bilbao - Merced a la dura vida menguaron las alas de Ángel. De Ángel Gago, quiero decir, durante más de treinta años, la gran referencia de la hostelería en Bizkaia sin tener un local en propiedad. Superada una infancia y juventud dignas de novela de Mark Twain -orfandad temprana, fecha de caducidad en el contrato de la vida por la enfermedad heredada que mató a su madre y ese apurarse la vida a tragos en la juventud por aquello del “para lo que me queda...”- recordó las grandes lecciones de su casa: el esfuerzo hará de ti lo que seas. Vio muy pronto que nadie regala nada.

Siendo hijo de Rekalde, la pregunta brota sola: ¿ese barrio imprime carácter?

-Siendo hijo solo de emigrantes, para los 15 años perdí a mis padres y... echas en falta esos ancestros.

Rekalde, decía...

-Era un barrio típico, durillo. Íbamos en cuadrilla y crecimos en las campas de Gordoniz, hacíamos incursiones a las huertas, camino del Bolintxu, entrabas en peleas... Vamos que tenías que lamerte las heridas tú solo.

¿Esa fue la lección?

-Queda la superación del miedo. Lo puedo tener, como cualquiera. Pero ni un paso atrás por su culpa. Un día aprendí mi primera palabra en euskera: me paró un chaval y me dijo si quería kantxa.

¿Y?

-Le dije que sí y... ¡me dio un par de hostias!

¡Rotunda enseñanza!

-Otra más. Para los 6 o 7 años mis padres ya me habían enseñado matemáticas: la regla del tres. Años después, me sirvió para secuenciar las situaciones.

¿Y los juegos?

-Con mis padres jugaba a sumar, restar, multiplicar y dividir. En casa no había dinero para más.

¿La juventud de hoy lo tiene más fácil?

-Me resulta difícil juzgar cuando yo he sido criado de patrona, en casa ajena, con bocadillo y comida, sin derecho a habitación propia y con una madre enferma. Aprendes que no te van a regalar nada. ¿Qué haría hoy un chaval de 15 años si mueren sus padres...?

¿Qué?

-Nada. Para empezar no se puede trabajar hasta los 16 años.

Le veo pesimista...

-Supe que tenía la enfermedad de mi madre y tuve una juventud salvaje... ¡Para lo que me quedaba! Música, diversión... Luego la medicina avanzó y puse pie en la pared. Vino el trasplante en el 93. Para entonces ya estaba reorientado. Recuerdo, incluso, que dicté alguna carta a las puertas del quirófano.

¿Probó las drogas?

-No. La única droga que he probado es la bebida. Y siempre porque me lo estaba pasando bien, no para pasármelo bien.

¿Hoy no está tan valorado el esfuerzo?

-Veo cantidad de personas que se quejan de su situación pero no hacen nada por cambiar. Y el maná hay que ganárselo día a día, no esperar a que caiga.

Ilústreme con un ejemplo.

-Antes, frente un trabajo duro lo cogías primero y tratabas de cambiar después. Nuestros nietos vivirán peor. No entienden el mensaje.

¿Quejarse no es un derecho?

-Se habla mucho de derechos y poco de responsabilidades. Todavía no he visto un medio que le pregunte a quien se queja cuánto ha cotizado él y que haga números. Lo duro es no tener oportunidades.

Suavicémonos. ¿Cómo recuerda los tiempos del ligue? ¿Era tan complicado como dicen que es hoy?

-Yo lo tenía difícil para ligar, y ejercitó mi inteligencia. Aparentaba más edad en algunos casos pero tenía menos de la necesaria para otros.

Entremos en hostelería...

-Necesitamos un libro. Cuando se practica de manera directa, la profesión es dura, durísima, y cuando se trata de una inversión, tiene muy difícil gestión. Y hoy en día hay un déficit de gestión muy claro.

¿Sin excepciones?

-Alguna habrá, pero el hostelero, por lo general, es un hábil comunicador, con don social y sacrificado. Pero un puro desastre en la gestión.

Los momentos más duros fueron...

-Cuando he tenido que echar a alguien. Siempre me he podido mirar al espejo, pero no es nada fácil tomar esa decisión.

¡Hay bares que se forran!

-Hace años presenté un estudio donde se decía que entre que el 4% y el 6% tenían ratios de rentabilidad buenos o bastante buenos, la mitad salvaba el negocio a base de esfuerzo, y el resto son pura supervivencia. Y hagamos otra reflexión: ¿cuántos negocios conoce que con esa inversión y ese índice bajo de absentismo generen apenas un 2% de beneficio?

¿Sobran muchos locales?

-Depende de las zonas, los barrios y los modelos de negocio. En algunos lugares es posible, pero cuando se cierran unos abren otros. La asociación invita y apoya a profesionalizarse en todos los campos.

Las indemnizaciones por despido los trajeron consigo en tropel.

-En parte es cierto. Pero ahí se vio que abrir un bar sin gestión era caminar hacia la ruina.

¿Qué ‘pecado’ le sorprende más?

-Algunos contratos lesivos y que alguien no sepa cuánto ha de vender para mantener a su empleado.

Invierto mil horas en trabajo.

-El error es trabajar 12 horas. Trabaje 11.30 y dedique media a pensar cómo hacerlo mejor.

¡A qué hora cierro?

-El ocio nocturno no tiene razón. El problema es que nadie conoce la ley y reclaman. Se quejan algunos hosteleros, consumidores y vecinos sin razón legal. Y el Ayuntamiento actúa en función. En el marco legal solo tienen derecho los consumidores. La hostelería no puede ni reclamar sobre los daños a sus bienes.

¿Cuál es la receta entonces?

-Vocación y pasión. Sin esos dos ingredientes es difícil sobrellevar un negocio así porque exige mucho.

¿Y encomendarse al cielo?

-Yo soy creyente, si quiere hasta por puro egoísmo. Tengo que creer que lo positivo que he hecho en mi vida tendrá alguna recompensa. Lo que no creo es una religión al extremo.

¿Violenta?

-Soy tan antiviolencia que me vuelvo violento al defender esa idea.