Durango. ¿Hasta qué punto le ha perjudicado verse salpicado por la operación Puerto?

Ahora, realmente, no me siento perjudicado. Tras siete años aprendes a minimizar los efectos de esta noticia. En 2006, cuando saltó, sí que fue un momento duro, sobre todo porque yo creía que me quedaban dos años por lo menos en el ciclismo. Quería dejar el ciclismo de una manera muy diferente a como lo dejé. Los dos primeros años fueron duros. No quería saber nada del ciclismo. A día de hoy sonrío. La gente no se ha puesto a pensar que quizás, entre todos a los que ha salpicado, ha habido personas a las que no les tocaba. Sé que ha sido así y lo tengo asumido.

Cuando escucha a Manzano, Jarscke o Hamilton, ¿reconoce el ciclismo que usted vivió?

Está claro que, con lo que estamos oyendo, era un ciclismo diferente al que hay ahora. Lo que hay que empezar a hacer es pensar qué es lo que pasó en el ciclismo y aprender. Lo que no podemos hacer es olvidar. La gente lo que no quiere es hablar de ese pasado y hacer como si no existiera. En el momento en que estás pensando que no ha habido un pasado, te estás engañando a ti mismo.

¿Qué le ha convencido del proyecto de Cafés Baqué?

He estado tres años en el Koplad y creo que es un paso adelante. Baqué lleva 35 años patrocinando una estructura deportiva ciclista y se cumplen también 25 años de que yo entrase en Baqué. Creo que es una fecha bonita. Que yo vuelva a Baqué, con todo lo que me enseñaron hace 25 años y con lo que sé ahora, creo que el proyecto es bonito. Además, Campos ha visto que estamos haciendo las cosas bien y se ha introducido en el proyecto. Se han cruzado diferentes formas de ver las infraestructuras ciclistas y queremos honrar eso.

¿Cómo son los mimbres con los que se ha encontrado?

Puedo decir que cuando me metí en esta historia en septiembre, llamé a diez corredores y ninguno me dijo que no. Lo cual quiere decir que tengo el equipo que quiero. Probablemente no seamos el equipo a batir, eso es evidente, porque están ahí Caja Rural o Lizarte, pero creo que sí podemos estar en la lucha por las victorias. Tener miedo a decir victoria es un error. Si tú no estás pensando que puedes ganar, en la situación que se puede dar en la carrera en la que puedes estar para ganar, ya vas con un handicap. Lo que quiero es que ellos crean que se puede. Luego, que se consiga o no, ya es otra cosa. En el momento que tú estás pensando que se puede ganar, ya tienes algo ganado.

¿Tiene algún objetivo concreto?

Al principio, sobre todo, tenemos el objetivo de la Vuelta al Bidasoa y luego la Vuelta a Palencia, porque es una carrera que se asemeja mucho a mundo profesional y me gustaría que los corredores la conociesen. Luego el objetivo es que el equipo esté luchando por las victorias. Sé que a nadie le gusta hablar como lo estoy haciendo yo, pero tenemos un equipo competitivo.

¿Cuáles son los nombres propios a seguir en su equipo?

Si se observa nuestro equipo, todo el mundo se fija en Mario González. Es un corredor que lleva una buena progresión. En su primer año de amateur fue campeón de España, ha estado haciendo pruebas con el Quick Step. Es un corredor muy seguido y es una de las promesas del ciclismo español. Quiero que dé un paso más. Luego está Iñigo Ojeda, que creo que le falta un pasito más, también está Antonio Angulo, en el que tengo mucha confianza, es un corredor que me gusta mucho.

¿Cómo ha sido la experiencia de verse al otro lado del ciclismo?

Tengo que agradecer a Sopelana la oportunidad que me dio hace tres años. En esta historia estoy para aprender y para enseñar lo que sé. Me he movido en el mundo profesional individualmente, con objetivos individuales. Lo que quería cuando empezamos era aprender a llevar un grupo, a llevar diferentes personalidades dentro del grupo, a saber cómo tratar a uno y cómo al otro. Hay algunos a los que tienes que apretarles más y a otros a los que hay que soltarles. Eso es lo que me enseñó estar en Koplad. Ahora lo que quiero es dar un paso más e intentar luchar por las victorias y enseñar lo que yo sé en esas situaciones.

¿Por qué quiso volver al ciclismo?

