Javier Menéndez Flores: "El autor de novela negra no se puede permitir aburrir"

'Todos nosotros', lo último de Javier Menéndez Flores, transita entre dos épocas y refleja cómo era la vida política y cultural al final de la Transición y dos décadas más tarde. Pero no es una novela costumbrista, sino un 'thriller' que mantiene la emoción, el suspense y la violencia desde la primera a la última página.

30.10.2020 | 20:02
Menéndez Flores ha escrito novelas, pero también biografías de músicos.

Dos inspectores de policía investigan el atropello mortal de una joven que aparece completamente desnuda. La autopsia desvela que hay lesiones previas y comienza una ardua búsqueda de pruebas. Es 1981, una época en la que la política y la cultura se viven con particular intensidad. A la vez desaparecen dos chicas de la misma edad que la que tiene el cadáver encontrado. Las tres habían sido vistas por última vez en una zona de locales de copas. La intriga que plantea la novela de este escritor especialista en música (ha firmado las biografías de Joaquín Sabina, Extremoduro, Miguel Bosé, Dani Martín...) dura dos décadas y camina por las postrimerías de la Transición, con los residuos de franquismo aún vigentes, hasta llegar a una democracia supuestamente asentada. Javier Menéndez Flores no ha querido dar tregua al lector y dota por ello a la historia de todos los elementos reconocibles de los tiempos por los que discurre. El autor, un valorado periodista y biógrafo, se ha convertido en el confesor de las estrellas.

Con Todos nosotros se ha ido por la senda de la novela negra.
Bueno, es mi cuarta novela y mi tercer thriller. Lo que sí que puedo asegurar de ella es que es mi mejor novela.

¿Por qué lo cree?
Simplemente, porque como autor soy mucho más maduro que cuando escribí Desolados. Son muchos años ya dedicados a la escritura y esto es mi cima hoy por hoy. En Todos nosotros no solo he puesto oficio, también alma. He tratado de sacar adelante la historia que tenía in mente usando todas mis armas.

La novela negra fue un género que en su día estaba considerado de segunda división frente al drama. Sin embargo, cada temporada nos enfrentamos a un número elevado de thrillers.
Nunca estaré de acuerdo con calificar a la novela negra como subgénero o novela de menor rango, y no es porque yo escriba thrillers o me guste leerlos, sino porque tenemos ejemplos españoles y extranjeros de autores que podrían estar a la altura de lo que muchos consideran novela literaria. Hay una demanda lógica porque interesa a un público transversal. Además, te permite vivir una serie de experiencias que en la vida real, por fortuna, nunca o casi nunca vas a vivir. Que una historia tenga crímenes añade morbo a la realidad que vas a disfrutar leyendo.

¿Quiere decir que una novela negra va a poner color a nuestras vidas?
Ja, ja, ja€ Es una forma de verlo. Es lógico que una persona que pasa ocho horas en una oficina se quiera adentrar en una historia que tenga suspense, que tenga ritmo y, sobre todo, que no sea un mar en calma, que tenga tempestades. Quizá por eso el auge de la novela negra desde hace muchos años. Por ella apuestan los grandes grupos editoriales y los pequeños sellos. Fíjate también en las series de televisión. El género rey es la novela negra y criminal.

Es difícil imaginarnos en la vida real a seres tan malos como los que pueblan la imaginación de un escritor o que te encuentres con una mujer atropellada que esté desnuda.
Posiblemente al ciudadano normal no le ocurra, pero lo que digo es que no todo es imaginación de un escritor, hay malos malísimos y criminales desalmados en la vida real. Las noticias nos relatan que hay asesinos en serie, criminales que gozan matando, asesinos de mujeres, de niños, violadores, secuestradores€ Por desgracia, el mal y los malvados no solo están en la mente del escritor, están en nuestra sociedad, pero otra cosa es encontrarse con ellos por el camino. Afortunadamente, eso no ocurre a la mayoría.

¿Por qué disfrutamos con la maldad de ficción?
La ficción siempre nos atrapa porque nos permite vivir vidas que no son las nuestras. La novela negra, el cine o la televisión de género nos enganchan. Te pongo un ejemplo, El silencio de los corderos, que triunfó en los Oscar y nos demostró que podía codearse de igual a igual con el drama.

