El callejón de las botxerías

La ‘tardenoche’ que se despereza

09.02.2020 | 01:25
Kevin Maestre, Koldo Izquierdo, Iván Gómez y Naiara Herrero no se perdieron detalle del recital de fado.

CON cuatro esquinas basta: un chal, una guitarra portuguesa, una voz y quintales de sentimiento. Los desengaños amorosos, la caricia melódica de la añoranza de alguien que se fue (saudade, creo le llaman...), los pesares y alguna que otra del día a día o las conquistas. Todo ello cabe en el fado, que en 2011, celebrada como canción urbana de Lisboa, recibió la distinción de Patrimonio de la Humanidad concedida por la Unesco. La fadista Cuca Roseta debutó ese mismo año y su voz ya ha surcado, entre susurros, el viento de más de treinta países, con un fado puro y deslumbrante que ayer estuvo acompañado por la guitarra portuguesa de Luis Guerreiro, el bajo acústico de Marino de Freitas y la viola de fado de Diogo Clemente. Aquella voz rompió las cadenas de la octava edición del ciclo Noites de Fado que ayer comenzó en la Sala BBK de la Gran Vía.

Con esa voz vibrante y aterciopelada, Cuca trajo la belleza y la modernidad que el fado necesitaba, sin olvidarse jamás de la esencia de la canción de Portugal, pero presentándola de una forma que el mundo quería oír. Trepidante, como ha de ser su vida si se tiene en cuenta que la mujer está aún conectada a otras formas de arte bastante distinguidas tales como la pintura y el taekwondo, donde es cinturón negro. Ayer solo cantó. "Tiene en su canto una emoción transcendente, un alma inmensa, que no tiene fronteras ni lenguas", dicen los que saben. "Encandila", los que no tanto.

'vinho' verde Oyéndola, la tardenoche de ayer fue desperezándose, meciéndose para despertar. Dan fe de lo que les digo Félix Linares, quien ama el fado con pasión; Germán Barbier, Ana Salinas, subdirectora técnica de Osalan; Jesús Fernández Urbina, Eduardo Maiz, gerente del Hospital de Basurto, acompañado por su hijo Telmo; Jon Ruiz, Benito Ramonde, dos melómanos empedernidos como María José Gil y Javier de la Cruz; José Ángel Serrano y Josune Albóniga, moviéndose en las entrecajas de la Sala BBK para que todo fluyese, para que hubiese flow; Julia Ábalos, Mertxe Agirre y Carlos López, entre una nube de hombres y mujeres que paladean una música que embriaga. Vinho verde y bacalao, pongamos por caso.

A la cita con esa armonía de rompe y rasga se sumaron, además de los citados, Alicia Stuber, quien lleva a Cuca como banda sonora en el coche; Irene Álvarez, Luis Mari Atxa, Paula Arrate, Lina Serrano, Eduardo Ruiz, Idoia Madariaga, Xabier Benítez, Alicia Ortega, María Jesús Olabarria, Izaskun Uriarte, Kevin Maestre, Koldo Izquierdo, Iván Gómez, Naiara Herrero, Pablo Robles, Begoña Puente, Isidro Romero y Aurora Verdute, entre otra gente que se zambulló en el recital.

María Isabel Rebelo Couto da Cruz, Cuca Roseta, saltó del pop al fado. La antigua vocalista de Toranja es la enésima revelación fadista con el apoyo del productor argentino Gustavo Santaolalla, la tradición, la poesía y la saudade. Póquer de lujo.