“Empecé muy joven, a los 13 años, cuando todavía tenía pantalón corto”. De este modo recordaba Mikel Bustinza sus primeros pinitos en la cocina, en una entrevista para DEIA. Desde aquel Bar Cantábrico en las Siete Calles de Bilbao, bajo la tutela de Iñaki Eguskiza, se forjó un camino que con el bagaje del tiempo y experiencia lo convertiría en uno de los referentes de la gastronomía vasca. De hecho, logró galardones como, por ejemplo, mejor asador de carne del Estado español en 2010 y un sol de la Guía Repsol.

Su fallecimiento, el pasado martes, marca un dolor doble para Amorebieta-Etxano y por ende Bizkaia: en apenas un mes, la localidad ha perdido a dos de sus chefs más emblemáticos. Primero fue Juantxu Larruzea el 27 de diciembre, y ahora Mikel Bustinza. El barrio de Euba, que en ocasiones se autoproclama con orgullo como “república independiente”, ya siente la ausencia de un hombre que caía bien a todo quien tuvo el honor de conocerle. Su sonrisa, su cercanía y su pasión por la cocina dejan un vacío que se percibe en cada reacción a su pérdida.

Nacido el 8 de agosto de 1958 en un caserío de Bernagoitia, Bustinza creció entre fogones. Sus padres regentaban un pequeño bar donde servían alubiadas y txarribodas, y él ayudaba desde niño. Allí nació su amor por la hostelería y un respeto absoluto por la materia prima, principios que guiaron toda su carrera. Tras regresar del servicio militar, transformó junto a su madre aquel bar familiar en el restaurante que daría origen al Horma Ondo. En 2007, el Horma Ondo dio un salto cualitativo con un traslado, tras la reforma del caserío Legina Goikoa, en Larrabetzu, junto al campo de golf de 9 hoyos de Artxanda. El restaurante se convirtió en un referente de la cocina a la brasa y del producto vasco de calidad. La incorporación de su esposa, Jayne Hardcastle, inglesa criada en Ibiza, añadió un sello especial: pasión por la parrilla y respeto absoluto por la materia prima. Su legado también se refleja en la segunda generación. Jon Bustinza, su hijo mediano, se consolidó como maestro de la parrilla tras formarse en Lima e Ibiza, mientras que Olatz Bustinza asumió la sumillería y la dirección de sala, aportando sensibilidad en la selección de vinos y atención a los comensales.

Deja huella en Amorebieta

La sorpresa por su fallecimiento mientras conducía su automóvil en Jauregibarria ha sido inmediata y emotiva. La alcaldesa de Amorebieta-Etxano, Ainhoa Salterain, lo recuerda como “una persona fantástica, amable, cariñosa y muy atenta en cuyo restaurante, en Bernagoitia, comí la mejor lubina de mi vida y ya en el Horma Ondo nuevo celebré mi primera boda siendo concejala. Una enorme pérdida. Mi más sentido pésame a la familia”.

El también zornotzarra Andoni Agirrebeitia, director de Agricultura de la Diputación Foral de Bizkaia y exalcalde de Amorebieta-Etxano, destaca su carácter y profesionalidad: “Mikel ha sido una persona hecha a sí misma: trabajador incansable, muy generoso, afable y amigo de sus amigos. Llevó su cocina a los más altos estándares de calidad, donde el respeto al producto y la apuesta por km0 fueron sus sellos de identidad. Una pérdida irreparable. Goian Bego”.

Entre sus colegas, el afecto también se hizo notar. Zigor Iturrieta, cocinero y rostro televisivo de ETB, expresó su admiración: “Yo solía ir con aita –el histórico periodista José Luis Iturrieta– a comer y le recordaré siempre como un tipo sonriente, un hombre de la hostia, de estar con él de parranda en fiestas de Euba, un hombre dicharachero, pequeñito como yo. En fin, en muy poco tiempo se nos han ido dos grandes referentes de Bizkaia, ambos zornotzarras, de la mejor cocina: Juantxu Larruzea y ahora Mikel Bustinza. Un cocinero con un acabado en sus platos excelente, y un tipo muy muy querido”.

Al excliclista profesional Aitor Silloniz le cogió la triste noticia de viaje de trabajo. “Me llamó mi hermano Josu contando que había habido un accidente. Y luego me confirmó que era él. Es difícil acertar con las palabras en este caso, porque era un gran amigo. Desde niño, para mí era Mikel, del barrio, no el del restaurante”, diferencia y va más allá al transmitir que tiene mil anécdotas vividas a su lado. “Cuando corría en juveniles, me prometió que carrera que ganara me regalaría una buena chuleta. Y en algún caso que él no estaba y gané, me trajo el carnicero de Euba a casa. Era un detallista, mucho. Hace poco tuvimos cena de amigos en un txoko de Boroa y vino él a cocinarla. En Bernagoitia nos solía invitar a una comida a exciclistas, porque era un gran seguidos del deporte. Su familia y la mía se han conocido de siempre”.

Más allá de los reconocimientos, el legado de Bustinza reside en la pasión que transmitía, la calidad máxima de los productos que seleccionaba y la familia que continúa su obra. Cada brasa encendida en el Horma Ondo, cada plato servido y cada rincón del restaurante conserva la memoria de un hombre que dedicó su vida a la gastronomía y, según coinciden todas sus amistades, a la generosidad.

Sus amistades coinciden en que era riguroso con el producto, cercano con la gente y capaz de convertir una comida en una experiencia inolvidable. Como él.

Te puede interesar:

El Post-it

Agradecimiento. La familia Bustinza Hardcastle, en estos momentos de profundo dolor, desea agradecer las numerosas muestras de cariño recibidas. Los familiares y amigos se reunirán hoy, 22 de enero, en el tanatorio Albia de Zornotza, para celebrar todos los momentos vividos con Mikel y darle un hasta luego.