Novelista y biógrafo. ¿Es fácil combinar estas dos caras de la escritura? ¿Da placer contar la vida de alguien en libro?
Digamos que es combinable. ¿Placer? Me propuse hace 25 años, que fue cuando empecé, que quería vivir de la escritura. Escribí una primera biografía sobre Joaquín Sabina, Perdonen la tristeza, tuvo mucho éxito y eso propició que después llegaran otras.

Pero la libertad está más constreñida en una biografía.
Eso es evidente. Como escritor, cuando soy totalmente libre es cuando estoy escribiendo una novela, porque el responsable de toda la historia eres tú.

También hay una labor documental en la novela, ¿no?
En esta ha sido colosal y me ha llevado un año entero. Si bien todo lo que cuento es ficción, los escenarios temporales, y hay dos, tienen que estar perfectamente documentados. Todo lo que se desarrolla de fondo, los hechos políticos o culturales, son veraces. Siempre tienes que documentarte para que la gente capte el aroma de la época.

Pero en el caso de una biografía la documentación tiene que ser aún más intensa.
En el caso de un biografiado que todavía vive te tienes que medir más a la hora de escribir. Eso no quiere decir que tenga las manos atadas y que no puedas hacer bien tu trabajo. Nunca he ocultado que las biografías que he escrito eran de autores que me gustaban, aunque eso no significa que no pueda ser imparcial escribiendo.

"Sabina regala titulares constantemente"


A Joaquín Sabina le ha dedicado una trilogía.
Han sido tres libros muy distintos. El primero, el que he citado, Perdonen la tristeza, es una biografía al uso. Después viene un libro de conversaciones, Sabina en carne viva. Soy el único escritor y periodista que ha tenido la fortuna de encerrarse en un hotel con Joaquín varios días y escribir un libro de conversaciones.

Y ha salido usted vivo de esa experiencia.
Ja, ja, ja€ Es cierto. He salido no solo vivo, sino que he vivido para contarlo en negro sobre blanco. El último libro es sobre su escritura, un análisis de las letras que Joaquín ha escrito a lo largo de su vida como músico y cantante, Sabina. No amanece jamás.

¿Un hombre difícil?
A mí no me lo ha parecido. Si me preguntas cómo es Joaquín en las distancias cortas, te diré que un buen plan. Como personaje es muy atractivo, un seductor, es inteligente, culto y muy ocurrente.

Veo que no necesita que le hagan marketing.
Es la verdad. Cuando hablas con él puedes hacerlo de todos los temas. Lo bueno que tiene para un entrevistador es que no se mide.

También es cierto que se deja entrevistar poco.
También, pero yo he tenido suerte y puedo decir que el que no se mida es oro puro para un periodista. Se pone a hablar y te está regalando titulares constantemente. Hay gente que se sujeta mucho en una entrevista y está pendiente del piloto rojo de una grabadora, pero Joaquín en absoluto.

Lolita, Dani Martín, Miguel Bosé o Extremoduro, sus otras biografías. Además de Sabina, ¿le ha sorprendido alguno más que otro?
Todos me han sorprendido. Por más que conociera el trabajo de todos, hay que separar lo que es la obra del artista, de la persona con la que tú te sientas a hablar. Estamos hablando de que todos mis biografiados son personajes de una gran estatura pública. Son muy famosos y cuando se llega a un nivel alto de celebridad, las personas levantan un muro, pero cuando se han sentado a hablar conmigo se han abierto.

¿Entiende que los famosos tengan tantas reservas?
Por supuesto que lo entiendo, aunque yo he tenido el privilegio de escuchar de sus labios confidencias que no conocía y que los lectores de mis libros tampoco podían conocer.

El primero de los libros de Sabina lo ha publicado de nuevo tras revisarlo.
Hice algo que a todos los escritores les encanta hacer, coger un libro de hace muchos años, en este caso tantos como 18, y poder revisarlo. No fue oportunismo, es que casi dos décadas después en la vida de Sabina habían pasado muchas cosas. Estamos hablando de trabajos discográficos, de libros, de achaques de salud, de giras, de escenarios compartidos con otros artistas€ En la actualización que hice más de un tercio del libro era completamente inédito.