Al final yo he sido un privilegiado de la vida. Cuando empiezas con quince años en un deporte que te gusta, es un gusto inocente. Haces una cosa porque te gusta ser ciclista. Y luego he sido un privilegiado porque he podido vivir de ese deporte. Evidentemente, no me gustó cómo salí, no me siento orgulloso de cómo salí del ciclismo. Por eso no quería saber nada del ciclismo durante dos años. No me parecía justo que yo tuviese que salir así después de tantos años como profesional. Hubo dos años en los que me federé a fútbol. Pero al final, no te puedes negar que, por mucho que te hayan hecho daño ciertas circunstancias del ciclismo, al final sale lo que hace 25 años estaba: que te gusta el ciclismo. Quería dar mi forma de ver el ciclismo, como me enseñó Manolo Saiz, como me enseñó Sabino A0ngoitia.

¿Por qué está en el ciclismo amateur y no en el profesional?

Quería dar pasos poco a poco. No voy a negar que, si hubiese tenido la oportunidad de estar en un equipo profesional, hubiese estado. Pero creo que va a ser mejor empezar desde abajo. He hecho tres años en un equipo humilde y ahora doy un paso más. Hace dos años surgió la posibilidad de estar en un equipo profesional, pero finalmente no se dio. Viendo cómo está la situación, es muy complicado pasar a un equipo profesional. Y con lo que arrastramos nosotros de hace siete años, todavía más. Por eso quiero que se cierre aquello para que se hable de David Etxebarria solo como director.

¿Hay algo en el ciclismo aficionado que se haya perdido en el ciclismo profesional?

En profesionales la presión es muy grande y los amateur no se dan cuenta de ello. Quiero hacerles ver que tienen que empezar a vivir con esa presión. Sí que percibes que es más natural el amor por el ciclismo.

¿Qué le supone a usted volver al Cafés Baqué?

Sobre todo que soy más viejo. Hace 25 años yo tenía la ilusión que tienen ellos por ser profesionales. Vuelvo aquí 25 años después y les digo a los corredores que, cuando yo estuve aquí, ninguno de ellos había nacido y que yo tenía las mismas ilusiones que ellos. Pensaba que era tan difícil como lo están pensando ellos ahora. Pero 25 años después, les puedo decir que, si hacen las cosas bien, si se tiene calidad, se puede conseguir mirar atrás y decir que has tenido doce años de profesional, que has sido un corredor de Baqué y que has vivido de lo que amabas. Eso ilusiona.

En 25 años el Cafés Baqué habrá cambiado mucho.

No tiene nada que ver. Entonces éramos 30 corredores. Era una época económicamente boyante y ahora hay una crisis instaurada. Se han reducido los equipos, pero también es verdad que estamos semiprofesionalizados. Hay un entrenador con una licenciatura de preparación física, hay un biomecánico, hay gente que les lleva la nutrición…

Si llega a tener usted todo eso, cualquiera le para.

¡Por eso lo digo! Cuando nosotros empezamos solo había dos directores, un mecánico y un masajista en las vueltas. Ahora tienen un masajista todo el año. Ha evolucionado todo tanto, que no tiene nada que ver.

¿Qué compañeros suyos en el Baqué llegaron también a ser profesionales?

Muchos. Unai Etxebarria, Pedro Horrillo, Igor Astarloa, Aitor Bugallo, Ibon Ajuria… Iban Mayo también, pero con él no coincidí. De aquella remesa, en tres o cuatro años, salieron muchos corredores y de calidad. Unai Etxebarria estuvo diez años en profesionales. Un corredor que está más de seis años en profesionales es que ya tiene una calidad extrema.

¿Qué carrera le dejó mayor recuerdo con el maillot del Baqué?

Una carrera en Astigarraga en cuya salida ya no tenía buenas sensaciones. No iba bien, no sé ni si tenía ganas de correr. Se hizo una fuga, se puso el equipo a tirar y yo no entendía nada. ¿Para qué están tirando si me he quedado en el puerto anterior? Bajé al coche y le dije a Sabino que iba mal y que dejasen de tirar. ¡La bronca que me cayó en ese coche en plena carrera! En treinta segundos me dijo que me reventaba la cabeza, que me pasaba por encima con el coche. Volví al pelotón y les dije que les quería parar pero que había que seguir tirando. Pues bien, conseguí ganar la carrera. Con la alegría por el triunfo también pasé mucha vergüenza cuando le tuve que decir al director que tenía razón. Es lo que quiero que sientan ahora mis corredores porque desde el coche se ve todo muy diferente.