Director de Deusto Cities Lab y catedrático de la Universidad de Deusto

Roberto San Salvador del Valle: "Bilbao ha resultado ser una ciudad bastante equilibrada en su desarrollo"

En el Día Mundial de las Ciudades, Roberto San Salvador del Valle reflexiona acerca de la transformación de Bilbao, sus rasgos más loables y sus retos pendientes

30.10.2020 | 13:22
Roberto San Salvador del Valle

Desde la visión que le aporta su participación en el proyecto Making Cities, uno de cuyos objetivos es difundir el concepto de desarrollo urbano sostenible, el director de Deusto Cities Lab resalta el desarrollo equilibrado que ha llevado a cabo Bilbao, que le ha llevado a ser una ciudad emergente que llama la atención en el exterior, mientras sigue aportando mejoras en el plano de la sostenibilidad, en el cual pone el foco la jornada de hoy.

¿Cuáles considera los valores más destacables de Bilbao tras su transformación en las últimas décadas?

-Bilbao ha resultado ser una ciudad bastante equilibrada en su desarrollo, tanto desde el punto de vista de su transformación medioambiental como económica, social y cultural. Ciudades que con el tamaño intermedio de Bilbao hayan conseguido un punto de equilibrio entre estos ámbitos no hay tantas.

¿Podría catalogarse como un modelo de transformación urbana sostenible?

-Yo suelo decir que es una práctica inspiradora. Me parece que es una ciudad que ha sabido enfrentarse bien a los retos que tenía planteados. En los años 70 sufrió una potentísima crisis económica, acompañada de una crisis política porque estaba cambiando de régimen político en medio de una violencia política muy importante, socialmente la herencia del periodo anterior dejó unas grandísimas desigualdades sociales y desde el punto de vista cultural, nuestra cultura expresada en euskera estaba absolutamente prohibida y nuestras organizaciones culturales se habían quedado en muchos casos un poco roñadas por falta de inversión y de innovación. Bilbao es un buen ejemplo de cómo hacer frente a esas crisis, a lo que se añade una crisis medioambiental de primera magnitud por la propia contaminación y polución que atacaba su ría y su aire y, por otro lado, la gran crisis de la noche de agosto de 1983 cuando nos enfrentamos a las inundaciones.

¿Tiene una visión positiva del cambio también desde el punto de vista medioambiental?

-La presión sobre el espacio y los recursos ha sido tan grande que las heridas son nítidas. Es decir, la contaminación industrial del aire, la polución de la ría, los suelos contaminados y la construcción de viviendas y de un urbanismo de altísima densidad no se pueden reabsorber en muy poco tiempo. Es un proceso largo y ambicioso, porque el daño es muy grande y queda mucho por hacer. No obstante, la recuperación de la ría y de sus márgenes está siendo muy interesante, se ha ido dignificando la vivienda, hemos recuperado el aire... si bien el transporte, la movilidad y la edificación mantienen una contaminación atmosférica que hay que mejorar. La crisis de 2008 ha tenido un impacto regresivo en esta realidad y la pandemia nos está haciendo un daño atroz, pero la evolución es buena.

¿Qué retos medioambientales quedan pendientes?

-Bilbao tiene muy poca disponibilidad de suelo y hay que actuar con mucho cuidado, con una acción de cirujano fino, para aprovecharlo bien, haciendo un espacio urbano de calidad, rehabilitando viviendas, mimando el espacio rural que queda y naturalizando el espacio con corredores verdes, con más elementos naturales en fachadas, tejados, avenidas, etc., por ejemplo. Otro reto medioambiental muy importante es la movilidad, donde el transporte público o privado contaminante va dejando paso al de cero emisiones y dando paso, como último reto, a una ciudad más ciclable, más humanizada.

Las mejoras urbanísticas no se han quedado solo en el centro, están llegando también a los barrios...

-No hay ciudad exitosa si sus periferias no son exitosas. No podemos crear ciudades de dos velocidades. El centro tiene que tener atractivos para los vecinos que en él viven y para que nos visiten personas de otras ciudades, pero la periferia debe ser tratada como un centro, y formar parte de ese Bilbao con gran calidad de vida y bienestar. Ha habido un esfuerzo notable y todavía hay diferencias pero ha existido una sensibilidad hacia ello y debe seguir habiéndola, sin descuidarse para no caer en la degradación. Para equilibrar bien la ciudad hay que estar muy atentos a la periferia, porque es diversidad, cada barrio plantea sus retos.

¿La participación ciudadana es importante en este cometido?

-La ciudadanía ha delegado demasiado en las instituciones, si bien la sociedad bilbaina ha sido siempre muy emprendedora y aquí ha habido personas muy activas y comprometidas en campos muy diversos, lo que nos ha dado un perfil peculiar que no hay que perder. No hay que hacer dejación del papel que cada cual tiene en la preservación de una ciudad. Las instituciones no son el único agente que debe transformar la ciudad.

¿Su transformación ha proyectado a Bilbao al mundo?

-Es una ciudad que llama la atención en el exterior. Siendo humilde en cuanto a su potencialidad demográfica, tiene cierta presencia a nivel mundial. Estar en el mundo es bueno para exportar nuestro conocimiento y saber hacer y para aprender de lo que otros hacen bien o de lo que nos recomiendan hacer. Es fundamental que haya gente interesada en venir a Bilbao, porque el turismo es una vía importante para captar recursos y contribuye al desarrollo. Uno nunca sabe lo que está invirtiendo cuando es un buen huésped de alguien que viene. El turismo genera cómplices de rincones distintos del planeta.