La montaña “representa una necesidad vital” para Ana Díez de Mena. Una de las mujeres integrantes de la primera junta directiva del Club Alpino Ubietamendi de Zalla, junto con Ana Luisa Agirre, recogió el Urrezko mosketoia con el que la agrupación reconoce el espíritu mendizale en el municipio y la comarca. Sucedió en el palmarés a Pablo Olmos (2021), Jesús Cortázar (2022), Roberto Aparicio (2023), Txutxi Muguerza (2024) y Javier López Pagazaurtundua entre los aplausos del público presente, con representación de la Federación Vizcaina de Montaña.
El Zalla Zine Antzokia se vistió de gala el sábado para culminar la Semana de la Montaña en una edición para recordar, la de la conmemoración del medio siglo de vida de Ubietamendi. Un documental estrenado acto seguido de la entrega del galardón viaja a través de esos primeros cincuenta años a través de los testimonios de la propia Ana Díez de Mena, Iñaki Tolosa, Andoni Iztueta, Jon Artigas, Jesús María Vela, Javier Aguirre, Patricia y Carla Cortázar, Endika Camino, Juantxu Zorrilla, Juan Carlos Beraza, Mikel Santamaria, Pedro Mari Saratxaga, Unai Llantada y el actual presidente, Fernando Novales.
“Familia” es la palabra más repetida en la narración tanto para reflejar el ambiente mendizale en el que “siempre que te ves, te saludas, conversas y os ayudáis en lo que haga falta” como el que reina en Ubietamendi desde los preparativos que desembocaron en una reunión de 42 personas en el bar Begoña en la Nochebuena de 1976 y la constitución de la primera junta directiva en Nochevieja con Horacio Marcos en la presidencia.
Cada 1 de enero tenían una cita ineludible en el Turroi Eguna en la cumbre del Ubieta que se mantiene a día de hoy “con una afluencia que va en aumento y genera un ambiente agradable, puesto que no todos nos encontramos con frecuencia en el pueblo”.
Bautismo en Año nuevo
En esa primera mañana del año Horacio Marcos acostumbraba a “realizar un pequeño ritual de bautismo” con la gente que se sumaba por primera vez que, de esta forma, “pasaba a formar parte del gremio de la torrija”. Una forma de darles la bienvenida a la familia de Ubietamendi con el humor que le caracterizaba. El auditorio estalló en carcajadas al escuchar cómo un año se vistió de Papa y a la altura de la ermita de La Magdalena se dirigió a un vecino llamado Pedro así: “hermano Pedro, deja esos nabos que estás recolectando y síguenos”. Y él se quedo tan estupefacto que tardó en reaccionar y reconocerle.
En épocas en las que organizar excursiones “no resultaba tan accesible porque los coches se compartían y, si no, había que tirar de tren”, Ubietamendi unió y aunó las inquietudes de aficionados a la montaña que trataban de moverse por su cuenta. “En bici hasta la estación de Aranguren, allí las metíamos en el tren hasta Gibaja y pedaleando a Ramales para escalar y cargando con las mochilas y otras veces directamente en bici todo el trayecto desde Zalla para el fin de semana”, una paliza que merecía la pena, ya que “para nosotros significaba la única manera de preparar planes de ocio fuera del municipio”.
Siempre con la ikurriña
Añadido a “un componente reivindicativo” de la cultura vasca en el contexto de la muerte del dictador Franco. Se las ingeniaban para que una ikurriña todavía ilegal estuviera presente en las excursiones “en los colores rojo, verde y blanco de los gorros que llevábamos o en pegatinas que estampábamos sin perder de vista a la Guardia Civil”. El 1 de enero de 1978 en el Ubieta “se desplegó una ikurriña y se produjo una situación de entusiasmo y griterío, un momento diferenciador en el que exteriorizamos lo que guardábamos dentro” tras cuatro décadas de represión.
“La camaradería, la unión, lo que nos divertíamos con esos ángeles de la guarda que nos descubrían los montes” primaban por encima de todo mientras Ubietamendi iba expandiendo sus actividades “a través de cimas limítrofes con Bizkaia y luego Pirineos, Picos de Europa...” en salidas que perfilaban “tomando txikitos los domingos después de misa”.
Desde mediados de los años ochenta el club se afianzó con un calendario fijo de eventos. Al mismo tiempo, “colocábamos buzones en algunas cimas que carecían de ellos”. Beloki creó el del monte Ubieta, coronado por la bruja referente a las leyendas de Zalla, que se ha convertido en un icono de la localidad. “Pedí a Camiñas que me dibujara una bruja” y la reprodujo en metal. Por entonces contactaron con los ayuntamientos de Zalla y Galdames para construir el refugio epicentro de los Turroi Egunak en el que reponer fuerzas antes de proseguir a la cumbre a sacarse la fotografía con el buzón de la bruja.
Varias generaciones se dan cita todos los 1 de enero, incluyendo muchas familias con niños y niñas que van familiarizándose con la atmósfera mendizale. Continúan la estela de las excursiones infantiles que sembraron la afición a la montaña, por ejemplo, en el actual presidente en la década de los noventa. Los fines de curso pernoctando en el refugio del área recreativa de La Brena eran una auténtica fiesta, pero, además de divertirse, se educaban en valores. Un mandamiento imprescindible dictaba que había que recoger los desperdicios para dejar el monte tal cual lo encontraban. Quizás al principio se hicieran los remolones, pero pronto se advertían los unos a los otros.
Aun así, Ubietamendi no se ha librado de atravesar etapas de crisis y dudas que comprometieron su supervivencia. “Si hemos llegado hasta aquí se lo debemos a Jesús Cortázar” presidente y emblema del club a quien despidieron después de su fallecimiento en 2024 con una conmovedora ascensión al Kolitza. Sus hijas, Patricia y Carla, rememoran en el documental las incontables salidas a la montaña, cómo “según él siempre había hecho un día estupendo, aunque nevara” y el apego que sentía hacia la excursión del club a Gorbeia en Nochevieja. Acostumbraba a efectuarla con su amigo Pablo Olmos y “cuando él ya no pudo” por las esclerosis lateral amiotrófica se transformó en algo sentimental para él”.
Ubietamendi ha formado parte del nacimiento de la asociación Dar Dar, que sensibiliza sobre la lucha contra la ELA a raíz de la historia de Pablo Olmos, galardonado con el primer Urrezko mosketoia en 2021 y fallecido en 2023. Junto con su amigo Unai Llantada dieron voz en 2028 a una revolucionaria forma de escalar: uno desde La Antártida y otro acompañándole desde Zalla en el primero de los llamados cinco gritos con sus correspondientes documentales, cuyo eco resonó también en el Teide (2020) Urriellu (2021), Bruselas (2021) y el Himalaya (2022)
Hasta el Everest
Asimismo, Unai Llantada inscribió su nombre en la historia del alpinismo encartado como el primer mendizale de la comarca en alcanzar la cumbre del Everest en 2011 en una cordada en la que voló con él a Nepal una nutrida representación de Enkarterri para hacer con él el trekking. “Ubietamendi siempre ha estado conmigo en mis aventuras”, agradece.
Alrededor de mil personas han ingresado en el club a lo largo de sus historia y 150 socios y socias encarnan la cantera actual, aunque la directiva echa en falta más presencia de la juventud. Las celebraciones por sus bodas de oro pueden ayudar a que la llama mendizale de Zalla no se apague.