de autora que gustase en el mundo cinéfilo. También recuerdo que al principio ellos no querían aparecer e incluso se les ocurrió que ni siquiera saliera su música, pero luego empezó la gira y quedó claro que había que grabar los conciertos.

¿Durante cuánto tiempo rodaron y con cuántos equipos?

–El primer día de rodaje fue en febrero de 2019 cuando dieron la rueda de prensa para anunciar que lo dejaban. Luego hubo un par de conciertos, pero el ritmo fuerte comenzó en abril con la gira por Alemania. También rodamos en Estados Unidos, México, Francia y Japón y por todo el Estado y por Euskal Herria, claro. Así hasta noviembre. A cada lugar yo iba con un equipo diferente; las personas de producción se repartían, entre Itxaso Etxeberria, Ohiane Iriarte o Garazi Erburu y alguna vez venía también Itziar (García Zubiri). De sonido normalmente era Miguel García, pero a Estados Unidos y a México vino Eymard Uberetagoena. En cuanto a las cámaras, en el Arena estuvo también Maddi Barber y hubo cosas que se filmaron después de la gira, en 2020. En ese caso, me pasó que en marzo tuve covid y en junio volví a dar positivo, así que las últimas cosas las tuve que dirigir por whatsap, con Maddi Barber y Migueltxo Molina en el terreno.

El montaje de Diana Toucedo es, sin duda, una de las claves.

–Me gusta mucho trabajar con ella. En mis dos películas yo había trabajado el montaje por mi cuenta y ella se incorporó después. Esta vez le dije a Itziar que había llegado a un punto en el que sentía que no avanzaba y que sabía que con Diana iba a funcionar. Nos entendemos muy bien. Lo que pasó esta vez es que yo iba a ir a Galicia, pero di positivo y tuvimos que trabajar a distancia. Fue bastante friki, pero funcionó.

Viendo la película, queda claro que no es un relato sobre los 25 años de Berri Txarrak, sino más bien sobre el final de un viaje.

–No es que fuera una de las condiciones del grupo, pero sí querían que se centrara más en su último año. También salen personas que han sido importantes para el grupo, como Marino Goñi, Carola Pérez o Pau Vargas. Para quien no las conozca, igual pasan desapercibidas, pero la película tiene varias capas. Por ejemplo, aparecen personas anónimas, como Xabi, el chico de Bilbao que me dijo que creía que si seguía vivo hoy era gracias a la música de Berri Txarrak; o Juan, el mexicano, que nos contó que había pasado una depresión y que gracias a la música había sobrevivido. Al final, la película es la punta del iceberg, hay cosas que no se dicen explícitamente, pero que están ahí. Yo quería plasmar la magnitud del fenómeno de una manera sutil, como una sensación.

Lo dice Gorka Urbizu, "Berri Txarrak es un sentimiento".

–Eso es. Se trata de mostrar que Berri Txarrak es un sentimiento, pero también que cualquier grupo para cualquier fan lo es. Al final esta película va sobre esta banda, pero para un seguidor de Lady Gaga, por ejemplo, será lo mismo.

En la misma línea va el título, 'Dardara', que sale de una frase que dice Gorka cuando habla de ese río de magma, de ese temblor, esa vibración creadora que discurre por debajo de la realidad.

–Nos costó encontrar el título. Dardara estaba ahí, en la lista, hasta que un día cobró sentido. Lo contiene todo y creo que se entiende.

La película, de hecho, se centra en Gorka, en sus reflexiones, y el resto del grupo apenas habla.

–Gorka es el que hace las letras y el que ha estado en los 25 años de recorrido del grupo. Además, la decisión de dejar la banda fue suya, los otros dos no querían, por eso la película se centra más en él. Al principio del proyecto iba a estar un poco menos, pero luego decidimos integrar sus reflexiones a la narrativa. El hilo conductor son estas personas desperdigadas por el mundo que tienen en común su pasión por la banda. Muestran su fragilidad ante la cámara y a mí me apetecía que Gorka también lo hiciera.

¿Qué acceso tuvieron a él, a esos momentos en que compone, pasea, lee?

–Gorka es bastante cuidadoso con su intimidad, y a mí no me interesaba cómo se lava los dientes por la noche, sino cómo crea. Para el superfan del grupo ver cómo es su estudio o cómo compone es oro. Y él no puso ningún problema. En ese sentido, le pedí que compusiera una canción para la película y mostrar su proceso creativo.

¿Cómo rodó esos últimos momentos de la banda?

–Con mucho respeto. Esos momentos los quise cuidar mucho porque antes que el cine está la vida y tenía claro que esos eran momentos vitales muy importantes para ellos. Tengo que decir, además, que todo el crew hizo una labor emocional muy importante con ellos, haciendo bromas, animándoles, y eso era muy bonito.

Y llegó el último concierto, el 23 de noviembre en el Navarra Arena, con gran despliegue de medios.

–A mí me abrumaba bastante porque por primera vez tenía que dirigir al mayor equipo que había dirigido en toda mi vida, con cuatro cámaras, todo el sonido... Pero todos los profesionales implicados tenían su cometido, algunos tenían que seguir a los fans, otros centrarse en el concierto... Me daba miedo no ser capaz, pero fue muy bien.

¿Cómo estaban Gorka, Galder y David ese día?

–Bastante tristes. Hasta ese momento no me di cuenta del todo de que durante la gira lo estaban llevando como podían. Ese día estallaron muchas cosas, era el final real, y quizá por eso en el concierto lo dieron todo. Se juntaron muchas emociones.

¿Qué aprendizajes se lleva de este proyecto?

–Muchos, pero como creadora me llevo la experiencia de haber dirigido a un equipo, ya que Young & Beautiful la hice completamente sola, y también de haber sabido acercarme a gente que no conocía y crear un vínculo de confianza rápido para que me diera su testimonio.

"Mantengo cierta inocencia en mi manera de mirar el mundo en lo que filmo; me gustaría no perderla nunca"

"La película es la punta del iceberg, hay cosas que no se dicen explícitamente, pero que están ahí"


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