Durante años hemos escuchado la recomendación de moverse, caminar, subir escaleras o hacer cualquier tipo de actividad física moderada para gozar de una buena salud a largo plazo. Se llegó a concretar que caminar 10.000 pasos al día o mantenerse activo en las tareas cotidianas reducía el riesgo de sufrir ciertos tipos de cáncer y enfermedades crónicas.

Sin embargo, la ciencia ha demostrado que moverse, aunque es muy importante, no es suficiente para mantenerse fuerte, ágil y saludable a lo largo del tiempo. Para reducir la edad biológica y sumar años con una buena calidad de vida, es imprescindible combinar entrenamientos de fuerza con ejercicios cardiovasculares de intensidad progresiva.

La fuerza, aliada de la longevidad

Los ejercicios de fuerza, realizados de forma adaptada y controlada, son una forma de invertir en salud y autonomía. Expertos aseguran que ayudan a preservar la masa muscular, mantener la movilidad y el equilibrio, y reducir el riesgo de enfermedades crónicas como el cáncer de mama, el síndrome metabólico, la osteosarcopenia o la fragilidad. Además, la fuerza es clave para conservar la autonomía en la tercera edad, así como para evitar caídas o lesiones que puedan comprometer la calidad de vida.

"Los entrenamientos de alta intensidad constituyen un recurso estratégico para la promoción de la salud y la prevención de enfermedades crónicas, siempre que su práctica se adapte a las capacidades de cada individuo", explica Jesús Blanco, Máster Trainer de Brooklyn Fitboxing. Esta combinación de fuerza y resistencia también fortalece el sistema musculoesquelético, mejora la función cardíaca y potencia la capacidad de gestionar el estrés.

Una mujer levanta pesas en un gimnasio.

Cardio inteligente

Los ejercicios cardiovasculares de alta intensidad, como HIIT, crossfit, ciclismo o fitboxing, generan adaptaciones metabólicas que optimizan el uso de la energía, fortalecen el corazón y mejoran la resistencia.

Un estudio realizado con más de 400.000 adultos durante una década concluyó que quienes practican una actividad vigorosa tienen menor riesgo de fallecer por enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas, e incluso pueden ganar hasta seis años más de vida en comparación con personas sedentarias.

Esta práctica de cardio intenso mejora el sueño, reduce el estrés y contribuye a la salud mental, aspectos que son fundamentales para envejecer con bienestar. Es decir, más que sumar minutos de ejercicio, se trata de entrenar de una forma inteligente y consistente.

De la ciencia a la práctica

Disciplinas como el crossfit o el fitboxing acercan la combinación de fuerza y cardio a personas que no se habían planteado realizar este tipo de entrenamiento. Su práctica ayuda a mejorar la coordinación, la flexibilidad, la agilidad y, al mismo tiempo, reforzar la salud muscular y cardiovascular.

Blanco señala que "las sesiones deben adaptarse a las capacidades de cada participante, permitiendo progresar de forma segura y sostenida, potenciar el rendimiento individual y fomentar hábitos saludables a largo plazo". La clave está en la progresión: empezar con una intensidad adecuada, combinar fuerza y cardio, y mantener la constancia.

Una estrategia que suma años de vida

En conjunto, fuerza y cardio no solo fortalecen el cuerpo y la mente, sino que actúan como un antídoto contra el envejecimiento prematuro. Mantener la musculatura, mejorar la resistencia cardiovascular y cuidar la salud mental contribuye a reducir la edad biológica, lo que significa vivir más y, sobre todo, mejor.