Abanto-Zierbena. Hoy día nadie se imagina una vivienda, por muy modesta que esta sea, que no cuente entre sus dependencias con un baño dotado de water con agua corriente y, sin embargo, este elemento constructivo era una rara avis edificatoria en las moradas levantadas en Bizkaia en el siglo XIX y principios del siglo XX, incluida la capitalina villa de Bilbao.
Curiosamente, fueron las penalidades residenciales soportadas por los trabajadores decimonónicos que explotaban las minas de hierro de la cuenca minera de Bizkaia, y sus decididas reivindicaciones residenciales, las que posibilitaron un avance considerable en las condiciones de la vida doméstica de miles de trabajadores, tanto de la minería como de la emergente siderurgia vasca.
Grosso modo, esta es la conclusión que se obtiene tras contemplar la exposición Casas Baratas de Bizkaia. De las casas mineras a la vivienda obrera que hasta el mes de noviembre podrá contemplarse en el Museo de la Minería del País Vasco en Gallarta (Abanto-Zierbena).
"Es el resumen de una investigación de cerca de 20 años por el devenir de las construcciones para los obreros y las conquistas que se fueron ganando a la hora de mejorar sus condiciones de vida", valora Ana Julia Gómez, comisaría de la exposición que supone el mejor inventario de este tipo de construcciones obreras llevada a cabo hasta ahora.
La historia nos retrotrae a una época, finales del siglo XIX, cuando las pésimas condiciones de vida de los mineros, marcadas por el hacinamiento y la falta de condiciones higiénico sanitarias de los barracones, autoconstruidos a pie de mina por los trabajadores con tablones de maderas y donde podían convivir hasta 30 obreros, desencadenaron "gran número de epidemias y pandemias que diezmaban a los trabajadores", reseña Gómez. La historiadora pone como ejemplo que, ante la falta de escusado, los "obreros debían hacer sus necesidades en un cubo que semanalmente era recogido en un carro por el mierdero, generalmente un mozalbete".
Revueltas Estas inmisericordes condiciones condujeron a los mineros a las revueltas de 1890 que llegaron a paralizar toda la industria de Bilbao y de la Margen Izquierda del Nervión e hizo intervenir al ejército. "El propio general Loma, que vino a sofocar la rebelión, al ver las condiciones de vida de los mineros se puso de su lado e intercedió ante las autoridades para mejorar su situación", apunta Gómez, quien fija en esta inicial reivindicación el punto de inflexión que llevaría a la promulgación de la Ley de Casas Baratas de 1910 la cual propiciaría el surgimiento en los años 20 del pasado siglo de numerosas barriadas obreras en diferentes polos industriales de Bizkaia.
En medio, las condiciones fueron avanzando lentamente en el entorno minero con la aparición de casas estables que, a pesar de las limitaciones de ocupación, dieron lugar a la existencias de pupilos y posaderos. Con la Ley de Casas Baratas en marcha, las empresas crearon un entramado de viviendas obreras, realizadas por insignes arquitectos como Manuel María Smith, Tomás Bilbao o los hermanos Basterra "que hoy se asimilarían a los adosados, con unas exigencias higiénicas como el water por vivienda que no se daba en muchas construcciones de Bilbao".