Bilbao. A sus 75 años posee una vitalidad envidiable. Reconoce que ha convertido su hobby, la bibliofilia, en "algo imprescindible" de su vida. Esa afición le ha proporcionado muchas satisfacciones y un vasto conocimiento de la Historia. Hoy por la tarde participará en el Museo Marítimo en una mesa redonda titulada El Consulado de Bilbao, una mirada actual.

¿Qué fue el Consulado de Bilbao?

La institución más importante que hemos tenido en el mundo económico de Bilbao y Bizkaia.

¿Qué funciones desarrollaba?

Al estar dotado de jurisdicción propia, tenía el carácter de tribunal y también la facultad de dictar normas en el campo mercantil. Ahora que se habla tanto de la lentitud de la Justicia, hay que decir que el tribunal del Consulado de Bilbao ejercía una justicia ágil y rápida, como lo exige siempre el mundo mercantil.

¿Cuándo se creó?

En el año 1511, cuando la reina Juana eleva a la categoría de Consulado una asociación de comerciantes y navegantes que existía en Bilbao denominada Universidad de Mercaderes, que nada tenía que ver con el ámbito del estudio, sino con todos los gremios que trabajaban en torno a la ría.

¿Siempre existió ese asociacionismo en la ría?

Sí. Desde tiempos de Enrique IV, en 1440, ya hay constancia de que en Bilbao había asociaciones de comerciantes, mercaderes y navieros. Necesitaban unirse porque, al ser pequeñas empresas, requerían de unos servicios comunes que ellos solos no podían prestarlos.

¿Cuándo y por qué desapareció el Consulado?

Desapareció en 1829 porque el rey Fernando VII, no quería para nada que hubiese esos órganos jurisdiccionales independientes. Como todos los reyes de la familia Borbón, derivado de su espíritu francés, trató de hacer una centralización. Y para ello suprimió el Consulado y encargó a un mercantilista que redactara un Código de Comercio.

Un Código basado en las ordenanzas del Consulado de Bilbao.

Efectivamente. Los mercaderes y navegantes bilbainos fueron elaborando las ordenanzas del Consulado recogiendo las costumbres y leyes mercantiles que había en otros países. De esa forma consiguieron elaborar en 1737 el cuerpo legal sobre el comercio más perfecto que había en la época.

Una vez retiradas las competencias, ¿qué fue del Consulado?

Se quedó como una asociación de comerciantes y mercaderes, volviendo de esa forma al principio de su existencia. Pero fue entonces cuando la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao cogió el testigo del Consulado.

¿En qué sentido?

Como asociación y prestación de servicios a los comerciantes. Aunque la Cámara de Comercio no tiene actualmente facultad jurisdiccional como el Consulado, sí realiza una importante labor a través de los arbitrajes

¿Qué elementos destacaría de la exposición que está teniendo lugar en el Museo Marítimo con motivo del 500 aniversario del Consulado bilbaino?

En primer lugar, la falúa. Dentro del interior del museo hay una reproducción exacta que se ha podido construir gracias a la existencia de unos pocos artesanos, carpinteros de ribera que han subsistido. Es una joya, un violín flotante.

¿Qué papel desempeñaba la falúa?

La falúa tenía, por un lado, una función práctica que era recorrer la ría en labores de vigilancia, y por otro, trasladaba a los cónsules en los actos festivos hasta la plaza de San Antón, donde estaba el viejo Ayuntamiento de Bilbao. Además desarrollaba un papel simbólico, de autoridad, que los comerciantes la respetaban.

¿Volverá a recuperar la ría el esplendor que tuvo en su día?

Es una pena que hayamos perdido mucha fuerza en el mundo de las navieras y los astilleros. Yo creo que Bilbao tendría que recuperar esa fuerza.

¿Y qué me dice de esos grandes barcos llenos de turistas?

Ha sido un gran éxito del Puerto de Bilbao. Eso es una gran fuente de riqueza.