BILBAO - “Hablamos de los refugiados de Siria y los tenemos aquí al lado. Es para verlo”. Anabel es una de las vecinas de Zorrotzaurre con la que se reunió la pasada semana el alcalde de Bilbao y parte de su equipo para conocer los problemas que tienen en la zona. “Estamos muy agradecidos de que el Ayuntamiento nos haya escuchado. Hace muchísimo tiempo que no nos sentíamos así de atendido y, por lo menos, estamos viendo que se hacen cosas. Pero entendemos que sigue existiendo un gran problema”, señala Anabel. “Tardarán en tirar los pabellones y el problema va a seguir. La inseguridad no desaparece y esas personas siguen viviendo de una forma infrahumana”. Para evitar todo esto y así lo han hablado con el alcalde y los concejales “estamos intentando solicitar ayuda y nos hemos puesto en contacto con un grupo de ayuda a refugiados para buscar alguna fórmula, porque si tiran los pabellones estas personas tienen que ir a otro lado. Seguimos con la misma pelota que cada vez crece más”.

Los vecinos están “algo” más tranquilos desde que el pasado domingo el Ayuntamiento “hizo un seguimiento de las personas que se encontraban, por lo menos están identificadas y parece ser que alguno detenido”.

Las cámaras de videovigilancia que les han prometido, según adelanta, también les respaldan. Una cámara intimida”. En el resto de la ribera no hay problema, es en la parte en la que no hay casas. Hay una cámara anterior justo a la altura del IMQ y puede ser bastante disuasiva”. Al final, lamentan que “los diez años de retraso que lleva la urbanización de Zorrotzaurre lo que ha hecho es degenerar edificios, dejar pabellones abandonados y son núcleos donde estas personas que no tienen hogar, a algún sitio tienen que ir”. Porque en el fondo, la solidaridad de esta vecina como la de otros de Zorrotzaurre les hace pensar que “hay que ser conscientes de que a los demás si nos tocara haríamos lo mismo”.

El Ayuntamiento ha modificado las vayas del puente de Gehry lo que ha dado visibilidad a este punto negro denunciado por los vecinos. “En esta zona se ha creado una doble ese sin visibilidad con ángulos muy malos donde fueron agredidas tres chicas y donde posteriormente recibió la paliza el vecino. No hay visibilidad y para cuando te das cuenta puedes tener ya una persona encima”. Anabel explica que los pabellones abandonados están justo al lado de las primeras viviendas y cada noche llegan hasta un centenar personas.

Miedo El relato de esta vecina de Zorrotzaurre pone luz y taquígrafos a lo que está ocurriendo en los edificios abandonados ocupados por jóvenes sin un lugar dónde vivir.

Los vecinos no se atreven a ir solos por la noche y los que tienen adolescentes no les permiten desplazarse solos. Les llevan en coche o en el autobús. Algunos no les dejan salir solos ni de día.

Anabel dice que “cuando los ves en grupo asustan. Pero, hay emigrantes que llevan años conviviendo con nosotros”. Por eso, en realidad “más que reseñar las molestias lo que haría sería un movimiento de conciencias. Generan un problema los que son problemáticos, el resto va y viene. Yo movería conciencias”, dice.

En este sentido relata que “incluso a la propia persona agredida pone el acento en las condiciones de precariedad en las que viven estos chavales. Están entre ratas, entre escombros, suciedad... en pabellones de mala manera. ¿Cómo podemos tener en un primer mundo a personas en estas condiciones. Son seres humanos”, se pregunta los vecinos.

Por eso, traslada el sentir del propio agredido que pese haberse quedado con bastante miedo tras la brutal paliza recibida por cuatro de estos jóvenes reflexiona y dice que “no hay derecho a que permitamos que personas vivan en esta situación”. Un grupo de vecinos incluso pensaron en ir con palos y “eso es una locura”. - O. Sáez