Ambos fallecen en mayo de 1925. Aunque Santos López de Letona ha pasado a la posteridad como paradigma del indiano, inversor en el Puente Bizkaia, impulsor del Ensanche de Bilbao y accionista de Boinas La Encartada, Josefa Gómez Rueda aportó un capital esencial en todos los sentidos para que el joven emigrante de Zeanuri se labrarse su propio nombre en los negocios. Lo hace en México, de la mano de ella, su esposa: gracias a sus conexiones familiares, dote económica matrimonial y habilidad para desenvolverse en los círculos de la alta sociedad, como cuenta la exposición en el museo que ocupa actualmente la fábrica textil de Balmaseda en funcionamiento entre 1892 y 1992 dándole a ella el lugar preferente que merece.

Para entender al empresario que se embarca de vuelta a una Bizkaia que “ha cambiado porque se ha perdido una guerra, la segunda guerra carlista, se han perdido definitivamente los fueros, donde emerge la industrialización que propicia la aparición del proletariado y una inmigración masiva; un lugar en ebullición en contraste con el territorio pobre donde la tierra no producía nada que dejó atrás en una complicada travesía marítima”, define Alberto Santana, historiador, etnógrafo y jefe del Servicio de Patrimonio Cultural de la Diputación Foral de Bizkaia, hay que bucear en la etapa americana de Santos López de Letona.

Blanca Esthela Ibáñez Tijerina ha ayudado a Santana, la comisaria de la muestra María Jesús Pacho –profesora de Historia del Arte de la EHU– y la directora del museo La Encartada, Ainara Martínez Matía, a reconstruir esa parte de la biografía de la pareja a lo largo de más de un año de investigación en colaboración con el Archivo de Notarías, dependiente de la Consejería Jurídica del Estado. La historiadora y profesora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla habla con entusiasmo a DEIA sobre su “fascinación” por el matrimonio Santos López de Letona-Josefa Gómez de Rueda. “Don Santos y Doña Josefa”, les llama afectuosamente.

Santos López de Letona encarna la política de “migraciones en cadena desde el norte del Estado para establecerse con gente que ya movía cierto capital y parando a menudo primero en Cuba” antes de recalar definitivamente en México. La segunda parte de la travesía e en barco trasladaba a los jóvenes “hasta el puerto de Veracruz y, desde allí, por carretera a Puebla, que se encuentra a aproximadamente 120 kilómetros de la capital”.

Emigración en cadena

Santos López de Letona arriba a un país que “venía de vivir entre 1862 y 1867 la intervención francesa con Napoleón III y Maximiliano de Habsburgo, una época muy convulsa e inestable que se calmó con la llegada del general Porfirio Díaz”, lo que se traduce en “un florecimiento económico”. Hacia 1871 “se construyen las vías de comunicación del ferrocarril, hacia Estados Unidos, dotando a todos los industriales de una comunicación más fluida para la salida de mercancías y llegada de materia prima, como el algodón”.

Al principio se emplean “en comercios como dependientes en tiendas de ropa o ultramarinos”, si logran prosperar enfocan su ambición emprendedora a “fábricas textiles”. Y es que en Puebla se establece “un emporio de telas muy económicas, como una manta durable para las clases populares, confeccionan lo que ahora llamaríamos vaqueros: tela de los obreros de fábricas y ferrocarriles”.

En el caso de Santos López de Letona, “negocio que pone en marcha, negocio que le reporta unos beneficios extraordinarios”. Ajusta la primera piedra en “el almacén La América, después la fábrica de La Josefina original, porque hay otra en Usansolo, invierte en el Banco Oriental de México y en el Banco Español Refaccionario”, de manera que va incrementando sus bienes e impulsando más iniciativas.

En el nombre La Josefina rinde homenaje a su mujer, “poblana descendiente de una familia originaria de Santander y poseedora de un capital económico y social que le abre multitud de puertas” para acceder a “todo un conglomerado de espacios sociales, económicos, religiosos y de asistencia” en el que se mueve una cerrada élite que otorga gran importancia a su procedencia del otro lado del océano.

