Gero arte, Trino

Caluroso homenaje al párroco de Gordexola y Güeñes que se jubila

26.08.2020 | 00:13
Trino, rodeado por los asistentes a la misa en la que le despidieron en Güeñes, cuando no estaban vigentes las restricciones de aforo ni el uso de mascarillas.

Trinitario Álvarez, párroco de Gordexola y Güeñes, recibe el caluroso homenaje de los vecinos con motivo de su jubilación en septiembre después de desarrollar su labor pastoral en la comarca durante los últimos doce años

A veces cuando digo que soy Trinitario, me responden: ¡Ah! Pues yo jesuita o franciscano, lo confunden con la congregación religiosa. Cosas curiosas de los nombres que nuestros padres eligieron€", se excusa el sacerdote que, para las muchas amistades que ha trabado en sus doce años de labor pastoral en Güeñes y Gordexola, es simplemente, Trino, Trino Álvarez. Con motivo de su jubilación y retiro a la Residencia de Venerables Sacerdotes de Begoña, se despedirá de los feligreses dando el testigo a su sucesor en la misa que se oficiará el sábado, a las 12.00 horas, en la iglesia de San Juan de Molinar, en Gordexola.

Nacido "en un pueblito de Salamanca", a los 9 años se mudó a Portugalete con su familia. Allí "acudí a la escuela y después al seminario de Derio, al que siempre he estado muy unido". Tras su ordenación en Repelega, "pasé por Muskiz, Las Carreras, Santurtzi, Ortuella y Basauri" antes de recalar en Enkarterri. Entre medias, una estancia en el Congo, "entonces llamado Zaire", a principios de los años 90 de la mano de Misiones Diocesanas. "El 2 de febrero de 1992 volvimos definitivamente y poco mucho tiempo después estalló el conflicto en Ruanda", explica, en alusión al genocidio de la población tutsi en 1994. Congo "está al lado de Ruanda y, cuando había problemas, la gente cruzaba la frontera". Sin embargo, "a la zona sur en la que nos encontrábamos nosotros no alcanzaron los disturbios graves", pero sí sentían "la miseria o las largas distancias" que lastraban a la población.

Cuando le enviaron a Enkarterri, "Güeñes contaba con un cura y Gordexola con otro. Yo me hice cargo de los dos sitios, pero no de Sodupe". En este núcleo, que es el más poblado del municipio de Güeñes, cuenta desde hace tres años con la ayuda de Oskar González, que desde el 1 de septiembre asumirá sus funciones "con un diácono y otra ayuda que puedan recibir".

Las vocaciones religiosas "están descendiendo y se nota. La situación ya venía anunciándose desde años atrás". De hecho, "en Gordexola en la década de los 70 se contaban hasta ocho sacerdotes y algún auxiliar" que atendían los oficios en templos que hoy día están en desuso o abren sus puertas en ocasiones puntuales. Así, "estaba el convento de Santa Isabel, que ahora se ha transformado en hotel o la iglesia de San Cosme y San Damián" en la campa de San Juan de Berbikez que acoge el popular concurso de txosnas en fiesta, menos este año, cancelado por el coronavirus.

El núcleo urbano de Güeñes, en los años 60, "sumaba dos sacerdotes". La tendencia se refleja también en la menor afluencia a los oficios. La media de edad de los feligreses "es elevada". Los niños "se quedan algún año más después de hacer la primera comunión, pero después hay un distanciamiento generacional". ¿Qué hace la Iglesia al respecto? "Una parroquia concreta no es capaz de afrontar todos estos aspectos, sino que se trabaja junto con la vicaría en ese compromiso. Se han dado pasos importantes, también con los mayores", argumenta Trino. Precisamente, uno de los colectivos más vulnerables en la pandemia.

Una época difícil a todos los niveles en la que Trino ha tenido muy presentes a las familias que no pudieron despedirse de sus seres queridos fallecidos durante el confinamiento. "Hacía sonar las campanas, como pequeño símbolo de unión para transmitir el mensaje de que superaremos el virus juntos" y recordar que "en esta dura travesía sanitaria "a todos se nos pide ser solidarios, porque si yo me cuido estoy cuidando a los demás".

A finales de junio, una vez en la desescalada, se llevó una agradable sorpresa cuando los vecinos de Güeñes le rindieron homenaje al terminar una de las misas de los domingos. Estas muestras de afecto "nos ayudan a continuar adelante, haciendo las cosas de la mejor manera que podemos". Las tendrá muy presentes en la etapa que emprenderá a partir de septiembre, "aprendiendo de las vivencias de sacerdotes testigo de otras realidades que han entregado generosamente su vida a los demás y echando una mano en una parroquia de Bilbao", siempre con Enkarterri en el corazón.

Tras la sorpresa que le organizaron en Güeñes, el sábado entregará el testigo a su sucesor en la iglesia de San Juan de Molinar