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Cuesta sin fin

El ciclista de Villarcayo disputa su decimoséptima Vuelta con 41 años sin tener claro aún que pueda ser la última w Agradece a Matxín que le recuperara para el ciclismo tras su paso por el pelotón galo

Cuesta sin finFoto: alain laiseka

sevilla

EL día que debutó, Challenge de Mallorca, su amigo Laiseka, como desde cadetes, al lado, pensó, tan terrible fue el golpe, la sensación de ir anclado, en un triciclo, que aquello no era para él. Era 1994 y en el coche del equipo Euskadi sonaba, a todo trapo, Sepultura. La cinta la ponía Iñigo Cuesta (Villarcayo, 1969), y se escandalizaba por el ruido Txomin Perurena, su director. "En realidad a Txomin lo que le llamaba realmente la atención era el nombre del grupo, que incluso me lo llegó a poner por el altavoz en una crono", dice el ciclista que tuvo como ídolos a Lemond, Bugno y Perico. Corrió con todos. Con el segoviano, incluso, llegó en la etapa de los Lagos de la Vuelta de 1994, la primera de las 17, con ésta, que ha disputado. Hasta allí le lleva la memoria en la mañana africana de Sevilla.

"La del 94 es la que con más cariño conservo", dice Cuesta. Lo recuerda todo, "y todo es bueno". No se olvida de que a la primera Vuelta del equipo Euskadi, pasado ya el desasosiego del estreno en Mallorca, fueron con Peio Ruiz Cabestany como líder, y que al fallar éste y encontrarse él tan arriba en la general, tan fresco y saludable, Txomin cambió el guión y puso el equipo a su servicio. Recuerda su ataque en La Demanda, "la primera vez que fui en cabeza de carrera". Y la llegada a Lagos junto a Perico, que corría la Vuelta por última vez. Acabó decimoquinto. Sólo lo hizo mejor en 2001, cuando fue decimotercero. "Pero es que cuando me fui a la Once -en 1996, tras dos años en el equipo Euskadi- mi función era trabajar para los líderes". Para Zulle y Jalabert. Aprendió junto al mejor maestro: Alberto Leanizbarrutia. Y bien. Así que su mejor recuerdo de las 16 Vueltas anteriores es un triunfo ajeno: el de Zulle en 1996. "El premio al trabajo bien hecho. Como con Basso en el Giro de 2006. La gran pena que me queda es no haber estado con Carlos (Sastre) en los Campos Elíseos de París en 2008". Hubiese completado su obra: una oda al trabajo.

Cuesta es El Hombre Tranquilo de John Ford. Si le preguntan qué diferencia hay entre la primera Vuelta y ésta -la 17, la 27 grande, pues ha corrido también tres Giros y siete Tours-, dice con desapego que lo único distinto es que ahora le cuesta menos acabarlas y que todo lo que pueda sentir durante tres semanas ya lo ha vivido antes. "Todo es repetido y sé lo que hay que hacer". Si tratas de encontrar la razón que le mantiene, con 41 años, colgado a un dorsal, argumenta, llanamente, que no tiene motivos para dejarlo, que le gusta competir y entrenarse para competir. Sólo se detiene pensativo, la pose reflexiva, el semblante serio, la palabra retenida, cuando le piden que recuerde el momento en el que supo que sería eterno en el ciclismo. "¿Cómo? ¿Eterno dices?". Entonces explica que fue en 2005, cuando regresó al Saunier Duval después de cinco temporadas en el ciclismo francés, al lado de Josean Fernández Matxín, uno de los cuatro directores -Perurena, Manolo Saiz y Bjarne Riis- que ha marcado su carrera. "Matxín me recuperó para el ciclismo, porque venía literalmente apagado del ciclismo francés, que es más apático y sin que te des cuenta te va comiendo por dentro. Te apaga, te quita la ilusión. Y todavía no sé por qué. Simplemente, es una forma diferente de interpretar este deporte. Pero a mí me comió. Quizás porque estaba acostumbrado a otra cosa. Matxín me rescató". Estuvo un año, 2005, con el basauritarra. De aquella temporada, la última de sus tres selectas victorias, la Volta -en 1998 ganó la Vuelta al País Vasco y en 2000 una etapa de la Dauphiné, en Briançon-. Desde entonces está soldado a la rueda de Carlos Sastre. Un líder. Un amigo. "Por cómo es como persona. Todos los líderes que he tenido me han agradecido mi trabajo. Aunque nunca he necesitado ni esperado esa palmadita en la espalda porque creo que es algo que forma parte de mi trabajo. Lo hago y ya está".

En 2011 Sastre se marcha al Geox de Gianetti y Matxín. Y en 2011 también, el Cervélo se evapora para reintegrarse en la estructura del Garmin. ¿Qué será de Cuesta? "No lo sé aún. No descarto seguir y no descarto retirarme. Estoy en el aire. Ni siquiera he pensado en lo que haré cuando deje la bicicleta. De momento, no me aburro entrenando, tengo a mis amigos cicloturistas en Villarcayo. Ahora sólo dependo de no acabar saturado de ciclismo, de seguir teniendo ganas de bicicleta".