Velits, en la frontera de un sueño
El eslovaco, campeón del mundo sub"23 en 2007, logra su primera gran victoria y se coloca tercero
peñafiel
Ala cima de Lagos de Covadonga llega Velits, tercero a 1:43 de Carlos Barredo, y apenas un minuto después, entre la niebla, vuelve a llegar Velits. No es un deja vu. Son Martin y Peter -este último sorprendente vencedor de la crono de ayer, lo que le coloca en el podio provisional de la Vuelta, lejos de Nibali, a 1:59, pero con margen sobre Frank Schleck, al que le saca 1:44-, dos gotas de agua, gemelos, la proyección de Vlatislav, el padre ciclista encerrado entre las cuatro paredes del comunismo.
El telón de acero lo derribó en Checoslovaquia la pacífica Revolución de Terciopelo que siguió a la brutal carga policial contra los estudiantes en Praga, en 1989. Era tarde ya para Vlatislav, ciclista frustrado que nunca tuvo la oportunidad de cruzar la frontera y acercarse al ciclismo occidental de los 70, Merckx, Ocaña y la leyenda. Se tuvo que conformar con abrir una tienda de bicicletas en la industrial Puchov, perdida en la inmensidad de los Cárpatos. Desde la ventana del taller vio independizarse a Eslovaquia. Allí nacieron los gemelos.
Entre herramientas, trozos de cadena, cables, radios y tubulares. Rebozados en grasa. "Mamamos el ciclismo desde niños", dice Peter. Les acunaron su padre y su tío Tibor, que también había querido ser ciclista, les llevaba a entrenar y les guiaba en las carreras desde cadetes hasta aficionados. "Mi hermano y yo somos ciclistas porque en mi familia había mucha tradición. Sólo así se entiende que lo seamos, porque el ciclismo no es un deporte muy conocido en mi país, donde prima el fútbol y el hockey sobre hielo". Barrido el muro, abierta la frontera, llega el siglo XXI, cualquier sueño es posible, emigrar era el porvenir de los Velits. Ser gemelos les abrió la puerta.
Porque a Barry Austin, director del Konica Minolta sudafricano le maravilló el tal Velits, el apellido que cantaba una y otra vez Radio Vuelta durante una carrera de aficionados en Eslovaquia. El chaval estaba en todas las fugas, en todos los cortes. Barry pensó que aquel chico era un portento, un diamante que se tenía que llevar a su equipo. Cuando preguntó por él se encontró con que Velits era dos personas. Peter y Martin. Gemelos. Eso lo explicaba todo. Le dio igual. Se había encariñado con los chicos. En especial, de Peter, que ganó el Giro del Capo y una etapa de la Vuelta a Navarra antes de proclamarse campeón del mundo sub"23 en Stuttgart 2007 -el mayor éxito de un ciclista eslovaco, que sólo había conocido la plata en aficionados de Milan Dvorscik en el Mundial de Sicilia en 1994- que preparó con su hermano en el muro del Cauberg, santuario holandés, a las órdenes de Thomas Schedewie, preparador entonces de Andreas Klöden.
"algo especial" El Mundial, además de prestigio, le dio la oportunidad de elegir destino y exigir que le acompañara su hermano. Ficharon por el Milram. Y a finales de 2009, por el Columbia-HTC de Cavendish. Inseparables. Gemelos. "Serlo es algo especial. Por ejemplo, yendo en el pelotón yo sé perfectamente las sensaciones que tiene, si va bien, si está pasando apuros? Y antes de las carreras siempre tenemos un objetivo: que el primero en la clasificación sea un Velits".
Lo alcanzaron ayer en Peñafiel después de que Martin rozara el triunfo en los Lagos, donde fue tercero. "Ha sido una sensación increíble y una gran sorpresa porque era una contrarreloj llana", explicó ayer Peter, que sólo ha tenido un día malo en la Vuelta -en la etapa reina, la que ganó Mikel Nieve, cuando sufrió de tal manera en Cotobello que se dejó muchas de sus aspiraciones al podio-. Que reconoció que la referencia de Danielson, un buen especialista que había salido justo delante, fue determinante para ganar. Que mira su situación en la general, tercero con 1:44 de diferencia sobre Frank Schleck, que es cuarto, y no dice ni si es mucho, poco o suficiente, sino que queda un día duro, y que lo dará todo en la Bola del Mundo, la última pared de la Vuelta. Terrible, durísima, infranqueable, casi, aunque menos que el muro de acero que impidió que Vlatislav fuese ciclista. Peter no deja de derribarlos. Campeón del mundo aficionado, enamorado de la Amstel Gold Race, está ahora en la frontera de otro sueño: el podio de una grande.