Bilbao - Llegar y besar el santo, como dice el refranero popular, no está entre las costumbres de los agentes de la Patrulla Dirigida Proactiva. De hecho, suelen decir en tono jocoso que ellos tienen el nombre y la dirección de los delincuentes para detenerlos, pero que cuando llegan no suelen estar. “La excepción es que mengano viva en Gran Vía tal, cuarto izquierda, vayas allí, esté y le detengas. Hay que rastrear muchísimo”, explican los agentes.

Uno de los ertzainas muestra una larga cicatriz en el brazo. “Aquí tengo la marca de hace quince días. Es parte del trabajo, pero es que esta persona trató de escaparse”. No lo logró. Los agentes han tenido que agudizar el ingenio para que los delincuentes no se escabullan. Lo cierto es que, en este capítulo, no pueden evitar sonreír cuando explican algunos de los métodos que utilizan para intentar dar esquinazo a la patrulla.

La persona buscada siempre intenta huir. Llegar hasta él ha supuesto muchas horas de calle, de hablar con confidentes, de contrastar informaciones. Por eso, la patrulla no se lo va a poner fácil.

El agente recuerda que muy pocos, o casi ninguno, han logrado huir. Salir por la ventana, subirse y esconderse tumbado en un alerón del tejado, descender por una tubería calzado con unas chancletas... Lo intentan de todas las formas posibles.

En más de una ocasión, comentan, los delincuentes saltan por la ventana dando igual la altura a la que se encuentre.

“Quién puede pensar que vayan a saltar desde un segundo piso... Pues, algunos lo hacen. Bueno, la experiencia al final te va marcando. Según la altura que tenga la vivienda donde vamos, tiene que haber alguien fuera, seguro”.

Dentro de los armarios de casa, incluso escondido en un armario de la cocina. Familiares negando la evidencia -“mienten como bellacos”-, mientras los agentes ven al fugitivo cruzar por el pasillo... “O te dicen que no es él, que es su hermano pequeño”, relata uno de los agentes. “Dio la casualidad de que yo había identificado a ese hermano menor unos días antes, así que ya sabía que me estaba mintiendo”. El colmo de las triquiñuelas empleadas por los delincuentes llegó el día que vieron una esquela publicada en un periódico. El sospechoso había fallecido. O no. Efectivamente, los agentes comprobaron que él mismo la había contratado para hacerse pasar por muerto. - I. G.