¿Y era necesario?
Sí, yo creo que sí. Había que actualizar la biografía de un artista que no solo sigue vivo, sino que ha seguido sembrando trabajos memorables.

¿Podríamos decir que sus biografías son entrevistas pero a lo grande?
La entrevista a lo grande es Sabina en carne viva.

Aunque le costará resumir cuando su escritura se plasma en un periódico.
No. Siempre he tenido muy clara mi faceta de periodista. Sé lo que tiene que hacer un periodista y lo que está buscando un lector de periódicos. Sé que hay que ir al meollo. Tengo claro que son géneros distintos y cambio el chip, no tiene nada que ver una cosa con otra. Me gusta escribir libros porque me da libertad de hacerlo en la extensión que me pide la obra. Lo que sí llevo mal es cuando te limitan con la extensión de forma muy clara: Tienes 1.200 caracteres o 3.500. Me da igual, esa limitación siempre me ha producido dolor. Tienes que medirte mucho y a veces te cortan partes que tú consideras que son vitales.

"Hay una tendencia a creer que los lectores se han vuelto gilipollas"


¿Estamos seguros de que la gente lee las entrevistas largas? ¿No cree que quiere que se vaya más a la inmediatez y cuanto más corta mejor?
Depende. Si la entrevista es interesante y el personaje cuenta cosas desde el principio, creo que la gente se engancha y lee. Hay una tendencia a creer que los lectores se han vuelto gilipollas, hablando en plata. Parece que solo mascamos pies de fotos y no leemos más. Pues no, hay de todo. Eso sí, si hablamos de los más jóvenes, hay que decir que se han criado en una cultura audiovisual y todo lo que sea texto les da pavor.

Quizá con los jóvenes estamos también generalizando y haya quien no le tiene miedo al texto.
Puede que tengas razón y creemos clichés de forma automática. Hay generaciones a las que les gusta la letra impresa y quieren leer. Puede que no les importe que una entrevista sea larga si les interesa desde el principio. Es como un libro. Si tú coges uno que te engancha desde el principio, ya no lo dejas, y aunque tenga mil páginas sigues leyendo.

¿Cree que es eso lo que ocurre con Todos nosotros?
Ese fue mi propósito, que enganchara desde las primeras frases. Lo que no se puede permitir el autor de novela negra es aburrir. ¿No te ha pasado que comienzas a leer una novela policiaca y después de 200 páginas no ha ocurrido absolutamente nada? Pues eso no puede ser. En lo que se considera novela literaria se puede permitir, pero en un thriller tú tienes que atrapar al lector desde la primera página.

Tendrá más proyectos editoriales entre las manos...
Sí, estoy escribiendo una novela y tengo el proyecto de un ensayo. La no ficción es un género que seguiré cultivando.

Hay quien lo considera un subgénero.
Y no lo es. Pienso que los subgéneros son los libros malos. 

PERSONAL
Edad: 51 años (14 de febrero de 1969).
Lugar de nacimiento: Madrid.
Inicios: Sus primeros pasos en el mundo de la escritura los dio como periodista en la Guía del Ocio de Madrid, donde era el encargado de hacer entrevistas y de la crónica nocturna de la ciudad. Durante cuatro años, 2009-2013, tuvo una columna en publicaciones como Rolling Stone, Man o Interviú. En esta última permaneció durante 15 años y entrevistó a más de 500 personalidades del mundo de la cultura y el espectáculo. 
Novelas: Desolados (2005), El adiós de los nuestros (2006), El hombre que fui (la escribió junto a Melchor Miralles y se publicó en 2017) y Todos nosotros (2020).
Biografías: Joaquín Sabina. Perdonen la tristeza (2000), Miguel Bosé. Con tu nombre de beso (2003), Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca (2006), Guapos de leyenda. Los hombres más bellos del cine (2008), Lolita. Flores y alguna espina (2009), Dani Martín. Soñar no es de locos (2011), Extremoduro. De profundis. La historia autorizada (2013), Sabina. No amanece jamás (2016) y Joaquín Sabina. Perdonen la tristeza. Edición revisada y actualizada (2018).