Balmaseda

loS más pequeños salieron ayer a las calles de Balmaseda a representar su propio Vía Crucis. Una Pasión Viviente que no tuvo nada que envidiar al de los mayores en ternura y espontaneidad y sirvió de antesala a la procesión de Santo Domingo. Esta mañana los jóvenes de entre 14 y 18 años escenificarán de nuevo las últimas horas de Jescucristo.

Ayer antes de la representación del ahorcamiento de Judas, el juicio ante Pilatos y la crucifixión los padres daban los últimos retoques al vestuario de los pequeños, aunque éstos no lo pusieron fácil. No pararon quietos ni un momento. Lucía, de cinco años, se veía un poco rara al principio con su túnica de mujer del pueblo. "Yo he salido de penitente, es raro que alguien no haya participado al menos una vez en las procesiones", explicó Erika, su madre, que le ayudó a ajustarse la ropa. Nahia, de nueve años, también estaba acostumbrada. "Se sube bastante a los escenarios", señaló su madre.

La tradición les viene casi desde el nacimiento y las familias aprovechan estas actividades para fomentar la afición. "Prácticamente todos mis nietos han salido en la representación y estoy muy orgullosa", decía una de las muchas abuelas presentes entre el público. Al ver a sus amigos caracterizados los que no pudieron subir al escenario sintieron las ganas de hacerlo, aunque la expresión de sus caras cambió cuando sus familias les taron lo que le tocaria aguantar a Jesús. Oier Cid, de 13 años, no estaba nervioso antes de salir. Sería porque buena parte de su cuadrilla le acompañaría durante el recorrido. Y, cosas, de la procesión, "el que hace de Judas es uno de mis mejores amigos", reveló.

Los espectadores aplaudieron la alegría de un ejército romano al que le costaba mantener la formación en línea recta, pero coordinó a la perfección los movimientos de las lanzas. Las sonrisas y los saludos a quienes les estaban viendo fueron una constante. También dejaron algún que otro casco por el camino.

Mientras, los padres luchaban por mantener controlados a los participantes más jóvenes, que no podían esperar más el momento de entrar en escena, y Pilatos por hacerse oír ante su inquieto pueblo. Solo en el momento en el que Jesús recibió su castigo en forma de latigazos se hizo el silencio. Hubo incluso quien lloró en el momento en el que le colocaron la corona de espinas.

Jóvenes participantes

"Es una gran ilusión"

Para cuando se inició el Vía Crucis en la plaza de San Severino muchos de los pequeños del cortejo habían caído rendidos y realizaron el camino en brazos de sus padres. Sin salir de la plaza se produjo la primera caída y poco después Jescucristo se encontraba con María Magdalena. Al contrario que el protagonista, Paula Ibáñez, que interpretó a la Magdalena, sí reconoció su nerviosismo. A sus 13 años le hizo "una gran ilusión" que le comunicaran su participación en el Vía Crucis. "Me apunté, pero no esperaba que fueran a llamarme", indicó. Unos pasos más adelante aguardaba la Virgen María, a quien dio vida Nagore Torre.

La última estación fue la crucifixión, que se recreó en las antiguas murallas situadas detrás del edificio consistorial. Los más pequeños miraban con extrañeza lo que pasaba arriba. Los romanos que custodiaban a Jesucristo ya pensaban en el año que viene mientras bajaban a Oier de la cruz. "¿Vas a salir el año que viene?", preguntaba uno de ellos. "No lo sé, seguramente", respondía el otro.

Todos aspiran a seguir los pasos de aquellos que han ido subiendo escalones hasta participar en la Pasión Viviente de los mayores. Como Miriam Ubieta, la última María Magdalena. Hace años salió de Virgen María y mujer de Pilatos en la procesión de Santo Domingo. Ayer compartió la experiencia con los pequeños participantes, al tiempo que colaboraba en las tareas organizativas. "Es una tradición preciosa y está bien que la conozcan", se felicitó..