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Jan de Kinder y José Mari Iurrebaso: “La internacionalización del crimen nos obliga a compartir las bases de datos”

El Bizkaia Aretoa de Abandoibarra ha acogido esta semana el congreso internacional del Enfsi, la Red Europea de Institutos de Ciencias Forenses

Jan de Kinder y José Mari Iurrebaso: “La internacionalización del crimen nos obliga a compartir las bases de datos”Jose Mari Martíenz

Bilbao - Jan de Kinder y José Mari Iurrebaso son viejos conocidos. Uno en Bruselas, otro en Erandio; uno físico, el otro policía, pero los dos con un mismo objetivo: conseguir que los equipos que lideran determinen a través del análisis de las evidencias quién es el autor de un delito. Ambos han compartido estos días experiencias en Bilbao con casi un centenar de compañeros de 65 institutos forenses europeos. Bases de datos comunes, análisis compartidos por los laboratorios... en definitiva, una ciencia forense y policial más global, como la misma sociedad. Gracias a ello, destacan, pudieron actuar con rapidez en los ataques terroristas de la capital belga o en la identificación de bandas organizadas transfronterizas que operan en Euskadi.

¿Cuál es el objetivo de este encuentro?

-JAN DE KINDER: El congreso es una reunión anual de los miembros de Enfsi, de directores de 65 institutos forenses de Europa. El objeto de este encuentro es poner en común las demandas de análisis de los laboratorios con la oferta que se puede proporcionar. También hablamos del desarrollo de las ciencias forenses en Europa.

¿Realmente existe una colaboración entre los laboratorios europeos?

-JOSÉ MARI IURREBASO: El Enfsi promueve grupos de trabajo en diferentes materias: ADN, documentos, drogas, explosivos, huellas dactilares, armas de fuego, investigación de incendios y explosiones, tecnologías de la información forense, análisis de audio, grafística, trazas instrumentales, inspecciones oculares, análisis de pintura y vidrio, fibras y pelos, imagen digital y análisis de plantas y de suelos. En total son 16 grupos.

Y luego comparten la información.

-J. M. I.: La finalidad de los grupos de trabajo es compartir conocimientos y técnicas y las buenas prácticas. Los miembros que conforman los diferentes grupos de trabajo están intercomunicados y a la vez se reúnen una vez anualmente. En ese sentido, en materia de conocimientos hay interrelación. Luego se comparten bases de datos. Por lo tanto, sí, ¡claro que hay una interrelación!

La sociedad se ha ido modernizando y también los sistemas de trabajo en todos los campos profesionales. En el suyo, ¿cuál dirían que es el avance más significativo?

-J. K.: Sin duda, los propios avances tecnológicos. Gracias a ellos hemos mejorado en los análisis científicos; somos capaces de detectar trazas más pequeñas. Hoy en día hay una internacionalización y transnacionalización del crimen; las fronteras están abiertas, y por ello tenemos que compartir también las bases de datos. Por ejemplo, las evidencias que se recogen en las escenas del crimen en España pueden después ser utilizadas en los tribunales de Bélgica y no solamente lo que son las trazas. Por ejemplo, si se hace un análisis en un laboratorio de José Mari, no hay que repetirlo en Bélgica, sino que ese informe se comparte entre los dos laboratorios.

Este tipo de colaboración ha sido de especial importancia en los atentados de París y Bruselas.

-J. K.: Exacto. En estos atentados hemos visto que el intercambio de las huellas dactilares y del ADN entre Francia y Bélgica ha sido fundamental para identificar las redes de terroristas.

-J. M. I.: Me gustaría hacer un matiz. Lógicamente es importante porque los atentados han sido muy graves y han tenido, además, una gran repercusión mediática. Pero el compartir las bases de datos, el trabajar bajo criterios de calidad y con manuales de buenas prácticas entre todos los laboratorios supone también que la investigación de los delitos, llamémosles de ámbito común, tenga un elevado índice de resolución. Evidentemente, a la sociedad y a nosotros nos preocupan esos atentados, pero estos métodos sirven para investigar todo tipo de delitos.

Habla de mafias o delincuencia organizada transfronteriza.

-J. M. I.: Eso es. Delincuencia organizada de cualquier tipo, delitos comunes que se cometen cotidianamente. Todas esas muestras que se analizan en los laboratorios se incorporan a las bases de datos y están luego disponibles para todas las policías, se pueden consultar y pueden hacer inteligencia (investigar). Y esto también es muy importante.

Es lo que usted, José Mari, llama la globalización de la delincuencia.

-J. M. I.: Efectivamente.

En este congreso se ha hablado de los recortes que han afectado a los recursos de los laboratorios.

-J. K.: Lo cierto es que cada vez llegan más peticiones para los laboratorios forenses. Al mismo tiempo, cuando hay atentados terroristas, se pide o se presenta una cantidad masiva de datos y de pruebas que hay que analizar. Varía un poco con la cultura particular de cada país, pero en general, los recortes en el presupuesto no se han notado tanto en la actividad forense quizás como en otras unidades.

-J. M. I.: Estoy plenamente de acuerdo con Jan. Lo que sucede en los laboratorios es que hablamos de plantilla, de personas y de equipamientos y también de instalaciones. Las plantillas son limitadas; ¡claro que a todos los laboratorios nos gustaría tener más gente!

Y los equipos son caros.

-J. M. I.: La tecnología tiene un elevado coste económico y en los tiempos que corren requieren de inversiones; los edificios también, porque tienen que cumplir una serie de requisitos de tamaño, extracción de aire, etcétera. Entonces, tenemos que estar muy pendientes para hacer las inversiones correctas y efectivas que nos sirvan para automatizar procesos y descargar cargas de trabajo.

