Bilbao. Es uno de los compositores vascos con mayor proyección internacional y su obra es interpretada por los conjuntos e intérpretes mas prestigiosos. Y, sin embargo, Félix Ibarrondo (Oñati, 1943) encarna a la perfección al músico que compone en la soledad de su casa y lejos del ruido de la vida social. Hoy, el ciclo de Conciertos de Música Contemporánea Fundación BBVA Bilbao, que coordina Gabriel Erkoreka, ofrecerá un concierto-homenaje a partir de las 20 horas en torno a su figura, en el año en que se celebra su 70 aniversario. Retrato de Felix Ibarrondo correrá a cargo de Krater Ensemble, con la participación de la soprano Donatienne Michel-Dansac. En él se interpretarán la obras Iruki, Silencios ondulados y Ekain, del propio Ibarrondo, junto al estreno absoluto de Círculos en horizonte, de Xabier E. Adrien, y La nuit en tête de Aperghis y Spur, de Beat furrer.

Félix Ibarrondo siempre ha evitado la explicación de sus obras y defiende que su música debe experimentarse como una vivencia. Por eso no se podía haber elegido un título más adecuado para este concierto. "Cuando compongo soy tan yo que la música no puede menos que ser el retrato más fiel", confiesa este compositor, que cuenta con premios como el Arpa de Plata, el Oscar Esplá o el máximo galardón de la Academia de las Artes Escénicas de Francia, Lili Boulanger, que dejan claro su altísimo nivel.

sonidos vividos El maestro Ibarrondo recuerda que empezó solfeo a los tres años y desde entonces, "la música me ha acompañado toda mi vida". El compositor vasco nació en una familia con una inclinación compartida hacia la fe religiosa y la música. Su padre, Antonino Ibarrondo, dirigía la Banda de Oñati, luego condujo la de Sestao y, finalmente, fue titular de la Banda Municipal de Bilbao. Félix Ibarrondo estudió con su padre y con Juan Cordero, perfeccionando los estudios compositivos en París, donde reside ya ordenado sacerdote desde los años setenta, y donde tuvo la oportunidad de ser discípulo de Max Deutsch, Henri Dutilleaux y Maurice Ohana. "Si no hubiera vivido allí, no podría haber hecho lo que he hecho. En París, he contado con profesores excepcionales y se me ha reconocido", confiesa el compositor.

Siempre ha dicho que entiende la música como una forma de vivir y que el piano juega un papel importante, por no decir esencial, en su música. "Es como una prolongación física de mi ser. Cuando toco el piano es tan natural como respirar".

Ibarrondo sostiene que "la música no es nada más, y nada menos, que sonido vivido". Así, durante este concierto se interpretarán tres de sus composiciones de diferentes etapas de su vida. "Silencios ondulados la compuse a poco de llegar a París, en 1977. Es una obra para piano, sencilla y transparente, una especie de nocturno que se desarrolla en su primera parte entre figuras y arabescos, en torno a un sonido eje que desaparecerá luego, sumergido en el flujo sonoro". Ekain está escrita para soprano y cinco instrumentos, de 1985. En sus propias palabras, "los instrumentos comentan, acompañan, prolongan un canto de onomatopeyas, áspero y amargo, cercano a veces al cante jondo, más grito que melodía". Por último, su obra Iruki de 1988, para violín, viola y violonchelo, supuso uno de los retos creativos más difíciles de su carrera, esfuerzo que dio como resultado una pieza que fluye con naturalidad y facilidad y se inserta plenamente en el paradigma sonoro de Ibarrondo.

¿Música con raíces vascas? "Cuando compongo no pienso en las raíces vascas ni en ningún país porque la música es más que todo eso. Pero, la composición tiene la raíz de la persona que la hace, intento ser lo que yo soy. Así que creo que mi temperamento musical coincide bastante bien con este país". En menos de un año, el maestro estrenará seis nuevas composiciones. "Desde junio del año pasado, tengo seis estrenos. Entre ellos, Izarbil, para cuarteto de saxofones y orquesta, en marzo con la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Acabo de estrenar otra obra para música de cámara en Marsella, la Orquesta de Radio y Televisión tiene el proyecto de grabar toda mi obra sinfónica...", explica Ibarrondo, satisfecho de que siga interesando su música, "a pesar de que vivimos en una sociedad en la que no se presta demasiado atención al arte, una sociedad de masas, que está un poco despistada, como si fuera un caballo desbocado, que no sabe a dónde va".