Derio - Cientos de diminutos ladrillos y un bote de pegamento. Esos son los ingredientes imprescindibles para elaborar una de sus maquetas. Y sobre todo, paciencia. Muchísima paciencia. Y de eso tiene una barbaridad Diego Santamaría. Este vecino de Derio lleva varios años sumergido en esta minuciosa afición. Sus manos expertas y cuidadosas han levantado recreaciones de múltiples y variados edificios. Y sus dos últimas creaciones son un homenaje a su pueblo, Derio. Y es que Diego ha reproducido la iglesia de San Cristóbal y la antigua estación del tren. Pieza a pieza, hora a hora, día a día, estas dos flamantes maquetas muestran al detalle sendos rincones deriotarras. Pero Diego no piensa quedarse ahí y ya tiene en mente continuar con maquetas de otros rincones del municipio, como el edificio consistorial. “¡Y la iglesia de San Isidro! ¡Mira, eso también lo voy a hacer!”, exclama con entusiasmo.
Nacido en Melilla hace 72 años, Diego lleva la friolera de 44 años afincado en Derio. En esta localidad de Txorierri tiene arraigada su trayectoria vital. Este deriotarra se ha dedicado al mundo de la construcción como albañil. Hoy día está jubilado. Pero el que tuvo, retuvo. Y con ojo experto y habilidad infinita, hoy disfruta de estas pequeñas construcciones de ladrillo en miniatura y tejas chiquitinas.
Fue hace cosa de diez años cuando Diego se inició en esta afición. Estaba recuperándose de una dolencia y debía hacer reposo, así que, uno de sus nietos le regaló todo lo necesario para que realizara la maqueta de una pequeña casita country y se entretuviera. Aquel fue el principio. Después de aquella casita llegaron otras, mucho más complejas, y después un castillo, una iglesia románica... Hasta que se animó con edificios deriotarras.
Para realizar estas maquetas compra los ladrillitos y las tejas en tiendas especializadas, y él mismo talla y pule todos los elementos de carpintería, como vigas, bajotejas, puertas, etc. A sus maquetas no les falta detalle. Como reloj de la torre de la iglesia de San Cristóbal ha utilizado un reloj de su mujer, y para el campanario ha reciclado un puñado de campanitas de envoltorios de Navidad. Para recrear las farolas, nada mejor que trozos de corcho de botellas y bolitas de papel de alumnio. Asegura que la maqueta de la iglesia de San Cristóbal es la que más le ha costado y que invirtió más de dos meses en culminarla. “Es la más difícil porque es la que tiene más recodos. La he ido haciendo a ratitos”, narra.
al detalle La cuestión es que estas últimas maquetas nada tienen que ver con aquella primera casita que realizó. Ahora el trabajo es mucho más fino, más cuidado. Diego ha aprendido a controlar esta técnica y ha perfeccionado los detalles. Su casa atesora muchas de estas maquetas que fascinan a los más pequeños de la familia. “¡A mis nietos les encantan!”, narra. De hecho, más de una vez los chiquillos han invitado a sus amigos a ir a ver estas recreaciones y la casa se ha llenado de pequeños maravillados.
Diego tiene la mirada viva y la sonrisa constante. Y muchas ganas de continuar recreando rincones de su pueblo, de Derio. Ahora tiene la vista puesta en el edificio consistorial y en la iglesia de San Isidro. Pieza a pieza, un Derio en miniatura va tomando forma gracias a las manos pacientes de Diego.