El museo minero de Abanto-Zierbena nutre la memoria de los mayores

Acerca su taller sobre mujeres trabajadoras en el siglo XIX a las residencias

22.01.2021 | 01:01
En la charla participó una unidad convivencial de la residencia IMQ Igurco Bilbozar.

Si al comienzo del curso 2020-2021 el Museo de la Minería del País Vasco brindaba la posibilidad de que sus guías pudieran desplazarse a los centro escolares, ante las limitaciones de movilidad y aforos que se estaban viviendo a causa del covid-19, desde finales de año esta posibilidad se ha extendido también al colectivo de personas mayores promoviendo un ocio enriquecedor para las personas mayores. Una alternativa a la que se ha sumado la residencia y centro de día IMQ Igurco Bilbozar, ubicada en la capital vizcaina y perteneciente a la red de infraestructuras sociales de la Diputación Foral de Bizkaia, que desarrolla desde finales del año pasado un programa de conferencias con el museo abantoarra dentro de su programa para desplazarse a los centros sorteando el covid-19.

En este marco, Alazne Zenekorta, técnica del Museo, abordó un taller denominado Mujeres trabajadoras vizcaínas, en el que se resaltó la labor de este colectivo desde el siglo XIX hasta poco después del fin de la Guerra Civil. "La conferencia ha sido una experiencia muy bonita, diferente y divertida. A medida que desarrollamos los contenidos, los mayores nos cuentan también sus recuerdos y experiencias y resulta enriquecedor", valoró la técnico del museo.

Nuevos roles
 

Zenekorta empezó su exposición aludiendo a los diferentes roles de la mujer relativos al trabajo en la primera mitad del siglo XIX en Bizkaia, que tenían características diferentes según fueran poblaciones rurales o costeras. En la segunda mitad, con el auge de la minería en Bizkaia aumentó el fenómeno de la inmigración y las mujeres empiezan a ocupar otros nichos de actividad bien trabajando en el servicio doméstico en los núcleos urbanos o en las zonas mineras. "Las mujeres realizaban diversas tareas, muchas de ellas duras y escasamente remuneradas, como transportar cargas, elaborar explosivos, o tener huéspedes en el domicilio familiar, todo ello, para ayudar a la economía doméstica". Con el florecimiento de la siderurgia las mujeres trabajaron como hojalateras o en la fábrica de explosivos de La Magdalena, en las faldas del monte Serantes pero también de costureras y modistillas o de nodrizas. En la década de los años 20 del siglo pasado, el mayor acceso de las niñas a la educación y a su competencia laboral, las mujeres entraron en desempeños profesionales como la medicina, la educación o la administración.

En los años previos a la Guerra Civil, las mujeres se empleaban en talleres, fábricas y oficinas, un fenómeno que aumentó con las contienda para luego cambiar significativamente.

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