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Mikel y Eider echan raíces en los bosques autóctonos con el proyecto Olatu

Los dos jóvenes de Gorliz crean un proyecto que ha motivado que un centenar de niños plante 20 árboles

Mikel y Eider echan raíces en los bosques autóctonos con el proyecto OlatuM.H.

Cuando las inquietudes y convicciones pasan de los libros al terreno, cuando lo aprendido da alas para volar, brotan proyectos como el de los gorliztarras Mikel Sastre y Eider Laraudogoitia. Estudiantes de la Universidad de Mondragón han hecho germinar una iniciativa que les motiva, que agita conciencias y que percibían necesaria: defender la biodiversidad de los bosques más cercanos para desterrar al dichoso eucalipto, para fomentar las especies con raíces propias, las de genética autóctona.Acaban de plantar en Gorliz, junto a un centenar de niños y niñas del ikastetxe de la localidad, 20 árboles: castaños, encinos y robles. La asociación de Plentzia Herri Lurrak ha colaborado también. No en vano, comparte los principios que mueven a estos jóvenes. La agrupación, entre otras actividades, restaura la esencia del bosque de robles de Isuskitza.

“Los dos somos de Gorliz y estamos muy conectados con la naturaleza, tanto con el monte como con el mar. Nos llamó la atención que por la zona de Armintza cada vez hay más monocultivo de eucalipto. Así que las siguientes generaciones van a tener un concepto de bosque que no es real. Es artificial. Es algo plantado por unos motivos muy concretos, para que algunos se enriquezcan”, expone Mikel tajante. De hecho, la Diputación Foral de Bizkaia mantendrá la prohibición de plantar eucaliptos en sus montes. Esta especie ocupa 26.153 hectáreas en Euskadi, de las cuales 1.319 se encuentran dentro de puntos naturales protegidos, según lamenta Greenpeace. El mapa forestal está desubicado, manoseado, manipulado. Grita y hay quien le escucha.

Los gorliztarras Eider Laraudogoitia y Mikel Sastre

¿Y qué pasa con los árboles nuestros? Mikel y Eider se pusieron manos a la obra. Había que plantar la semilla de la biodiversidad en la parte más robusta: en la infancia. “Nos planteamos cómo podíamos acceder a la educación, pero no de una manera tradicional, para concienciar a los niños y niñas sobre la biodiversidad de los montes euskaldunes, para mantener lo que tenemos y proteger nuestros bosques. Así que lo hemos hecho a través de talleres, pero prácticos, no queríamos teóricos. Nos parecía que se quedaba algo pobre soltar una chapa de información. Así que todo ello nos suponía un reto brutal: ¿Cómo explicamos la biodiversidad a niños y niñas de 8 y 10 años? Ya la propia palabra asusta”, explica Mikel. La aventura del conocimiento tenía que ser didáctica, divertida, que se tocara con las manos, que no se olvidara, con huella y mensaje...

El ikastetxe de Gorliz ha sido el banco de pruebas, el despegar del desafío. “Primero, hicimos un taller participativo con los niños y niñas a través de imágenes y ejemplos reales y luego, como queremos hacer frente a este problema de una forma activa, llevamos semillas de árboles autóctonos de Euskal Herria y, por grupos, plantaron un árbol en tetrabricks reciclados. Ellos se han estado encargando del cuidado de las semillas en clase y al de seis meses hemos trasplantado con los niños esos árboles a una zona que no está aprovechada en Gorliz”, relata Mikel.

El pasado viernes, concretamente, tuvo lugar esa expedición a la naturaleza para adentrarse en la tierra y que dará grandes frutos. Los peques disfrutaron y comprendieron al poner sus arbolitos. “Queremos crear ese recuerdo, esa experiencia de que no sea solo un taller y que cuando ellos pasen por allí digan: Lo he plantado yo y a esta zona le hemos dado un uso nosotros”, comenta el joven gorliztarra. Ahí está el origen.

A más ramificaciones

Por delante, un futuro que crecerá. “Hemos conectado la diversidad de la sociedad con la de la naturaleza. Hemos hecho entender a los niños y niñas lo importante que es tener distintos tipos de árboles en un lugar, para que ese ecosistema siga vivo porque los monocultivos están provocando que toda la vida diversa que hay en ese bosque se pierda”, añade Mikel.

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El plan de estos dos estudiantes también desea conquistar más espacios, confiados y convencidos en que con las nuevas generaciones se puede sembrar esperanza. “La idea es seguir. Queremos centrarnos en cómo acceder a más ikastolas y crear nuevos proyectos y nuevas soluciones, no solo a través de talleres, y que la iniciativa vaya más allá de la plantación de árboles”, asegura uno de sus impulsores.

Los jóvenes tienen sed para tratar de revertir la conducta humana, depredadora, en general, de la Madre Tierra. Mikel y Eider han adquirido ya la impronta del grado LEINN de la universidad de Mondragón, el que pellizca en el liderazgo y la innovación. Así se promocionan estos estudios: ¿Tienes ambición y ganas de resolver retos? Somos tu grado si sueñas y no te conformas con lo que es o pudo ser. Los dos están en segundo curso y respondiendo ya a esa pregunta.