Un doloroso silencio roto gracias a los testimonios y una crónica de 11 meses

Luiso López y Ramón Zurimendi, de Aztarna, firman dos capítulos muy relevantes del libro

09.02.2020 | 01:01
Un doloroso silencio roto gracias a los testimonios y una crónica de 11 meses

Amurrio - Luiso López y Ramón Zurimendi, miembros de la Asociación Aztarna de Amurrio, son los principales artífices del libro La Guerra Civil en el Alto Nervión. El primero de ellos se ha encargado del capítulo referido a la historia oral que transmite a través de testimonios de personas que sufrieron en sus carnes el drama de la guerra o de la represión. "Yo soy de Baranbio, un pequeño pueblo donde hubo muchos fallecidos y en donde a la gente siempre le ha costado mucho hablar sobre este tema debido al dolor por haber perdido a hijos o incluso el caserío". Ese silencio era también una realidad en su propio entorno familiar. "Por parte de mi padre hubo cuatro familiares que lucharon como gudaris y por parte de madre 52 requetés que participaron en el bando nacional. La verdad es que era algo de lo que apenas se hablaba en casa", reconoce.

De ahí el valor de los testimonios que Luiso López ha ido logrando a lo largo de muchos años de investigación y que ahora plasma en las páginas del libro. Su conclusión personal es que "mucha gente luchó sin saber por qué y donde le tocó" y lo que generó el conflicto fue "dolor, miseria y mucha pobreza además de cuarenta años de dura represión". López asegura que "hoy en día hay aún muchas heridas sin cerrar" y muestra de ello es que, a pesar del tiempo transcurrido, "he visto a gente llorar recordando esa etapa de su vida o de la de su familia".

Por su parte, el cometido de Ramón Zurimendi ha sido narrar, en forma de crónicas, el día a día de los 11 meses de guerra que se vivieron en la comarca, divididos en tres partes. "Una de ellas se centra en la ofensiva de Villareal que tuvo lugar entre noviembre y diciembre de 1936 y que durante cinco intensos días también afectó a la zona de Uzkiano, San Pedro y Txibiarte; otra en la batalla del monte San Pedro de mayo de 1937 que fue una auténtica carnicería y que, hasta hace bien poco, había pasado desapercibida; y, la última, se refiere al intento de toma de Orduña el 4 de agosto de 1937, un episodio del que había poca información y muy dispersa y que intento explicar de una manera más coherente". Zurimendi reconoce que la mayor parte de los datos que aporta "son del bando republicano y apenas hemos tocado el tema de los requetés" aún sabiendo que "en Orduña se movilizaron unos 260 jóvenes y algo más de medio centenar suben a la sierra a incorporarse a las filas nacionales" por lo que anima a otros historiadores e investigadores "a seguir indagando en esta parte de la historia y completar la información y aspectos que nosotros no hemos tocado".

Sobre el capítulo de Asier Pérez de Eulate, explica que "incide en el tipo de armamento que el Gobierno vasco consiguió en el mercado negro, obsoleto y de pésima calidad, que poco podía hacer ante los medios franquistas"; mientras que Josu Santamarina "hace una reflexión sobre la memoria histórica y cómo los restos materiales se están incorporando a los estudios sobre la guerra". - S. M.