PARAFRASEANDO la canción que abre su último disco, Welcome to my world, el concierto estelar de la primera jornada del festival nos dará la bienvenida al particular mundo de Depeche Mode, una de las bandas de pop contemporáneo claves de las últimas décadas. A caballo entre las listas de éxito y el aura de los grupos de culto, discos arriesgados, maquinales, oscuros y sexis como su reciente Delta Machine (Sony Music) les mantienen en ese estatus cuando sus miembros han cumplido ya medio siglo.

Fueron casi 20.000 las personas que se concentraron ante el escenario principal del festival hace cuatro años para cantar y bailar sus canciones. ¡Y vaya si lo hicieron! Resulta difícil olvidar aquella velada mágica y oscura a ritmo de pop y electrónica, incluida en la gira de presentación de su por entonces último disco, Sounds of the universe, un trabajo sensiblemente inferior al editado este año. El trío tampoco lo ha olvidado, ya que ha declarado que "regresamos a Bilbao porque tuvimos un gran éxito" en el festival. "Me pasé todo un día en el Guggenheim", ha recordado su guitarrista y teclista, Martin Gore.

Poco nuevo se puede decir de Depeche Mode. Es uno de los "padres del pop electrónico", está en activo desde principios de los años 80 y ha vendido ya más de 115 millones de copias de sus discos. Su cita bilbaina será el único concierto estatal durante el 2013 incluido en la gira de presentación del que es su décimo tercer disco de estudio, el citado Delta machine, ya que han cerrado también citas en Madrid y Barcelona, pero para el 2014. El tour, que se inició el 7 de mayo en Tel Aviv (Israel) y pasará por unas 40 ciudades de varios continentes, ha vuelto a reconciliar al trío, ya libre de dependencias químicas y alcohólicas. "En la gira anterior fue realmente bueno estar sobre el escenario, sentir al público, disfrutar de los días libres y no solamente estar en la cama con resaca", según Gore. "Nuestra fuerza viene de nuestra música, de nuestras actuaciones y de nuestros seguidores. Es maravilloso poder continuar haciendo lo que más nos gusta tras llevar en ello más de la mitad de nuestras vidas", según su vocalista, David Gahan.

EN PLENA FORMA

Gahan considera Delta Machine, su último disco, un cruce "entre Violator y Songs of faith and devotion", dos de sus discos clave. Precisamente el segundo contó con la producción de Flood, técnico reputado al que han vuelto a llamar dos décadas después para encargarse de las mezclas. Él y Ben Hillier son los responsables principales del sonido contemporáneo, maquinal y, al mismo tiempo, emocionante de un disco que nos ha devuelto al trío en un magnífico estado de forma y con su mejor disco desde Ultra.

Puede que falten hits -Soft touch/raw nerve y Soothe my soul optan a ello- pero el CD suena arriesgado y sorprendente, algo difícil tres décadas después. Apuestan por la electrónica opresiva, con un sonido espectacular repleto de recovecos, sintetizadores afilados y piezas maquinales como Angel; blues sexuales como Slow; algo de electrónica a lo Kraftwerk; y temas más melódicos como Should be higher. Suena actuales, como si por ellos no pasaran los años.