Periodista y productora

Olatz Alonso: "Más allá de los Goya, 'Solo son peces' nos sirve para seguir trabajando por el pueblo saharaui "

De la mano de la Asociación de Amigas y Amigos de la República Árabe Saharaui Democrática de Álava, 'Solo son peces' puede hacerse con el Goya al mejor cortometraje documental gracias a esta historia sobre una piscifactoría en medio del desierto

15.02.2021 | 01:26
Olatz Alonso.

El cortometraje Solo son peces, de la productora bilbaina Al Borde Films y la Asociación de Amigos y Amigas de la República Árabe Saharaui Democrática de Álava, será también protagonista el 6 de marzo en la gala de entrega de los Goya. Junto a Biografía del cadáver de una mujer, Paraíso en llamas y Paraíso, este trabajo dirigido por Ana Serna y Paula Iglesias opta a hacerse con el premio a mejor corto documental. "Es una gran oportunidad para visibilizar el conflicto que se está viviendo allí", apunta Olatz Alonso, periodista, productora y coordinadora del proyecto alavés del que nace la cinta.



 

La Asociación de Amigas y Amigos de la RASD de Álava no es una novata en el uso de las herramientas culturales para su actividad. Ha realizado concursos musicales, proyectos audiovisuales, exposiciones... ¿Por qué?

—Una de las líneas que se desarrolla desde aquí pasa por la educación para la transformación social y, en este sentido, la cultura y el arte, como decías, son unas herramientas muy potentes. Nos sirven para transmitir ideas y valores, pero también para generar nuevas dinámicas y plantear perspectivas diferentes.

Es un proyecto que se idea aquí pero que se desarrolla allí. Con la situación política y social que se vive en los campamentos de población refugiada saharaui, ¿es muy complicado poder llevar a cabo este tipo de propuestas culturales?

—Ahí entra en juego la Escuela de Cine EFA Abidin Kaid Saleh, que es el pilar de este proyecto. Trabajan formando a cineastas saharauis pero también apuestan por transmitir una perspectiva propia. Eso es algo que nos gusta mucho. Al final, tú puedes ir a rodar, ir con tu equipo y conseguir que te ayude todo el mundo, pero sigues siendo alguien de fuera que va a contar una historia desde fuera. Para nosotras es muy importante ese apoyo de la escuela de cine porque nos sirve para tener esa perspectiva local, propia, saharaui. Además, no es fácil rodar allí. Y cuando llegamos, por ejemplo, nos dijeron que nos olvidásemos de nuestros ritmos y de nuestros planes de rodaje. Allí se va al día. Lo que no sale hoy, ya se hará mañana.

¿Hasta qué punto la nominación a los Goya aporta un granito de arena para poner el foco en un conflicto que se alarga y alarga?

—Esa apuesta por el arte de la que hablábamos es una vía para que una cuestión como ésta pueda abordarse de otras maneras. Eso nos permite seguir contando la misma historia pero de formas distintas, apelando así también a gente a la que, por otros caminos, no solemos llegar. Tener un corto sobre el Sahara te da pie a organizar proyecciones, charlas posteriores y hacer más acciones en paralelo. Obtener un premio como el de Zinebi te da además relevancia y eco. Y claro, la nominación a los Goya es para nosotras un altavoz importantísimo.

¿Lo que más puede costar hoy es llegar a las nuevas generaciones?

—Es uno de los problemas. Es un conflicto olvidado y a las generaciones más jóvenes no les suena de casi nada. Por eso este tipo de propuestas culturales son tan importantes.

¿Cómo vivió la nominación?

—Pues desde aquí, desde la sede de la asociación en Antonio de Sucre. Eso sí, se iba la conexión de Internet y casi me lo pierdo (risas). No lo esperaba realmente y fue mucha alegría.

Con la parte saharaui del corto, ¿hubo alguna comunicación al instante o...?

—Sí, sí, enseguida escribimos al grupo del equipo. Sobre todo, fue ilusionante escribir a las protagonistas del corto, hacerles partícipes de hasta dónde ha llegado su historia. Estamos todos muy contentos. Vamos a ver si somos capaces de aprovechar este altavoz para que se siga hablando del tema porque, al final, detrás del corto hay mucho más.

'Solo son peces' es una historia curiosa sobre una piscifactoría en medio del desierto.

—Efectivamente trata de una piscifactoría en el desierto, aunque en realidad habla de esa capacidad de superación y resiliencia que tiene el pueblo saharaui. Llevan 45 años fuera de su territorio. Les han robado el mar, porque no nos podemos olvidar que es un pueblo que no puede acceder a esos peces de los que nosotros sí nos aprovechamos. Así que no les queda más remedio que llevarse los peces a la zona más árida del desierto con una piscifactoría.

¿Cómo surgió la idea?

—Hicimos dos viajes. En el primero, fuimos las dos directoras y yo para buscar la historia. El corto tenía que estar relacionado con la gestión del agua, que es la temática que centra el marco de la propuesta, el concurso Saharaz Blai. A partir de ahí, nos contaron que había una piscifactoría y tuvimos claro que, como mínimo, había que ir a verla. Conocimos a las tres biólogas (Teslem, Dehba y Jadija) que aparecen. Dijeron que sí enseguida.

Este tipo de proyectos suponen una inversión económica que no deja de ser un coste y un esfuerzo para una asociación como ésta.

—El proyecto está enmarcado en una propuesta financiada por la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo. Eso ayuda, claro. Pero a la larga estás creando un producto cultural que cuenta una historia desde una perspectiva diferente y especial. Más allá de los Goya, el corto sirve a la asociación para seguir trabajando a través de él, para generar materiales nuevos como guías didácticas, para... Son nuevas maneras de hacer cosas y todo suma.