¿Están saturados?

-J. M. I.: Hombre, las cargas de trabajo son elevadas; todos tenemos el mismo problema. Cuando se producen atentados, las pruebas que recibimos son masivas. Ahí estamos, haciendo equilibrios. En este congreso hemos reflexionado sobre ello y hemos sacado conclusiones: que hay que hacer esfuerzos ímprobos en cuanto a la gestión de los laboratorios y conjugar esos factores para sacar las cargas de trabajo que nos llegan.

-J. K.: Precisamente, de esto también hemos hablado. Hicimos un intercambio para tratar de ver qué se puede hacer en los distintos laboratorios para superar este problema.

¿Hay algún país que destaque por su especial efectividad?

-J. K.: Es muy difícil comparar los diferentes países, porque cada uno tiene algo. No se puede establecer una comparativa.

-J. M. I.: Todos los laboratorios que estamos aquí cumplimos unos requisitos de elevado nivel en cuanto a cualificación de los técnicos y a sus normas de acreditación de la ISO 17025 o la 17020; por tanto, todos son laboratorios de un nivel contrastado. No podríamos decir que destaque uno sobre otro.

Dice que se mantiene un nivel alto.

-J. M. I.: Sí, sí, el nivel de los laboratorios europeos es alto por la propia exigencia que marca el formar parte de esta asociación. Digamos que tienen unas exigencias muy altas y por eso los laboratorios que pertenecen a la red están a un nivel importante.

-J. K.: Se ha hecho mucho trabajo de acreditación para subir los estándares y esta es una responsabilidad no solo de la Enfsi sino también de la Comisión Europea.

A título personal, ¿cuál es el caso que no se han quitado nunca de la cabeza por haber tenido éxito o por no haber logrado resolverlo?

-J. K.: Es una cuestión comprometida porque no estoy autorizado a hablar de casos. Estoy bajo secreto profesional y no puedo hablar de investigaciones concretas. Remontándome en el tiempo, sí que hay algunos que nos han marcado. Un gran éxito para nosotros fue el caso de dos niñas que fueron asesinadas en la región de Lieja, en Bélgica. Gracias a la ayuda de la transferencia de fibras fuimos capaces de identificar al autor. En este caso concreto no podíamos aplicar el ADN y fue el análisis forense el que pudo resolver el caso.

-J. M. I.: Yo llevo ya treinta años pasados en Investigación y te das cuenta de cómo ha ido evolucionando todo. En los inicios tuvimos investigaciones importantes, pero no contábamos con los medios de ahora, ni la cualificación técnica ni la preparación, y mucho menos con los avances tecnológicos. Hoy en día con trazas minúsculas estamos en condiciones de identificar a una persona. En aquella época no estaba ni desarrollada la técnica del ADN. En el recuerdo hay casos que te dejan un poco de desazón profesional por no haber estado preparados en ese momento como estamos hoy en día.

Por ejemplo, el caso de Laura Orue, la joven de Zeberio muerta en 1999 y cuyo asesino nunca fue detenido. Quizás si hubiera sido hoy...

-J. M. I.: Pues mira, en ese caso se trabajó bien, muy a tope. También hay otros en los que hemos hecho una gran investigación. Para nosotros, todos los delitos son graves, porque pensamos en la víctima. Cualquier delito es para esa persona lo peor que le ha podido ocurrir, aunque sea un simple robo, una entrada en su domicilio sin que se hayan llevado nada. Esa sensación de indefensión, de inseguridad? Nosotros empatizamos mucho con la gente. Los graves son los que más eco mediático tienen y es una satisfacción tener un índice alto de resolución. En ese sentido creo que estamos bien en la Ertzaintza.

Ahora, los forenses y la policía científica están de moda. La televisión ha hecho que tengan muchos seguidores. ¿Cuánto hay de realidad en estas series?

-J. K.: Algo. Algunas de las cosas que hacen son reales, pero... (ríe) ¡no todo lo hace una persona en 40 minutos! Muchas de las cosas que se muestran en la televisión pueden ser verdad, se pueden hacer, pero nunca en tan poco tiempo. Luego están las cosas que directamente son imposibles.

-J. M. I.: Creo que las series han servido para popularizar la profesión, antes se trabajaba más entre bastidores. Pero, por el contrario, el nivel de exigencia de la sociedad se ha elevado porque en un capítulo se resuelve todo y esto hace que se eleven las expectativas.

¿Estas ficciones también crean ‘escuela’ entre los ladrones? José Mari dijo una vez sobre este tema que ningún ladrón va a robar ya sin guantes.

-J. K.: (ríe) Los ladrones tienen muy claro lo de las huellas dactilares desde hace cincuenta años, pero aun así les pillamos.

También hay admiradores entre la ciudadanía. Me estoy acordando ahora de la llamada ‘barrendera del CSI’, la limpiadora de Sevilla que recogió pruebas en el parque María Luisa, donde se había cometido un asesinato, separó cada algodón manchado de sangre y lo metió en bolsas independientes, tal y como había visto en la serie, y el análisis forense dio con el asesino.

-J. K:. Sí, sí. A veces pasan estas cosas. Esto me hace pensar en los atentados de Bruselas. Hubo un factor suerte porque el taxista que condujo a los terroristas al aeropuerto se extrañó, vio algo raro en ellos, y en cuanto oyó algo sobre las explosiones en el aeropuerto en seguida se puso en contacto con la policía y esta en un par de horas había ya accedido al piso en el que tenían todas las armas.