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El niño que no quería parecer niña

Mamadou Samb, que empezó a jugar a baloncesto a regañadientes por la insistencia de su hermano mayor Cheikh, busca abrirse hueco en la élite tras ser de adolescente una gran promesa de este deporte

El niño que no quería parecer niñaJ.M.M.

Eres una niña". Cuando Mamadou Samb (31-XII-1989, Dakar) era un niño, no podía evitar reírse de su hermano mayor, Cheikh, cada vez que este cogía un balón de baloncesto y se dirigía a una rudimentaria canasta que había en el patio de su casa para lanzar unos tiros. Su cerebro infantil le decía que los niños tenían que jugar a fútbol. