Síguenos en redes sociales:

"Levantad la cabeza"

josé luis bilbao, diputado general de bizkaia, visita a los corredores de euskaltel para animarles

"Levantad la cabeza"Foto: p. viñas

cangas de onís. Es demasiado fría la mañana de Hoznayo. Y demasiado gris. Y demasiado triste. Y demasiado húmeda aunque no llueva porque son las cavidades de los ojos de los ciclistas de Euskaltel-Euskadi que bajan mohínos a desayunar sin apetito, sin ganas de nada salvo de disolverse, las que tienen ese brillo salino que es pura angustia. Tan fría, gris, triste y húmeda es la mañana que Igor González de Galdeano abre los ojos y mientras éstos absorben lentamente la luz su mente busca un motivo para levantarse y lo que encuentra son imágenes que le hunden aún más entre las sábanas. Son escenas. Antón sentado en el suelo; Antón envuelto en sangre; Antón incapaz de subirse a la bicicleta; Antón abandonando; Antón metido en el coche; Antón camino del hospital; adiós a la Vuelta; el despertar de un sueño. Galdeano se encoge sobre la cama. "Me ha costado horrores dar el primer paso".

A Gorka Gerrikagoitia lo ocurrió lo contrario. Quería huir de la habitación. Que amaneciera. Que salga el sol por donde quiera, pero que salga ya. A las 5.00 de la mañana se despertó sobresaltado el muxikarra, guía magistral de Antón durante más de media Vuelta. Llevaba toda la noche perseguido por la pesadilla. Antón, Peña Cabarga, la tragedia… "He dormido poco".

Como Egoi Martínez, un cuerpo dolorido. "Sobre todo en las cervicales", dice el etxarriarra, el brazo derecho en cabestrillo, que buscaba aún una explicación a lo sucedido. "¿Viste algo allí, en el suelo?", le preguntó a Tomás, mecánico del equipo vasco, queriendo saber si había algún bache, una rama, una piedra, algo que le hiciera perder el equilibrio de esa manera a su compañero de habitación y líder de la Vuelta. "Nada", le respondió Tomás. "Es de película", seguía tratando de digerir lo sucedido Egoi; "todo iba tan bien y de repente… De todas maneras, no hay que ser tremendistas. Es una situación dura, durísima, pero yo la enmarco en el plano deportivo. No tiene que con las catástrofes personales, que son mucho más duras". Juanjo Oroz saca la cabeza por la ventana de la habitación y despide a Egoi. "Ánimo", le corresponde éste, que recogió los bártulos y sin prisa, al ritmo lánguido de la mañana, se marchó. A casa.

visita personal de bilbao De allí, de casa, venía José Luis Bilbao, diputado general de Bizkaia. Vestía de domingo. Serio pero informal. Llegó a título personal. A apoyar al equipo. A animar a los chavales que quedaban en carrera como chicos desheredados, desorientados.

"Levantad la cabeza", les dijo Bilbao, que apeló a su orgullo, que les hizo ver que la Vuelta, como la vida, como "este equipo que es de largo recorrido", seguía. "Hay que estar en los momentos buenos, que han sido estas dos semanas de carrera con Igor y este equipo que ha demostrado serlo en todos los sentidos, pero, sobre todo, en los malos, que es más importante aún", explicó el diputado general , que se preparaba para disfrutar con Antón desde casa, por el televisor, "y de repente vi la caída y uno de los nuestros, que era Egoi, y luego… Buff, a Igor. No me lo creía. Ni siquiera seguí viendo la etapa porque no me quedaron ganas de nada".

La desazón de José Luis Bilbao era la de la propia Vuelta, que quedó algo desangelada, sin la magia de Antón. "No sólo perdieron el corredor y el equipo, sino también la Vuelta, el ciclismo, todos. El chaval estaba enganchando a la afición, estaba atrayendo a la gente, dándole vida a la carrera con esa frescura, esa forma de ser tan carismática que recuerda a los ciclistas pasados. Necesitamos tipos como Antón", abunda Eusebio Unzue, que anda por ahí, sigiloso en la mañana fría, triste y húmeda de Hoznayo.