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Anselm Kiefer, en el Museo

Anselm Kiefer, en el Museo

la posibilidad de comparar la pintura de Antonio López y el arte de Anselm Kiefer es un lujo. La circunstancia les ha reunido, formando parte de las novedades expositivas del museo. Los cuadros están próximos en el espacio, pero se encuentran muy alejados en los planteamientos creativos. Frente a la evidencia de la representación en el manchego, la creatividad lingüística en la búsqueda de estrategia para plasmar el camino por lo ignoto y lo oculto en el alemán.

Nacido en 1945, el autor de Donaueschingen desarrolla un reflexivo trabajo que vincula al enigma del proceso de conocimiento. Situándose en el contexto del neoexpresionismo que surge en la década de los setenta, el arte es pregunta y un difícil camino de asimilación. Basada en la sabiduría del mundo, la herramienta del espíritu cuyo aliento se manifiesta en el presente a través del deterioro humano y la corrosión temporal.

La pintura está fechada en 2002 y se titula Sefer Hechaloth (Siete palacios). Una denominación que hace alusión al misticismo judío y plantea el recorrido de acceso al juicio final. Presidido en lo alto por la palabra Mercaba (carroza), sugiere la idea de ir apoyado en el viaje espiritual. Se plasma la representación de una gran escalera que cruza en zigzag la totalidad de una superficie hosca y texturada. La pintura de una geométrica estructura monumental sobre la que hay siete escalones reales que sobresalen en vertical y conducen al espectador desde la zona más próxima al suelo hasta la cota superior. Sobre los peldaños se distribuyen libros deteriorados y manuscritos quemados que manifiestan no solamente la dificultad, como cuanto el destrozo histórico que alude al exterminio nazi. Un camino que evidencia la importancia del aprendizaje y también la visión del fuego y las cenizas que conducen al ser a una preparación redentora de superación.

Es una obra madura en la que se estimula no tanto la visualización complaciente como el desvelamiento de un problema. Nada de la percepción simple de lo que se denota rápidamente, sino la estimulante connotación de lo por aprender y la posibilidad de ir siguiendo paso a paso. El soporte es un plano de contención para una materia oscura y herida que se distribuye por toda la superficie. Habitado por el paso del tiempo, un muro en el que se apoya no sólo el óleo, la emulsión o el acrílico pictóricos sino también el metal, el papel y el plomo sobre el lienzo.

Formando parte del ciclo de La obra invitada, el cuadro de Anselm Kiefer procede del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Se presenta en el primer piso del Museo de Bellas Artes de Bilbao hasta el 8 de enero de 2012. Una ocasión excepcional.