Amorebieta-etxano

LA Pascua es una de las principales fiestas cristianas. Es la celebración de la milagrosa resurrección de Jesucristo y simboliza el paso de la muerte a la vida y de la tierra al cielo. Este año la Pascua Ortodoxa coincide con la católica y con la Semana Santa hebrea. Suele ocurrir cada cuatro años. Es una fecha muy especial para todos los cristianos y se celebra de manera diferente. En Rusia esta fiesta no sólo es celebrada por rusos profundamente devotos, sino también por aquellos que rara vez frecuentan la iglesia. En Euskadi, la comunidad de rusos lipovenos festejó ayer, domingo, la resurrección de Cristo. El oficio religioso se desarrolló por la mañana en el municipio de Amorebieta, entorno a la única iglesia lipovena existente en el País Vasco y en el Estado.

Tras el oficio religioso y la bendición de los alimentos, todos los ortodoxos se felicitaban repitiendo en voz alta "Hristos vaskresi! (¡Cristo ha resucitado!), a lo que respondían Vaistina vaskresi! (¡En verdad ha resucitado!)" y se besaban tres veces. "A partir de ahora y durante cuarenta días, el tiempo que tardó Cristo en subir de la tierra al cielo, sustituiremos el buenos días por el Hristos vaskresi! y su correspondiente respuesta, Vaistina vaskresi", explicaba Gurei Roman, Romi, presidente de la comunidad rusa lipovena de Euskadi.

El obispo Paisi, que llegó la pasada semana de Rumania, fue el encargado de presidir la ceremonia ante más de un millar de rusos lipovenos llegados de diferentes puntos del País Vasco y de Cantabria. "Es la única iglesia ortodoxa que hay en Euskadi. Está ubicada en un garaje, pero soñamos con poder construir una más grande para poder celebrar fiestas como la Pascua en su interior", confiaba Romi.

En el exterior del templo, adornado con mimo para la ocasión, se había instalado una larga mesa donde los feligreses ortodoxos depositaban cestas de mimbre repletas de comida.

Hacía frío, mucho frío. Las nubes grises amenazaban con descargar lluvia, pero dieron tregua a los ortodoxos que se situaron alrededor de la mesa, dejando espacio al obispo. Los hombres acudieron de traje y debían presentarse con barba de varios días. Las mujeres lucían su mejores galas, falda larga y pañuelos con flores cubriendo el pelo. Tampoco faltaron los más pequeños, que jugaban ajenos al acontecimiento. Todos acudieron a bendecir los alimentos que posteriormente llenarían sus mesas. Pan, huevos, carne... La comunidad ortodoxa siguió atentamente las palabras y oraciones del obispo, ataviado con una túnica dorada y una ostentosa corona de piedras de colores. Los feligreses se santiguaron en contadas ocasiones, oraron y al unísono entonaron diversos cánticos en ruso y repitieron la frase Hristos vaskresi!

Con la llegada de la Pascua termina la gran Cuaresma ortodoxa. No pueden comer ni carne, ni pescado ni practicar sexo durante siete semanas. "No viene nada mal comer fruta y verdura. En mi caso lo llevo muy bien. Es una manera de purificarse, de limpiar el cuerpo. Así no tenemos colesterol", bromeaba Romi. Su esposa llevaba varios días elaborando el menú de Pascua. "Sopa de ternera, pimientos rellenos de carne y postres variados. Estamos deseando llegar a casa. Hoy -por ayer- vamos a pasar todo el día comiendo. Un buen final para el ayuno", afirmaba Romi, al que se le hacía la boca agua mientras lo contaba.

Para la fiesta de las Pascuas muchos compran el cahor, un vino eclesiástico que simboliza la sangre de Jesucristo derramada por todos los pecadores del mundo, que se sirve en las fiestas religiosas. "En el periodo de cuaresma tampoco se puede probar el alcohol por eso no faltará el vino en nuestra mesa", añadía el presidente de los lipovenos de Euskadi. Otro de los símbolos imprescindibles en Pascua son los huevos que ayer se presentaron con múltiples colores. "La gente suele decorar los huevos de gallina para regalarlos a familiares y amigos cuando les visitan en casa. Es un detalle muy bonito", concluía Romi.