En Onda sobresale su castillo, centinela de la Sierra de Espadán y vigía del Mediterráneo. En el territorio que domina la fortaleza alzó su estandarte Michael Matthews, que conocía cada palmo de la ruta hacia la victoria en la Clásica de Castellón-Ruta la Cerámica.

Victorioso en la primera edición, la de 2024, Bling-bling Matthews abrillantó su palmarés con otro triunfo en un agónico final en el callejero de Onda. El aussie, el más resistente en una cuesta anegada por el lactato, por el sabor a sangre en el paladar, se encaramó a lo más alto.

Tuvo que remontar Matthews, exigido, a Jon Barrenetxea, que trató de hacer palanca a través de la anticipación. Dar el primer paso era la única opción. Trató de sorprender Barrenetxea.

El vizcaino encabezó el desenlace, una llegada altiva, de frente alta y cuellos almidonados, hasta que brotó Matthews, un ciclista excelso, cuatro veces vencedor de etapa en el Tour, tres en el Giro y tres en la Vuelta.

Pau Miquel y Lukas Kubis también sobrepasaron a Barrenetxea, que tuvo que ceder. Xabier Berasategi se personó en quinta posición y Gotzon Martín fue décimo en una carrera excelente para los intereses del Euskaltel-Euskadi, que parece vengarse del aciago pasado curso. Su inicio es vibrante. En la clásica castellonense fue el mejor equipo.

Berasategi firmó una excelente quinta plaza. Fundación Euskadi / Sprint Cycling

Por delante, en el frente de los mejores, donde solo hay puesto para uno, el australiano condecoró con una sonrisa la apuesta de su equipo, el Jayco, que estableció cartografía para el éxito de Matthews.

Inaugurada la campaña europea de ciclismo el viernes en Camp de Morvedre, donde Cristian Scaroni demostró la ambición del las formaciones del WorldTour, el podio lo colonizaron los equipos poderosos, con Pescador segundo y Tiberi, tercero, el foco se giró hacia Castellón para la segunda clásica del tríptico del fin de semana levantino.

El Euskatel-Euskadi fue premiado como el mejor equipo de la clásica. Fundación Euskadi / Sprint Cycling

Mikel Bizkarra, en la fuga

La víspera, Jon Agirre, escalador del Euskaltel-Euskadi, se presentó con una notable actuación. En la Ruta de la Cerámica, en el segundo episodio de las clásicas de enero, Mikel Bizkarra dio continuidad al rastro naranja.

El vizcaino se acentuó en la fuga que presidió la carreras hasta que los pudientes, hijos del capitalismo imperante en el ciclismo, cada vez más estratificado en castas debido a las grietas que provoca el dinero, pusieron en marcha la lijadora.

El Jayco atosigó a la fuga por un terreno incómodo, de altos y bajos, con saña, que capituló después de un ejercicio de entereza, rebeldía y dignidad.

Ocurre que en el ciclismo del Big data y la velocidad supersónica no alcanza con el orgullo, el entusiasmo y la ambición. Es un asunto matemático que no requiere de ordenadores cuánticos.

Ataque de Morgado

Al encuentro del Collado de Ayódar, el reclamo a modo de punto de inflexión, a la fuga le restaban los estertores. Se propulsó el UAE, con ese ritmo atómico que acompaña a la escuadra, siempre incandescente, y desarticuló la promesa de un mundo mejor.

Soler arengó el compás en medio de una lengua de asfalto festoneada por pinos y foresta. Morgado, embravecido, vencedor un cuso anterior, descerrajó su potencia y arrastró a Ulissi, Héctor Álvarez y Thomas Silva antes de que la subida mutara en descenso. Álvarez, mordido por los calambres, tuvo que dimitir.

El resto tampoco pudo resistir el ímpetu del apresurado pelotón, sedientas las fauces de presas, al asalto de Onda, a su conquista. Allí irrumpió majestuoso el experimento Matthews, que tiró de memoria, de recuerdos. Se sabía el camino a la gloria.