A las 23.00 horas de este pasado domingo la estación de metro de Ansio presentaba una imagen muy poco habitual. La calma propia de última hora se vio interrumpida por los pocos que decidieron estirar el fin de semana hasta el extremo y coger el último tren de vuelta a casa, y por un dj que amenizaba la espera de los 210 afortunados y afortunadas que a partir de la 01.00 de la madrugada disfrutaron de la tercera edición de la carrera Underrun Metro Bilbao.

Este periódico vivió de primera mano una una carrera que dejó a un lado la competitividad propia de estas pruebas para dar paso a una experiencia inmersiva a la que pocos afortunados tuvieron la suerte de acceder. A las 23.00 horas el hall de la estación de Ansio estaba abarrotado de camisetas granates. Mientras un dj ponía ritmo a la espera y un speaker recordaba las indicaciones a seguir, entre los y las asistentes se pudieron ver desde bostezos y caras de cansancio hasta los más activos que calentaban con ímpetu, pasando por los que mataban el tiempo con el móvil o inmortalizando el momento en el photocall.

Hacia las 23.30 el grupo formado por unas 210 personas, todas uniformadas y ataviadas con una luz frontal, se fue acercando a las cancelas para bajar al andén. Una vez allí, los participantes fueron divididos en nueve grupos y accedieron por las puertas indicadas al tren que les llevaría a la salidas ubicada en la estaciones de Moyúa y Basarrate, dependiendo de la distancia elegida. Este año como novedad y por el 30 aniversario de Metro Bilbao, al recorrido habitual de 7,8 kilómetros se sumó un segundo de 10,2.

Ojos bien abiertos

Una incidencia de última hora en la circulación de los trenes provocó que la carrera se retrasase y finalmente el pistoletazo de salida se dio hacia la 01.10 de la madrugada. El primer grupo, formado por unas 20 personas y acompañado por dos trabajadores de Metro Bilbao; se adentraron en las profundidades de los túneles y pusieron en marcha las piernas animados por quienes desde el andén, esperaban su turno.

Aunque el objetivo era correr, hubo que hacerlo con los ojos bien abiertos y mirando al suelo para evitar tropezar. Quienes encabezaban la carrera iban avisando de los obstáculos del camino y, en algunos tramos, trabajadores del suburbano ataviados con chalecos reflectantes e indicadores lumínicos señalizaban el camino a seguir. Una carrera atípica en la que los participantes debieron sortear varios escalones, vías y tubos, además de pelear con el desnivel que, sobre todo entre las estaciones de San Inazio y Gurutzeta-Cruces, obligó a más de uno a bajar el ritmo.

Una carrera muy especial

Las 210 personas que este pasado domingo tuvieron la suerte de participar en la tercera edición de Underrun Metro Bilbao fueron solo una pequeña parte de las más de 1.700 que se apuntaron al sorteo. La mayoría de ellas se apuntaron movidas por la curiosidad de una carrera excepcional en Bizkaia, pero unas pocas lo hicieron por motivos bien diferentes. Maitane Sánchez corrió por primera vez la nueva distancia de 10,2 kilómetros y para ella tuvo un significado muy especial. "Para mí significa mucho porque mi aita trabajaba en las vías del metro y falleció cuando yo tenía 15 años", explicó antes de vivir una experiencia que calificó como "muy emocionante".

Entre los participantes había corredores más experimentados que otros y algunos que, sin disfrutar demasiado del running, se pusieron las zapatillas para adentrarse en un mundo que conocen bien. Fue el caso de Nerea González, trabajadora del Metro de Málaga que recibió la invitación del suburbano y conoció una realidad diferente a la que diariamente vive en su puesto de trabajo. Ante el despliegue que requirió una evento de estas características, González aseguró que "hacer algo así en Málaga sería impensable". Más allá de disfrutar de la experiencia, esta joven aprovechó sus conocimientos en la materia para explicar a sus compañeros de grupo las condiciones que debían darse para correr de manera segura.

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Invitados de lujo

La carrera Underrun Metro Bilbao contó con la participación de varias personalidades como exjugador del Athletic, Carlos Gurpegi, el aizkolari Aitzol Atutxa, y los periodistas Dani Álvarez, Janire Fragua y Xabier Madariaga, entre otros. Todos ellos formaron parte de alguno de los grupos, y permitieron a la ciudadanía de a pie conversar con ellos de manera más cercana y distendida en un ambiente que sirvió para conocer gente y compartir una afición común con los que hasta este pasado domingo eran desconocidos.