Rafael Gardeazabal: "La franquicia es el enemigo número uno de la personalidad"
El arte de vestir bien es uno de los valores tradicionales de Bilbao que se prolonga en el tiempo, adecuándose a los tiempos. Rafa Gardeazabal es testigo privilegiado
Bilbao - El ecosistema de Bilbao -diría, en verdad, que el de medio mundo...- ha sufrido cambios convulsos, un temblor que ha provocado una involución sobre las costumbres que ha traído consigo una transformación de la que nace un Bilbao extraordinario a la hora de vestir. Rafa Gardeazabal sabe que aquellos tiempos no son lo que fueron. Y, sin embargo, desde la tienda Derby Gardezabal se sujeta como una tradición irresistible, un lugar capaz de resistir el tren de vida que hoy nos marca el paso.
¿Qué fue de aquel Bilbao que queda atrás?
-El Bilbao de hoy no tiene nada que ver con lo que fue, aunque no podemos decir si es mejor o peor, solo diferente. Si me pregunta sobre la forma de vestir, la verdad es que antaño vivimos un tiempo glorioso que hoy no existe.Detecto algo peor, por mucho que no quiera mojarse...
-Han cambiado los hábitos de la gente, de eso no cabe duda, a la hora de vestir. Hace unos años la ropa estaba en el segundo o tercer lugar en la preferencia de la gente y hoy ha pasado a lo últimos puestos. Ya no le importa tanto a la gente cómo vestir.
Así que el bilbaino dandy...
-La fama del bilbaino elegante sigue, pero ya no es lo que fue. Hoy la elegancia es otro mundo, no tiene la misma importancia en el hombre del siglo XXI.
¿Qué ha dañado esa tradición de los trajes inmaculados?
-Tengo que reconocer que la franquicia es el enemigo público número uno de la personalidad. Todo ha dado un giro de 180o y la gente vive y viste igual en Bilbao, en Madrid o en Londres. Y cada día pesa más en el traje el precio que la calidad.
¿Qué salida tiene para esa realidad un comercio como el suyo, el negocio tradicional y familiar?
-Solo tiene la puerta de la profesionalidad. Hay que atender al cliente como si fuese único, como si fuese alguien especial aquel que entrase por la puerta.
Con todo, notan que...
-El precio se ha convertido en la razón principal de la compra. Para el Bilbao de antaño, la etiqueta era algo secundario y hoy es la razón principal, lo que les empuja.
¿Incluso en locales tradicionales y de tanto nombre como el suyo?
-Sí. Yo he conocido clientes que decían tener el suficiente poco dinero como para tener que hacerse un buen traje y eso ya apenas queda. Ha cambiado ese sentimiento en todo Bilbao.
¿Quién ha marcado el cambio de ritmo?
-No lo tengo claro. Hay quien piensa que el cambio es producto de los políticos, pero no tengo muy claro de quién es el cambio. Hay más variedad y más oferta pero el que antes tenía cien para gastar hoy sigue teniendo cien y más oferta.
¿Y cómo afecta esa transformación en aquellos comercios tradicionales, muchos de ellos negocios familiares?
-El mayor problema de las tiendas tradicionales es el mercado inmobiliario. ¿Cómo lograr que alguien se resista a un alquiler de esos precios que hoy se estilan...? Es muy difícil.
Insisto. ¿Cómo lo han logrado ustedes?
-Porque sabemos lo que somos y lo que queremos. Esto no es una herencia sino una forma de vida.
Habla de la voluntad. No es algo tan fácil.
-Es verdad. Ahí estaban Echegaray, Alonso... ¡Qué pena! Es muy difícil ajustar los precios y hay mucha gente harta de tanta pelea.
Imagino que también pasará con la pelea con el cliente...
-No siempre tiene razón, como se dice, pero hay que aguantarle. A alguien ilusionado con una prenda no es fácil decirle que no, que eso no encaje con su figura. Hay que tener diplomacia y saber jugar con paciencia, en el buen sentido de la palabra. Pero no es fácil.
Tal y como habla no parece fácil dibujar un futuro... ¿Cómo se ve dentro de 10 años?
-Vendiendo ropa y disfrutando. Hasta que dependa de nosotros, vamos a agarrarnos a esa tradición. Las tiendas familiares no tienen solo como objetivo la cuenta de resultados, uno defiende una forma de vida y que el nombre siga vivo, se mantenga presente.
Pese a que la calle, insisto, pida otra cosa...
-La mayoría de la gente prefiere un móvil que un traje, pero es lo que hay. Me da pena entrar en un banco y que alguien te atienda vestido de cualquier manera, pero debemos amoldarnos a ese mundo.
Hay que trabajar con los clientes del futuro... ¿Cómo ve esa tarea?
-Difícil. Yo tengo una hija y le importa más el fin de semana que el resto de la semana. También ahí ha cambiado el mundo. Es una generación muy preparada pero me cuesta ver sus objetivos.
¿Qué ha cambiado?
-El trabajo ya no es el centro de su vida. El ocio se ha convertido para ellos -para todos, en general...- en el gran centro de consumo. Trabajar un sábado por la tarde, por ejemplo, les parece una aberración. Se ha perdido ese espíritu entre los jóvenes, el trabajo es un enemigo.
Usted se fue a Nueva York y también fue un joven rebelde... ¿Qué le enseñó aquel viaje?
-Vi otro Bilbao a la vuelta que a la ida, sobre todo por la comparación. Yo recuerdo los Estados Unidos de JFK y de las oportunidades, aunque fuesen muy cerrados. Del País Vasco no conocían apenas nada y de Alemania, por ejemplo, casi solo a Hitler. Pero sí creían en sus oportunidades. Eso tenía mucho valor. ¿Qué nos diferenciaba?
-No entendían un mes de vacaciones pagadas, tantas reivindicaciones. Ellos pensaban que debían ganarse la vida, que no se lo daban todo hecho por haber nacido en...
Un mundo distinto que también debiera tener sus peros, digo yo...
-La cultura, por ejemplo. Yo le doy una importancia enorme. Las matemáticas, la filosofía, lo que uno lee y se informa. No me gusta nada el ejemplo clásico del típico abogado millonario que es un inculto, que solo está formado en algo muy concreto.
Y que se ha labrado un camino, dirán algunos...
-Un niño que lee es un niño rico, no lo olvide. Es una maravilla.
Son valores perdidos.
-En algo sí. Nos faltan líderes formados. Y claro, luego miras a los políticos y ves esa corrupción rampante y piensas... ¡uf!
¿Cómo deber ser un líder de hoy?
-Es difícil definirlo. Alguien cuelga un vídeo en Youtube y en un cuarto de hora es famoso en medio mundo... ¿Eso es un mundo? Yo creo que no, pero no voy a criticarlo. Es la época que nos ha tocado vivir.
No parece muy entusiasmado
-¿Qué es, por ejemplo, One Direction? ¿Son líderes? Yo creo que son productos. Buscar líderes innatos es muy complicado. Insisto, estamos en una época llena de productos y vacía de líderes.
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