AÚN algo a rebufo en el Estado español, con respecto a Londres, París, Nueva York o Amsterdam, por ejemplo, la figura del comisario de arte o curador viene emergiendo de la sombra en la que permaneció durante largas décadas, e incluso históricamente, pues no cabe duda de que, de algún modo, el trabajo que actualmente realizan nuestros comisarios tenía lugar en el siglo XIX o en la Florencia de los Medicis. Una labor aparentemente intangible, pero que tiene mucho de gestión, de coordinación, de empaparse de arte y de conocimientos, de comunicación con el artista y de servir de puente con el público; en definitiva, el objetivo último del arte...
No en todas las exposiciones hay comisarios -muchos artistas se arreglan directamente con los galeristas-, y en opinión de algunas voces disidentes el papel del curador sería prescindible. "No deja de ser un intermediario más (están los críticos, el director de sala, el artista, etc.), y otro gasto más", apunta el profesor de la UPV/EHU y crítico de Arte Xabier Sáenz de Gorbea. Según el escritor y crítico de arte soriano Santos Amestoy, "he hecho muchas exposiciones, pero no se me ocurriría poner en mi tarjeta de visita comisario de exposiciones". Por contra, la ex directora de ARCO, Rosina Gómez Baeza, reivindica su labor en declaraciones hechas al Diario de Córdoba: "El comisario es aquella persona que se ocupa de establecer una relación entre la creación artística y las audiencias, es decir, crear un vínculo entre el artista y la sociedad".
"Si no hay un comisario, alguien tendrá que hacer ese trabajo, ya sea el artista, el galerista...", señala a DEIA el director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Javier Viar. Viar lleva años comisariando diversas exposiciones, y en la pinacoteca centenaria se ha encargado de comandar cuatro (la última, la de Taurus, del mito al ritual, el pasado verano). ¿Y no es difícil ejercer de comisario a la vez que de director? "La desventaja es que, sobre todo en horas punta, interfiere en la dirección, pero tiene la ventaja de que dispones del apoyo del Departamento de Colecciones, el de Exposiciones, la Biblioteca, etc. Y que buscas que la muestra sintonice con el centro", explica Viar, quien no siempre figura en los catálogos como comisario, "porque -argumenta- ya soy director".
El audaz curador Eduardo Hurtado, Premio Caja Madrid para Comisarios Jóvenes 2010 y miembro del Espacio Abisal de Bilbao, es taxativo ante las críticas a esta profesión: "No percibo que haya una controversia, y si la hay, es local", comenta. Con 25 años de edad, Beca Montehermoso en 2009 y miembro de la novedosa Plataforma Curatorial, Eduardo coincide con la ex directora de ARCO en que el comisario resulta "una figura fundamental y necesaria como mediador, entre el productor, el espacio expositivo y el público. De ahí su complejidad y su necesidad", entiende.
Tanto Edu como Tania Pardo, cofundadora de la Plataforma Curatorial y con una larga trayectoria como comisaria en el Estado (sólo para el Musac lo ha sido durante siete años), observan que la definición de esta profesión es "compleja", y para Tania se trataría de un oficio "arriesgado". Ella es una muestra viviente de ello ya que, tras trabajar para instituciones de relieve, está volando sola en este momento, mientras gesta su primer hijo.
Tania, con todo, intenta definir su profesión: "Es la persona que está detrás de un proyecto, que lo firma, que lo justifica, que se relaciona con el artista... Incluso un puente entre el público y el autor". La comisaria madrileña, de 35 años, destaca toda la parte de gestión y "de oficina" que conlleva la labor curatorial, a la vez que la conceptual, la de "idear una exposición, redactar un proyecto. Es un trabajo muy transversal, en el que se implican muchos agentes. En un museo, todos los departamentos".
Tania y Eduardo subrayan la importancia de que un comisario vea muchas exposiciones, que viaje y se recicle y esté atento a lo que pasa. "El aspecto de la investigación está presente todo el tiempo, y hay que gestar el proyecto", explica Eduardo. Para ello, considera, "hay que bucear, moverte, tener los ojos abiertos. Yo no entiendo a los artistas sin reflexión, y un comisario debe reflexionar, tener conocimientos de filosofía y de historia, etc.". Además, inciden todos, esta profesión tiene mucho de independiente, de persona con iniciativas. En suma, con espíritu freelance.
formación pendiente La formación del comisario no está todavía muy reglada en el Estado -en Euskadi solo ha habido algún curso puntual en el Instituto de Estudios de Ocio de Deusto-, mientras en otras ciudades europeas y norteamericanas, como las citadas al principio, se ha pasado de la práctica a la teoría. Según Edu Hurtado, Barcelona es la ciudad donde "más asentada está la figura del comisario", mientras en Madrid se hallarían "las grandes ferias de arte y las grandes exposiciones, pero aún periferia de Nueva York, Tokio o Londres", opina.