Las bodas se sellan como alianzas de negocios en las que el valor de las mujeres de familias adineradas reside en sus recursos económicos, mientras que sus familias eligen para sus hijas a prometedores jóvenes con olfato para los negocios. Lo que hoy se llamaría un win win. Josefa Gómez de Rueda, trece años menor que Santos López de Letona, aporta para la unión conyugal “12.000 pesos, una cantidad bastante fuerte entonces” que permite a la pareja invertir “en el almacén de productos diversos La América”. “Esa lucidez para los negocios proviene de él, pero necesita un sustento fuerte para poder hacerlo crecer”, expone la historiadora.

Y precisa también las relaciones más convenientes en el tablero social y empresarial. Ahí surgen “escenarios culturales y sociales y asistenciales: se funda la Sociedad de Beneficencia Española, inicialmente hospital con asistencia médica y económica” sufragada por los hombres de negocios que ya han amasado una fortuna. El Círculo Católico de Puebla procura “ese cobijo religioso y de relaciones entre el clero y los propios extranjeros”. Se construyen “el casino y otros espacios donde se recrean fiestas de las regiones de nacimiento de los migrantes”.

Regreso misterioso

Y, justo cuando disfruta de una posición plenamente consolidada, Santos López de Letona rompe con todo. “Algo debió haber visto en Bizkaia, supongo que a esas alturas sus negocios se han encarrilado” y desea afrontar otros retos porque su vuelta “en 1888 se produce de forma temprana” en la plenitud de su situación social y económica y del régimen político que da a manos llenas para que fructifiquen los negocios”. La dote matrimonial de 12.000 euros se ha expandido “16 años más tarde hasta los 1,1 millones”.

“A excepción de los bancos, en Puebla” gestiona en solitario, de modo que opta por poner al frente “a su yerno, digamos como socio, pero bajo unas condiciones muy extremas” hasta que su hijo alcanza la edad suficiente para coger el timón.

El matrimonio tuvo doce hijos e hijas, algunos nacidos ya en la etapa de la pareja en Bilbao. Otra vez se acomodan entre la élite de la Sociedad Bilbaina, la Misericordia... El indiano retornado halla “un volcán en erupción que navega con su pequeña canoa a nichos de inversión inexplorados, parecer ser que consolida su fortuna en el sector inmobiliario” al que los apellidos más poderosos no prestan excesiva atención. Así, “en ser anómalo, halla su éxito, pero no sé si la gran oligarquía le aprecia”, analiza Alberto Santana.

“Don Santos y Doña Josefa fallecen en 1925”, apunta la historiadora mexicana. En 1927, tras la apertura del testamento “se efectúa una partición de bienes e inmediatamente venden la fábrica”. Su legado permanece vivo en las calles de Puebla por las que antaño circularan carruajes camino de ostentosas fiestas. La casa donde vivieron y fundaron su primer almacén “todavía existe, aunque alberga una peletería”. Una placa recuerda su contribución a una obra en la catedral, mientras que el casino y el hospital no han cambiado tanto... por fuera.

En breve

Hasta abril

Retrospectiva. El museo en la antigua fábrica textil La Encartada de Balmaseda acoge hasta abril una exposición temporal sobre Santos López de Letona, uno de los que empresarios que contribuyeron a su fundación en 1892, que también promovió la urbanización del Ensanche de Bilbao y la construcción del Puente Bizkaia. Ya se han organizado varias visitas guiadas y está prevista una salida a la capital vizcaina que situará a las personas asistentes en la ciudad de finales del siglo XIX.

Conferencia

Puntos de vista. Además, en el museo tuvo lugar una conferencia con participación de la comisaria de la exposición María Jesús Pacho –profesora de Historia del Arte de la EHU–, Alberto Santana –historiador, etnógrafo y jefe del servicio foral de Patrimonio– y la historiadora mexicana de la Benemérita Universidad de Puebla Blanca Esthela Ibáñez Tijerina, moderada por la directora de La Encartada, Ainara Martínez Matía.