Gordexola - Con un nombre como Afrodita no podía menos que encandilar al jurado del concurso provincial de vacas de raza frisona que acogió la feria de Gordexola. La triunfadora de la jornada porta genes ganadores. No en vano, “su abuela ya recogió un primer premio aquí”, según apuntaron desde la explotación Ondarte Gain, de Igueldo donde crece. Pero eso no basta. Hacerse con la banderola azul que acredita como la mejor vaca del evento se traduce en prestigio para los participantes y, conscientes de que prevalece la primera impresión tienen entre algodones a las protagonistas antes de que pisen fuerte en su particular pasarela ante unos espectadores que honraron la esencia rural y ganadera local.

El mismo día del concurso las acicalan para que la piel luzca brillante. “Las lavamos, las aplicamos un producto y? ¡a la pista!”, explicó Miren Ardeo, de Gatika. Ya superado el trago de pasear ante el experto, es hora de ordeñar, una vez que la vaca ha exhibido la capacidad de las ubres. “Normalmente tiene para unos cincuenta litros de leche, pero como está nerviosa está dando menos”, señaló. Parece que a los animales también les pesa la responsabilidad, pese a que están acostumbrados a moverse por el circuito. En este caso, Gordexola cierra un calendario que también condujo a los ganaderos de Gatika a “Tolosa e Irún”.

Aprender a puntuar El juez internacional Jaume Sarrabasa examinó a las seis finalistas en la ronda decisiva. Pidiendo aplausos para alargar el suspense de la elección definitiva, entregó el banderín a los dueños de la vaca guipuzcoana Afrodita. A lo largo de trece años acudiendo puntual a su cita con la San Andrés y La Inmaculada, aprecia “un cambio a mejor en cuanto a la calidad”, aunque le gustaría que se registrara mayor número de inscripciones. Su ojo crítico escudriña cada detalle de las vacas. “La ubre es el rasgo definitorio, que representa el 40% de la puntuación. El resto se distribuye entre el aspecto de las patas, la estructura del cuerpo, la angulosidad o, la grupa, que es la parte posterior, por donde paren”, describe. En el lado negativo de la balanza, puede penalizar “todo aquello que se aleje de la vaca de referencia”. Es decir, un modelo imaginario que encarna el ideal de la raza y ha evolucionado, “desde hace unos años, cuando se premiaba a las vacas más grandes” a la época actual, que “recompensa la funcionalidad de cara al funcionamiento diario en las explotaciones”.

Incorporar el calificativo de internacional a su título le ha costado horas de estudio, además de “exámenes teóricos y prácticos” que le facultan para ejercer de juez en el territorio europeo. Recientemente participó en una feria de raza frisona roja en la ciudad francesa de Colmar. “Por así decirlo, renuevo el carné cada cuatro años”, compara, y anualmente se reúne con sus compañeros en un proceso de reciclaje permanente para no perder sus habilidades. Aunque “el día a día” y las ferias constituyen el mejor entrenamiento posible. Enfrente, los ganaderos aceptan de buen grado las críticas constructivas de Jaume. “Ellos saben muy bien cómo mejorar y toman nota para hacerlo”, apuntó ayer tras departir amistosamente con el ganador y la segunda clasificada, la explotación carranzana de Casanueva y confesarles que le había costado decidirse.

A la hora de cruzar a las vacas, “estamos atentos a cómo salen los terneros” si la combinación funciona, de manera que se camuflen los defectos. Si es así, el toro repite, “siempre evitando la consanguinidad”, desveló otro de los ganaderos.

Y la tecnología les brinda las herramientas a las que la naturaleza no alcanza. “Se realizan pruebas genéticas a las reses para las cuales sus propietarios otorguen consentimiento y los resultados se publican cada cuatro meses”, afirmó el juez Jaume Sarrabasa. Normalmente les interesa, porque no existe mejor promoción que unos indicadores aptos para revalorizar a los animales en el mercado.

En la granja siempre hay trabajo que hacer, y eso que “no obtenemos rentabilidad hasta que la vaca cumple dos años, pare por primera vez y empieza a dar leche”, indican desde la explotación de Igueldo ganadora ayer, que calcula en “cuatro o cinco” las veces que una vaca da a luz en su vida, mientras los ganaderos controlan de cerca “deseando que el proceso se desarrolle de forma natural y no sea necesaria una intervención de urgencia”. Afrodita, la ganadora ayer, acaba de entrar en su etapa fértil. Unido ese factor a su linaje de campeona, hace que en Gordexola le auguraran una exitosa trayectoria que puede que se vea recompensada con más premios en el futuro.

Granja en la calle Sin embargo, rivalizó por el cariño del público con la revelación de la feria: cinco lechones recién nacidos que fueron adoptados inmediatamente como mascotas de la jornada en compañía de su madre, como si la granja se hubiera trasladado al asfalto por unas horas. Se dispararon multitud de fotografías desde los teléfonos móviles para diversión de los más pequeños, sobre todo quienes no han estado en contacto con la vida en el campo. Cerca de veinte burros encartados, diez caballos, sesenta reses de vacuno mixto, pirenaico y limusin se distribuyeron en el espacio acondicionado detrás del frontón. En los alrededores de la iglesia de Molinar se concentraron las aves participantes en la monográfica de Euskal Oiloa de Enkarterri, mientras que los artesanos se guarecieron del frío en el interior del frontón y la plaza se llenó de productos del caserío.

No mostraron debilidad frente a las bajas temperaturas los alumnos de colegios de los alrededores que no se movieron de su puesto para vender pintxos con sabor a campo.