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¡Prost!

La Oktorberfest traslada a Bilbao la más pura tradición de las ferias bávaras

¡Prost!Foto: Juan Lazkano

Bilbao. Solo hay una cosa que sugerir a quien se acerque estos días a las carpas instaladas junto al Museo Marítimo: ¡Prost! Tome asiento en una de las mesas corridas, agarre con fuerza su jarra de cerveza y... ¡Salud! Porque todo lo demás lo tendrá a mano en la Oktoberfest. Litros y litros de líquido ambarino -también anaranjado y negro-, apetitosos codillos y salchichas, y deliciosos strudels de manzana. Y, por supuesto, la mejor animación bávara. Una orquesta se encarga de entonar polkas y marchas, mientras los camareros -ataviados con los típicos pantalones de montaña, ellos, y corpiños y faldas tradicionales, ellas-, reparten jarras de cerveza y bandejas con costillares asados entre las mesas.

"¿Ha estado alguna vez en la Oktoberfest?", pregunta Salvador León, de la organización, nada más atravesar el umbral, jalonada con una gigantesca jarra de cerveza y dos coronas de flores que anuncian el inminente biergarten (jardín de cerveza). "Pues esto es lo más parecido que puedes encontrar sin tener que irte hasta Munich", asegura.

No se equivoca. Desde la música ambiental, de la mano de la Oktoberfest Musik Band, a los aromáticos codillos y, cómo no, las gigantescas jarras de cerveza, todo desprende la más pura esencia bávara. Esa que no quisieron perderse Conchi ni Aurori, pese a peinar canas. "A una dama no se le pregunta la edad. Pon que tenemos más de 70 y ya está", ríen. Ambas se han decidido por un codillo, bien acompañado de chucrut y puré de patatas, y medio litro de cerveza cada una. "¿Y por qué no íbamos a venir?", comentan. "Nos gusta probar cosas nuevas y como lo vimos anunciado en el periódico, hemos querido ver qué tal ambiente había", explicaban. Junto a ellas, aún en la caja, Iker, Jon, Onintza y Mikel no conseguían ponerse de acuerdo en el menú. Y es que la lista de especialidades es extensa: cuatro tipo de salchichas diferentes -ahumada con virutas de haya, conocida como bockwurst, o con hierbabuena y especias, la conocida bratwurst-; ensalada de patatas, de embutidos, de puerro y jamón york, de arenques, todas al estilo Munich-; montaditos; pepinillos rellenos; brezels; pastel de carne; costillares, codillos... Todo llegado de tierras teutonas. Difícil elección. Y eso sin hablar de los postres, strudel de manzana y queso, o pastel relleno de frutas silvestres. La bebida, sin embargo, es clara: cerveza. Rubia, de trigo o negra. Incluso sin alcohol. La única duda es si pedir una de medio litro o de litro entero. Maitane y Endika brindan sus jarras al son de la orquesta, mientras dan cuenta de una ración de delicioso emmental al estilo Munich, con un poco de pimienta. Y con la mano, como manda la tradición. "Ein prosit, ein prosit...", cantan desde el escenario. "Arriba, abajo, al centro y...". Los comensales empuñan las jarras mientras suena la tradicional polca del barril. El brindis se repite cada media hora, aunque algunas mesas instauran sus propios horarios. Una última sugerencia: dejen el coche en casa. ¡Prost!