Sestao
Decía el conocido alpinista y guía de montaña francés Gastón Rébuffat que las montañas, al igual que los océanos o los desiertos, "son nuestros jardines salvajes, tan necesarios e indispensables como el agua o el pan; no solamente porque el aire resulte más puro que en las ciudades, sino porque, ante todo, constituyen lugares de plenitud, donde el hombre puede caminar, correr, detenerse, contemplar, trepar, navegar, tener hambre, tener sed, utilizar el vigor de su cuerpo, y hacer respirar su corazón y su alma".
Una máxima que desde hace 60 años cumplen a rajatabla los socios del Sestao Alpino Club hoyando las cumbres más señeras de Euskal Herria y del resto del Estado, con el entusiasmo, pero también con la lucidez necesaria para ser conscientes de la fuerza moral y física que se posee ante cualquier dificultad que les supere.
Y si no que se le pregunten a Marcelino Gayubo Nino, un mendigoizale que ayer, a sus 87 años, volvió a la cumbre del Pico Mayor (746 metros) rememorando la ascensión que hizo un 8 de diciembre de 1952 y que marcó el primer hito del club sestaoarra al que pertenece.
"Entonces no había tantas facilidades como hay ahora. Entonces no había tantos coches y para hacer las excursiones teníamos que coger el tren o el autobús para acercarnos a los sitios y de ahí al monte. Además antes no había chubasqueros ni botas como ahora, solo chaquetas y txapelas", rememoraba este extrabajador de La Naval y de la Diputación, que sigue moviendo sus piernas a diario.
"Ahora vivo en Las Arenas y todos los días me doy un buen paseo hasta el molino de Aixerrota o por Punta Galea hasta el faro", señala este hombre tranquilo que cuenta en su haber con miles de metros de ascensión en su dilatada carrera deportiva. "Yo he hecho concursos de alta montaña con el club llegando a superar los cien mil metros al año porque había que hacer más de 20 montes de más de dos mil metros cada uno", recuerda este infatigable montañero, que comparte afición con los cerca de 450 socios que hoy día tienen ficha en este veterano club de Ezkerraldea.
Sin fronteras "Curiosamente en el club hay gente de muchas localidades de la comarca de la Margen Izquierda, aparte de Sestao, de Bilbao y Encartaciones, e incluso contamos como socios con un grupo de espeleología de Madrid con el que solemos compartir salidas y que más de una vez han utilizado nuestro refugio", apunta José Manuel Sánchez, presidente del club hasta el pasado mes de marzo, cuando le tomó el relevo Juan Carlos Navas quien, por motivos laborales, no pudo acudir a la ascensión aunque pudo acercarse a última hora de la mañana a la celebración que tuvo lugar en el centro de interpretación de Peñas Negras a los pies del Pico Mayor.
Celebración Allí se dieron cita cerca de cincuenta aficionados para disfrutar de la montaña, de la efemérides del club y, como no, para homenajear a los montañeros y montañeras ausentes y animar a los más jóvenes a seguir con esta afición deportiva.
"No hace mucho falleció uno de los socios fundadores del club, pero aún disfrutamos de la compañía y el buen ánimo de algunos de los veteranos como Nino", reseña Sánchez, quien reconoce que el relevo generacional, como en casi todas las asociaciones, es una de las asignaturas pendientes.
"Aunque pueda parecer fácil, en los tiempos modernos en los que vivimos en que la gente de los clubes se va haciendo mayor y la gente joven tiene tantas alternativas fáciles y sin ningún esfuerzo a su alcance, es difícil que un club de montaña sea longevo", explican desde el club alpino, que el próximo día 23 celebrará el Día del Turrón ascendiendo los 704 metros de altitud del monte Urregaray en Markina.
Una subida sin apenas dificultad que esperan culminar en poco menos de tres horas y en la que confían se apunten algunas de las cerca de 100 socias con las que cuenta el club. "No hay paridad en el montañismo", apunta con cierta sorna uno de los avezados montañeros del Alpino, que intenta inculcar a su hija Janire, de 22 años, los encantos de esta práctica deportiva. "A mi me gusta subir al monte", comenta la joven, "lo que no me gusta es madrugar", señala decidida.
A primera hora "Es una cuestión, la del horario, que siempre genera una cierta controversia, ya que solemos salir a las siete de la mañana y hay quien opina que es demasiado pronto; pero lo cierto es que cuanto más tarde sales más cerca tienes que ir", asegura el padre de Janire en un intento por convencerla de que el madrugón merece la pena. Sobre todo cuando se plantean salidas lejos de la ría del Nervión, donde se desplazan con autobuses "que siempre son más lentos que un coche particular por lo que ganar un hora es mucho" añade.
Y es que el Club Alpino de Sestao programa a lo largo del año cerca de una veintena de salidas tanto de medio día como de jornada completa, e incluso excursiones de varios días ya que incluso disponen de un refugio de montaña en el Valle de Soba (Cantabria), en pleno corazón del Parque Natural de los Collados del Asón.
Para este próximo año hay programadas salidas por diferentes puntos de Euskal Herria, incluida una travesía a Donibane Garazi por los altos de Munhoa y Oilarandoi, así como escapadas al Pirineo oscense y las habituales salidas por la cordillera cantábrica.
Seguramente, en alguna de estas salidas estará el pequeño Xabier Suárez, el benjamín de la gran familia mendigoizale del Alpino de Sestao, que ayer, a sus 20 meses, también tomó parte en la celebración del sesenta aniversario del club del que son socios sus aitas.
"La montaña te da grandes satisfacciones como poder disfrutar de la naturaleza y conocer tu tierra desde lo más alto, y te ayuda a conocerte a ti mismo y tus limitaciones", reflexiona Nino que ayer volvió a dirigir sus firmes pasos hasta el buzón que sesenta años antes colocaron un grupo de mendigoizales criados a cota cero en la orilla del Nervión.