Comprueban si la raíz ha salido de la tierra, si presenta zonas afectadas o resquebrajadas, ramas cortadas y otras apreciaciones que para los profanos pasan desapercibidas pero que ellos saben analizar. Son inspecciones visuales y como el médico de cabecera, si lo precisa acuden a pruebas de mayor precisión. Así lo explican Iñaki Gamboa, jefe de la sección de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Bilbao y Aitor Santacoloma, uno de los técnicos de la nueva contrata que desde este mes vela por los jardines y parques de la ciudad.

La exploración de los árboles de Bilbao sigue un protocolo de actuación que toma como base el inventario existente de arbolado de alineación en alcorque. Los técnicos detectan aquellos ejemplares susceptibles de un estudio más a fondo y los casos sujetos a segunda revisión pasan al equipo mixto que realiza las inspecciones en parques y jardines.

En el caso del arbolado de parques, jardines y alineaciones de gran porte las inspecciones las ejecutan equipos mixtos integrados por un técnico municipal, y un técnico del servicio para realizar un análisis pormenorizado y estandarizado, en el que se determina el estado del arbolado.

Según explican Gamboa y Santacoloma “en caso de duda se procede a realizar una tomografía arbórea, una especie radiografía por ultrasonidos” para lo que el área cuenta con dos aparatos de gran precisión. “Es como un ordenador que conectamos con sensores al árbol y sobre el que dependiendo del grosor del tronco se aplica más intensidad para conocer su estado”.

Como consecuencia del análisis, se determina la salud del ejemplar y el tipo de tratamiento que es aconsejable en el caso de que éste muestre síntomas de enfermedad. Si su situación fuera muy grave se analiza la posibilidad de proceder a su tala.

Gamboa es como dicen sus colaboradores una wikipedia de todo lo que tiene que ver con árboles y jardines. Junto con Santacoloma son capaces de analizar en un árbol lo que a ojos de un viandante pasa inadvertido. La semana pasada, según explica, realizaron cinco tomografías. Sobre la imagen que muestran solo se ven colores pero ellos son capaces de diferenciar la parte enferma de la sana. “La parte que se ha podrido del árbol no afecta a la parte que tiene vida pero si hay un 60% del volumen del árbol que está podrido es conveniente talarlo porque entraña cierto peligro de que pueda desplomarse”, comenta.

“La última tala que se ha hecho en Bilbao es reciente, en la Plaza Corazón de María ,y la última intervención de urgencia se realizó en Otxarkoaga debido a que se cayó un árbol”, añade Marta Barco, directora del Área de Obras y Servicios. Según explica, la pasada semana se realizaron cuatro informes sobre árboles que precisaban una vigilancia especial, “pero las pruebas indican que no es preciso la tala en ninguno de ellos”. Solo si el estado del ejemplar es muy grave se procede a la tala del mismo.

Los árboles se clasifican en cinco categorías que determinan la clase biomecánica de cada ejemplar y que está directamente relacionada con su riesgo potencial. Si un ejemplar está sano se le considera dentro de la categoría clase A, si el ejemplar tiene leves defectos. Precisa una revisión periódica cada tres años por si cambiara su estado y entra en la clase B; un ejemplar con defectos no graves precisa una revisión anual por si cambia su estado. Luego están las clases que agrupan los árboles dañados: la clase CD se refiere a los ejemplares con defectos importantes. Se evalúan las posibles actuaciones a realizar y se realiza un tratamiento de heridas o pudriciones y la clase D es el ejemplar con defectos graves y que precisa tala. Afortunadamente en estos momentos no existen árboles clase D en Bilbao.