Aristas de Karrantza
El etnógrafo Luis Manuel Peña Cerro y el IES Karrantza BHI reciben la réplica del prisma de Ahedo, que simboliza la implicación de personas y entidades con el valle en dos décadas de galardones Karrantza Naturala
En octubre de 2002 las obras de restauración dejaron al descubierto que una estela románica “de 800 años de antigüedad” era en realidad un prisma dos de cuyas caras habían permanecido “encajadas y ocultas” en la fachada de la iglesia de San Miguel. Desde entonces, el prisma de Ahedo “se ha convertido en un símbolo del patrimonio local y emblema de los premios Karrantza Naturala” que ayer cumplieron dos décadas y 18 ediciones –con el paréntesis de las dos que no pudieron celebrarse por la pandemia. Haciendo gala de complicidad con el público en una kultur etxea llena hasta la bandera, Sergio González y Ana Orcasitas, presentadores del acto, recorrieron la trayectoria de estos galardones que premian la implicación con el valle encartado de personas y entidades.
Luis Manuel Peña Cerro acostumbra a pedir a la asociación Karrantza Naturala el cartel conmemorativo para almacenarlo como parte de la conservación del patrimonio inmaterial local a la que dedica su vida. Ayer le entregaron el más reciente, el que cuenta con su nombre y fotografía en calidad de galardonado. “Pero, ¿ha aceptado?”, preguntaban sus incrédulos amigos a la organización al enterarse de que sería uno de los homenajeados dada su proverbial timidez. Pero en cuanto toma el micrófono “nos ofrece una clase magistral”, alabó Rafa Ibargüen.
Semblanzas cómplices
Fue uno de los llamados cómplices, allegados que trazan sobre el escenario conmovedoras semblanzas de los premiados. Completó su perfil del etnógrafo glosando una amistad que nació en las reuniones en la kultur etxea de Concha “en una especie de junta para tratar de promover la cultura de nuestro pueblo”. Los padres del homenajeado “depositarios de los valores rurales le trasladaron todo ese conocimiento natural de la vida” que en estos últimos años pone en práctica ejerciendo de jurado en las convocatorias de la residencia artística de la asociación agroecológica Mutur Beltz.
Luis Manuel Peña Cerro agradeció “a los informantes que han hecho posible que yo me dedique a la etnografía” en las entrevistas que comenzó a realizar a los 14 años, a sus abuelos, espoleado por sus primeras lecturas sobre mitología en la biblioteca y la figura de aita Barandiaran. En las charlas “me han ido transmitiendo experiencias y , conocimientos para “poder asomarme al mundo comprobando que la sabiduría es un don que no necesariamente se reparte en las universidades”.
“Necesitas una estructura” en una andadura como la suya, compartió con espectadores y espectadoras. Un apoyo que le procuraron los grupos Etniker que creó José Miguel de Barandiaran”, su referente, a quien llegaría a conocer, aglutinados en Etniker Euskalerria y con agrupaciones territoriales. Hace cuarenta años que “Miguel Sabino Díaz y yo nos incorporamos a Etniker Bizkaia y allí hemos trabajado utilizando una metodología común conformando una comunidad que sigue viva” sobre la base de la cooperación. En algunos momentos “nos hemos coordinado hasta ochenta personas”, explicó el miembro del comité de redacción de Atlas Etnográfico de Vasconia desde 1988.
Y en Etniker “la diversidad cultural de Euskal Herria” no solo se acepta, sino que conforma la materia de estudio “para evitar que caiga en el olvido” rehuyendo estereotipos “tan vigentes hoy en día, lo que ha posibilitado que muchos integrantes de Etniker que vivimos en la periferia de Euskal Herria y difícilmente nos podemos adaptar a una especie de estándar sobre ser vasco contribuyamos a gusto al proyecto”.
No se olvidó de “quienes nos precedieron, carranzanos que décadas atrás comenzaron a recoger datos sobre modos de vida”. Cuando Barandiaran “inició este recorrido en su primer equipo de colaboradores ya figuraba un carranzano y cuando empezaron a poner por escrito las investigaciones en el primer número del anuario de folklore, datado en 1921 ya firmaba un carranzano”.
Él ha recogido el testigo con investigaciones sobre ganadería, veterinaria o juegos infantiles “ligado al instituto Labayru, donde trabajó bastantes años”, señaló Miguel Sabino Díaz, amigo investigador también ganador del premio Karrantza Naturala en una edición anterior, que alertó sobre “la falta de gente” en el estudio de campo y la divulgación de las tradiciones más cercanas, desde “alimentación del ganado, juegos infantiles o ritos de paso desde el matrimonio”.
Educación pública rural
“Buscamos en el pasado las raíces de nuestro futuro”, reza una de las máximas de Etniker Euskalerria que encaja con el IES Karrantza BHI. Este curso se ha implantado un grado medio en Gestión Administrativa que se ha estrenado con once estudiantes y para el próximo se cumplirá el anhelo de acercar el Bachillerato público a alumnado de Karrantza y Lanestosa.
Bea Fernández, antigua alumna y actualmente parte del equipo que imparte el grado medio, dio las gracias a la dirección “por el esfuerzo para implantar esta oferta en una zona rural que nos evita desplazamientos de muchos kilómetros a otros municipios”, así como a “Ana y Álex en secretaría y conserjería” por su trato cercano y humano y al profesorado” encarnado en “Ane, Asier y María Cristina”.
La amabilidad marca la diferencia en un centro que ha visto pasar por sus aulas a varias generaciones familiares. Como Adrián Fernández y su madre. “Representa para mí un motivo de orgullo compartir claustro con ella” como compañeros, reconoció. En los pueblos pequeños “la escuela no es solo escuela, sino también punto de encuentro, referencia y raíz, una de las más profundas de nuestra comunidad dotada de un valor que se entiende con el tiempo”, en su caso del privilegio de formar parte del instituto desde ambos lados del pupitre. Respecto a la etapa actual, resaltó “el esfuerzo incansable de la actual dirección en la ampliación del itinerario lectivo”.
Iker García, Jose Iriondo y Joseba Edesa defendieron una educación pública “que llega a entornos rurales, euskalduna de raíz, defensora de la ciencia, enemiga del odio y protectora de la diversidad, transformadora, aquella que tiene por mandato educar por, para y desde la convivencia, la tolerancia, la igualdad y la libertad responsable”. Hablaron en euskera, con el mensaje traducido al castellano en papeles depositados en las sillas del público, de “la oportunidad de futuro” que va a suponer la implantación del Bachillerato, ya que “mejorará los tiempos de estudio, descanso y ocio garantizando que la juventud lo curse en igualdad de condiciones, por que fortalecer los servicios públicos en nuestro territorios equivale a fortalecer los derechos de sus habitantes”.
Se despidieron entonando un bertso que podría pasar a engrosar los archivos de Luis Manuel Peña Cerro. A quien, por cierto, en Karrantza gustaría ver compartiendo su saber con alumnos y alumnas del valle para ir sembrando la semilla del relevo generacional en el amor y la difusión de la cultura más próxima en el día a día.
Trayectoria
Dos décadas y 18 ediciones. Ayer se cumplieron veinte años de la primera edición de los Karrantza Naturala, en 2006. Y 18 ediciones, por el paréntesis de la pandemia.
Iglesia
2002
La restauración acometida en 2002 en la iglesia de San Miguel de Ahedo desvelaron que su estela románica era un prisma. Dos de sus caras habían permanecido encajadas en la fachada. Réplicas de ese prisma se entregan en los premios.