Maruri-Jatabe - Cuando un común mortal alza la vista hacia su inconfundible silueta, contempla un monte sólido, arisco, potente, que domina la comarca de Uribe-Butroi y roza con su falda desde Bakio hasta Maruri-Jatabe, desde la costa hasta los pueblos del interior. Pero cuando Plácido Ugarte mira hacia el Jata, ve algo más que una masa pétrea y vegetal. Plácido lee entre los surcos y entre la maleza y vislumbra el dolor, los estallidos y la descarga de energía que en su día marcaron la idiosincrasia de este monte mítico... Fue aquí donde en mayo de 1937 se libró la Batalla del Jata, que concluyó con la conquista de este monte por parte de las Flechas Negras, un regimiento de mandos italianos y tropa mixta, mayoritariamente española, que avanzaba al servicio de Franco. El monte Jata y Maruri-Jatabe fueron unos de tantos rincones de Bizkaia que sufrieron los envites de la Guerra Civil. Paisajes y gentes de la zona encierran vestigios y recuerdos de aquella contienda que no debe olvidarse para que no se repita. Y Plácido Ugarte, vecino de Maruri-Jatabe y gran estudioso de este episodio histórico, se ha propuesto recuperar y dar a conocer los restos y testimonios de la guerra existentes en este pueblo.

Este bilbaino afincado desde hace años en esta localidad de Uribe-Butroi es licenciado en Historia. Aunque no se dedica profesionalmente a ello, es un apasionado de esta rama del conocimiento y siempre ha tenido un especial interés por la Guerra Civil. Al establecerse en Maruri-Jatabe, conectó de una manera directa con los escenarios de la Batalla del Jata y se adentró en los recovecos de este monte para encontrar los lugares en los que transcurrió aquel oscuro episodio en el que había profundizado a través de los libros.

Conoció a otro vecino de Maruri-Jatabe, Estanis Fernández, también estudioso de esta contienda, y ambos decidieron ponerse manos a la obra para localizar elementos de la guerra y ponerlos en valor. Trincheras o nidos de ametralladora son algunas de las construcciones que se han ido topando en este monte, para proceder luego a limpiarlas. También se mueven por el área de Andraka-Goikomendi, donde, según narra Plácido, el ejercito de Euzkadi llevó a cabo una zona de defensa que empezaba en Armintza y acababa en el castillo de Butrón. Por esos parajes han encontrado nidos de ametralladora y galerías de mina, unos túneles que se cavaban para guarecerse de bombardeos o como almacén.

“Estamos intentando que se pongan en valor esos elementos”, resalta. “Nos gustaría que hubiera una ley que protegiera estas cosas”, añade. En este sentido, cuentan con el apoyo del Ayuntamiento de Maruri-Jatabe y han organizado exposiciones y visitas guiadas a estos restos que pueden hallarse en el Jata y alrededores. En la kultur etxea del pueblo, el Consistorio ha habilitado dos vitrinas con objetos que han encontrado en la zona y que les han cedido otros vecinos, como puntas de balas, cascos, platos y cucharas, un trozo de granada, hebillas...

Testimonios La recogida de testimonios orales entre los vecinos del pueblo es otra labor en la que se encuentra sumido Plácido. “Ya no quedan gudaris en Maruri-Jatabe, pero sí gente que en aquellos tiempos eran niños. De los que lucharon en la contienda, casi todos han ido falleciendo”, narra. Con toda la información y recuerdos que está recopilando en estas entrevistas va a elaborar un dossier que entregará al Ayuntamiento de Maruri-Jatabe.

Ahora, uno de los objetivos de estos vecinos es crear una asociación en el pueblo que trabaje en este sentido, que recupere la memoria de ese pasado en la localidad, una memoria que ha quedado un tanto desdibujada para las nuevas generaciones. “Es una parte triste de la historia, pero es importante que no se olvide”, explica. Y resalta ante todo el valor de las historias humanas. “En una guerra hay una retaguardia con gente que sufre”, añade.