Geelong (Australia). Alfredo Binda, Eddy Merckx, Rik Van Steenbergen… y Óscar Freire. Desde que en 2004 el cántabro sumara su tercer título en Verona, las lesiones y los errores tácticos le han apartado del nuevo arco iris con el que lograría el desempate a tres con italiano y belgas y la entrada definitiva a los altares de la historia del ciclismo. "Yo, al menos, tengo la oportunidad de lograrlo", dice el cántabro. Es su prueba, la clásica más importante del calendario, la carrera "en la que más me centro". El mismo Paolo Bettini, con el que coincidió en el Mapei y actualmente seleccionador de equipo italiano se acuerda del ciclista de Torrelavega, y avisa de que el circuito "parece a medida de alguien como Freire". Los ciclistas le conocen y nadie se fía de ese tipo que acostumbra a dar la sorpresa cuando nadie lo espera, cuando parece olvidado. "Los que corren en bici no son tontos. Saben mucho. No me tienen que descartar". Lo comprobaron en la pasada Milan-San Remo.

No hay duda de que Freire mantiene un perfecto idilio con la prueba mundialista desde que en 1999 saliera del anonimato y se adjudicara el maillot arco iris. Tenía sólo 23 años. "Entonces corría sin presión", recuerda; "ahora es distinto porque sé que puedo ganar y eso hace que me presione a mí mismo". Es difícil creer lo que cuenta viéndole pasear, desgarbado, el aire de despreocupación, por el hotel Four Points Sheraton de Geelong. "Él es así", concede Juanma Garate, su confesor.

el circuito "La procesión va por dentro", explica el propio Freire concentrado en culminar su gran obra. No se le escapa un detalle. Ha visto el circuito una y otra vez y ha examinado su dureza siguiendo por la tele la carrera de los sub"23. "El circuito es duro, como se ha venido diciendo últimamente, pero no lo suficiente como para que, si dos selecciones quieren, se pueda evitar el sprint. Creo que es una carrera que se puede controlar", analiza el tricampeón del mundo, que asegura no echar de menos mayor dureza en el recorrido de cara a seleccionar más una hipotética llegada masiva. Más que el circuito urbano de Geelong, preocupa a Freire la travesía de 87 kilómetros desde Melbourne, "prácticamente llano, difícil de controlar por el viento de costado. Una vez dentro del circuito será más sencillo controlar la carrera, aunque habrá terreno de sobra para atacar".

SAmuel en la recámara Llega Freire a Geelong con el beneplácito de la duda, más aún teniendo en cuenta que no es un ciclista que necesite de muchos días de competición para ponerse en forma. Sin embargo, sus prestaciones tanto en el Tour como en la Vuelta han dejado mucho que desear. "Estoy mucho mejor que en la Vuelta. Pero de estar al 95% o al 90% de forma hay una diferencia enorme. En ese margen caben 10, 20 o 30 ciclistas", admite, Freire, líder único de la selección de José Luis de Santos. "Asumiremos el peso, seguro, tal y como lo ha hecho estos años, porque siempre que se ha hecho así ha salido bien", dice el cántabro, que habla de los rivales y menciona a Phillipe Gilbert -"en la Vuelta se le vio muy bien"-, a los italianos, en especial a Pozzatto, a Hushovd, Cancellara, a Evans, a Kolobnev, a Allan Davis o a Peter Sagan, joven y prometedor.

Tampoco olvida a Samuel, el ciclista de Euskaltel-Euskadi que, según De Santos, estará ahí por si Freire falla, algo no ocurre habitualmente.