Bermeo. Algunos nacen dos veces. Fue el caso del hombre de 73 años que ayer se precipitó con su coche por un acantilado de 30 metros de altura y salió milagrosamente ileso del espectacular siniestro. La caída es el equivalente a un edificio de diez pisos de altura.

Los hechos ocurrieron sobre las cinco y media de la tarde de ayer en el barrio de Arene de Bermeo, cerca del Faro de Matxitxako, al lado de la carretera que une la localidad pesquera con Bakio, la BI-3101, y a escasos metros de las instalaciones que Repsol tiene en tierra y que conectan con la plataforma de La Gaviota.

Por causas que se desconocen, el conductor de un turismo que se había salido de la carretera costera para tomar un camino secundario perdió el control de su vehículo y cayó por el precipicio desde una altura que ronda los cincuenta metros, según aseguraron miembros de la asistencias que acudieron al lugar.

"El coche ha quedado destrozado no se cómo ha podido salir vivo de ahí", indicaron miembros de los servicios sanitarios que intentaron bajar hasta el fondo del precipicio sin conseguirlo. Quien sí pudo bajar con mucho cuidado por el acantilado fue un ertzaina que logró contactar con la víctima del accidente en el fondo, en una zona alejada de las rocas donde batían las olas. Al parecer, el hombre estaba conmocionado por la experiencia pero carecía de heridas de gravedad según comunicó a sus compañeros en la parte alta del precipicio.

Una muestra de lo escarpado de la pared del acantilado es el hecho de que el agente que bajó hasta el fondo no pudo subir por su propio pie y tuvo que esperar a ser rescatado por el helicóptero.

Desde un primer momento, las asistencias trasladadas observaron que el rescate de la víctima iba a ser imposible desde tierra. Efectivos de la Ertzaintza, de los Bomberos de Diputación, de la Cruz Roja y de la Policía Municipal de Bermeo acudieron al lugar del siniestro.

También se presentaron con rapidez dos hijos de la víctima, los cuales, al parecer, fueron avisados por el propio padre desde el fondo del acantilado a través del teléfono móvil que portaba. Según confirmaron fuentes de la Ertzaintza, también fue el hombre quien informó de su situación a la central de SOS-Deiak indicándoles que "había podido salir del coche y se encontraba bien, aunque no podía subir a la carretera". El disgusto y los nervios de los hijos eran evidentes desde arriba mientras esperaban la llegada del helicóptero para izar a su aita.

Una vez en el lugar, el servicio aéreo de rescate dio varias vueltas a la zona y tras dos intentonas consiguieron levantar con un arnés tanto a la víctima como al agente que había bajado a socorrerlo. El helicóptero depositó a los dos hombres en una campa cercana al lugar donde se cayó con el coche donde esperaba una UVI móvil de Osakidetza. "La cara de susto que tenía era todo un poema", indicaron algunos testigos mientras los sanitarios le realizaban un primer reconocimiento y comprobaban que milagrosamente carecía de cualquier herida abierta. A pesar de ello a los ocho de la tarde, la ambulancia le trasladó al Hospital de Galdakao.