El Instituto Superior de Arte de Madrid y la Universidad de Catalunya ofrecen másters sobre esta disciplina, pero todavía no la contemplan en calidad de estudios autónomos, como el ISCP neoyorquino, el Goldsmiths College de Londres o el Appel Curational Programme de Amsterdam.
Testigo de estos abismos formativos es la guipuzcoana Haizea Barcenilla, de 30 años, historiadora del arte multidisciplinar y políglota que estudió comisariado en Goldsmiths y pasó ocho meses becada en el Louvre parisino, aprendiendo con el principal comisario del museo galo. "En esos países la parte teórica, los planteamientos teóricos, son importantes. Aquí se actúa más intuitivamente; es algo bastante nuevo, no ha habido estudios en torno a eso, no tiene tanta visibilidad", indica Haizea.
Lo cierto es que, aunque lo habitual es que un comisario tenga una formación de Bellas Artes o de Historia del Arte, los hay que son periodistas, escritores o hasta economistas. El artista y crítico de arte bilbaino Txema Agiriano lleva bastantes años comisariando diferentes exposiciones, y desde hace diez dirige el Festival de Arte Experimental-MEM, con mil cabos por atar y superando la crisis económica y los recortes de presupuestos. Txema es un ejemplo del comisario que se hace a sí mismo: "Estaba interesado en la experimentación y las tecnologías en el arte, y había tenido mis propias exposiciones, así que a partir de la experiencia, y en colaboración con otras personas, empecé a organizar alguna exposición". Actualmente, instituciones y artistas confían en su buen hacer, demostrado en exposiciones como BLV-Polo Artístico o el largo y complejo festival MEM. En estas fechas nueve artistas vascos están exponiendo en Gijón, comisariados por Txema.
Edu Hurtado, que se encuentra sumergido en varios proyectos, califica a Haizea Barcenilla como "de las personas más formadas aquí". Sin duda, existe una corriente joven de comisarios que viene pegando fuerte (Aimar Arriola, Bea Arráez, Leire Vergara) y con buena formación. Así, Haizea pudo realizar en Londres y en París "un estudio histórico sobre qué significa una exposición" o aprender cómo se va perfilando cuándo apareció la figura del curador: "En los años 60 era una mezcla de crítico, conservador de arte y galerista. El suizo Harald Szeemann fue el primer comisario independiente", narra. En el Estado empezó a despuntar en los 80. En Francia, apunta, esta profesión sería "más complicada porque la mayoría de los centros de arte son institucionales".
Tanto Edu como Haizea o Tania coinciden en que "es fundamental ver los ambientes de otros lugares, el tipo de arte que hacen". Además, destacan, es preciso ver muchas exposiciones, conocer a creadores y sus diferentes expresiones artísticas -en vivo o virtualmente-, para poder "generar redes de trabajo", apuntan.
colectivas, individuales... La artista Ester Gómez, colaboradora del escultor Jesús Lizaso, cree que la necesidad del curador se hace "más evidente en las exposiciones colectivas, pues la idea de la muestra suele partir de un nexo común, el concepto que gobierna el proyecto expositivo". Ester piensa que esta figura "antes en la sombra" ahora "se está descubriendo al gran público, y no sólo a los especialistas. Supongo que, con el tiempo, aparecerá como especialidad en las Facultades de Bellas Artes", comenta.
Edu Hurtado apostilla que "a menudo el mismo artista se organiza con la galería, pero la presencia del comisario también está creciendo en las individuales". En el caso de la reciente muestra de Jesús Mari Lazkano en el Bellas Artes bilbaino, De la arquitectura a la naturaleza, él mismo se encargó de comisariarla, elegir los espacios, revisar el montaje, etc., según relata Javier Viar. "Lazkano fue su comisario, y otras veces el artista delega en el curador. En el Museo ofrecemos absoluta libertad a los comisarios en el montaje, pero si lo requieren les ayudamos (cuentan con un coordinador interno). El comisario está muy presente, pero es importante que haya un equilibrio entre sus decisiones y la estética del Museo", explica.
Al igual que Agiriano, Hurtado comenzó en esto al estar en una posición de gestión en Abisal. Ahora, sus premios serían "una oportunidad y un aprendizaje". Estos jóvenes curadores inciden en que su profesión "va avanzando y redefiniéndose. Sobre todo aquí es muy inestable", pero "me hace muy feliz mi trabajo. No es un empleo al uso, de ocho horas; si no te gustara, sería muy duro, pues inviertes mucha energía", describe Hurtado, quien apuesta por "quedarme en España a trabajar. No es tan importante ir fuera a conocer metodologías como intercambiar esa visiones con colegas".