El otro pinchazo del virus

El erandioztarra Gaizka Azkarate publica 'Historias de un encierro'

En el libro reflexiona sobre la necesidad de vivir el hoy y exprimir los buenos momentos

27.01.2021 | 08:22
Un grupo de sanitarios agradece las muestras de apoyo recibidas por la población durante el confinamiento.

PARA muchas personas, la pandemia ha subrayado dos palabras en latín: carpe diem. Entre ellas, se encuentra Gaizka Azkarate. "Yo me muevo con una frase que hace tiempo se me quedó grabada: Aprendamos a vivir en los buenos momentos, porque en los malos se aprende por obligación", sostiene el erandioztarra. Este es, precisamente, el mensaje que lanza en su libro Historias de un encierro, el tercero de su puño y letra y que llega después de las recopilaciones de sus anécdotas atendiendo el teléfono de emergencias de la Policía Municipal de Bilbao.

Así que esta publicación es más que una crónica de la histórica etapa de los locos años veinte. "La idea que me he marcado no es que sea un recuerdo de lo que pasó, sino que esto nos sirva para aprender a vivir un poco mejor. Esta situación ha venido a demostrar que siempre estamos pendientes del reloj, viviendo deprisa, y no aprovechamos los buenos momentos, no los disfrutamos. Hay que pensar en el hoy, porque mañana no sabes lo que puede pasar. Quién iba a pensar que iba a llegar esto e iba a cambiar nuestras rutinas y nuestros hábitos... Con el libro, quiero aportar mi granito de arena para que la gente no piense en el mañana, mañana y mañana", comenta este periodista y escritor. Y para transmitir esta filosofía, para extender sus gritos vitales, ha recurrido a ciertas dosis de humor. "La reflexión que quería trasladar me parece demasiado seria y no quería que fuera un libro triste; por eso meto otras historias más graciosas, quería incluir cosas que sacaran una sonrisa a la gente, porque en estos tiempos que estamos viviendo, es importante", apunta Gaizka. Así que en estas páginas de encierro hay sonrisas, pero también "historias serias y tristes", como espejo de una realidad demasiado dura. Todo, con las reflexiones del autor, que, según confiesa, pudo sobrellevar el confinamiento "bastante bien". En esos días de cuarentena entre cuatro paredes fue dando las pinceladas que se convertirían después en esta obra. "No tenía previsto sacar un libro, pero al final me animé", señala. Y así empezó la aventura de intentar publicar, aunque con la experiencia de los libros anteriores, resultó más sencillo. "La editorial anterior tenía otros proyectos, por lo que iban a tardar, y busqué otra: Ediciones Ende", explica el escritor. Historias de un encierro está ya en las estanterías de la librería Elorduy, de Altzaga; en Peman Libros, de Astrabudua, y en Iris, de Leioa.

Gaizka Azkarate con el libro.

Cambio de tercio


Gaizka, por lo tanto, ha modificado sus letras literarias, ya que sus primeros trabajos recopilaron las llamadas más curiosas que atendió al descolgar el teléfono 092, el número de emergencias correspondiente a la Policía Municipal de Bilbao. "La culpable de que escribiera el primer libro fue una anécdota que me ocurrió una madrugada del lunes al martes, es decir, un martes. Llamó un chico de unos treinta y pico o cuarenta años para preguntar qué día era, a ver si era domingo. Le respondí que estábamos a martes y me dijo: Vale, gracias. Y me colgó. Y este hombre volvió a llamar alguna vez más por lo mismo. Entonces, te planteas que igual lo que he vivido da para un libro", recuerda este erandioztarra. Su experiencia, en efecto, no solo dio para un libro, sino para dos. "092, dígame funcionó muy bien y por petición popular saqué el segundo con más anécdotas", reconoce. Y "aunque algunas situaciones puedan parecer exageradas o incluso chistes malos entre amigos, todo lo que se cuenta es real", remarca. Otra de las vivencias "que más ha gustado" tiene que ver con un murciélago. "Una noche de verano, llamó un chico diciendo que había oído un ruido en la habitación de su casa, que estaban con las ventanas abiertas, y que al acercarse había visto un pajarraco negro con orejas puntiagudas, o sea, un murciélago; el perro estaba asustado y él iba a haber ido a por un palo para asustarlo y, entonces, me soltó: Pero claro, ¿si me muerde y me convierto en vampiro? Se mandó una patrulla y yo al colgar el teléfono, me empecé a descojonar", admite Gaizka. Sí, sí, las curiosidades son muy variopintas. "Una vez llamó un chavalito diciendo que había metido dinero en una máquina de vending para sacar un sándwich de jamón y queso y que le había salido de bacon y queso; que el bacon no le gustaba y que mandáramos una patrulla a abrir la máquina y darle el sándwich correcto", rememora el erandioztarra, que también desvela que se topaba con muchas llamadas de personas mayores que "sencillamente, querían hablar, como si fuera el antiguo teléfono de la esperanza".

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