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Muere de un infarto al verse sin su barba

Muere de un infarto al verse sin su barbafoto: josé mari martínez

El arranque de la obra de Jardiel Poncela, Un marido de ida y vuelta, arranca con una suceso que bien pudiera encontrar hueco en la primera página de El Mundo Today, un periódico digital que viene a ser la tabla de náufrago de tanta información seria. En sus páginas pueden leerse informaciones que nacen en los bajos fondos de la imaginación. Sirva de ejemplo un puñado de noticias recientes: "La catedral de Ávila despide a su mendigo porque ya no daba pena" "Un periodista herido al explotarle la noticia que estaba manipulando"; "El Real Madrid planea fichar a un jugador muy idiota pero bastante bueno" o "Multan a un cine que ofrecía películas con final feliz: una señora masturbaba a los clientes al acabar el pase". Pues bien, la obra del dramaturgo, representada ayer en el Sozial Antzokia de Basauri, tiene un inicio apto para esas páginas: Muere de un infarto al verse sin su barba en un baile de disfraces. A partir de ahí, imagínense el despiporre.

No fue una sesión cualquiera. No en vano, la recaudación de la representación fue destinada a la Asociación de Obras Caritativas de Nueva Santa Rosa, Guatemala, uno de los veinte países más pobres de la tierra. Buscan la mejora nutricional y el control de las enfermedades de los niños, la detección precoz de cáncer de cuello de útero y el control y tratamiento de la diabetes y la hipertensión, tres causas con gloria para su defensa. Producciones Solidarias Lizarralde y Compañía ha puesto toda la carne en el asador para hacerlo. Tampoco son unos cualquiera. llevan desde 1996 haciéndolo. No en vano, su oficio no se ejerce sobre las tablas del teatro, aunque en sus ademanes, en sus gestos, en el corazón con el que actúan late la sangre de los actores. Así, bajo la dirección de Gemma Martínez y Maribel Salas, las dos únicas profesionales del pase, actuaron los doctores Ricardo Franco Vicario y José Luis Neyro; Carmen Gomeza, el periodista Iñaki Astigarraga, Eli Anduiza, María Jesús Fernández, Isabel de la Brena, Nuria Muñoz-Seco, Pilar Echeberria, José Andrés Zalduegi, Fran Bilbao, Inge Gabiria, Begoña Agirre y Gregorio Lizarralde. En las entrecajas, Lydia García, David Tazueco, Nati Ortiz de Zarate, Ana Sustatxa, María Conde, Laura Malumbres, Iratxe Zapirain y María García trabajaron en la tramoya de una obra que encandiló al pueblo. Como redondeo al elenco, el escultor Jesús Lizaso, Juan Carlos Txirapozu, Koldo González e Iñigo Cubero realizaron un cameo, bien ataviados de rigurosas viudas negras. Incluso el propio alcalde de Basauri, Andoni Busquet, estaba anunciado en el programa de mano. Las estrecheces de su cargo -de la agenda inherente al mismo, quiero decir...- le impidieron trabajar en la obra, que siguió con evidente descojone, si es que se puede decir con el lenguaje de la vieja La Codorniz.

La tarde, por cuyas callejuelas pasearon Mikel Escalante, presidente de la ONG beneficiada en este caso Rosi Castaneira, Gerardo Ayo, Nahia Egaña Iván Requejo, Lourdes Etxeberria, siempre de acá para allá para que todo funcionase con alegre ritmo, comenzó en el vestíbulo del teatro. Allí, ante decenas de basauritarras, el coro de la Sociedad Coral de Basauri, dirigido por Natxo Egiguren, puso las primeras melodías animadas de la tarde. Las escucharon con atención Nagore Alkorta, Cristina Muñoz, Begoña Viteri, Koldo Anasagasti, José Luis Erezuma, alcalde de Alonsotegi, Esther Eguskiagirre, Mikel Escauriaza, el senador Iñaki Anasagasti; el joyero Romualdo Doistua,Rita Arizaga, Iñigo Fernández, Ibon Castillo, Irune Fernández, Alfonso Arizaga, Mar Ballester, José Ángel Ortego, María José González, Loreto Fernández de Mendiola, Ricardo Gomeza, Carmen Campo, Itziar Cavia, Felipe Carlton, José Feijoó, Julio Madariaga y un buen número de ciudadanos que vivieron un par de horas morrocotudas, dejándose llevar por la imaginación en carne viva de Jardiel Poncela y una historia donde surgen aparecidos, equívocos y carcajadas a troche y moche, como se decía en los tiempos de Jardiel.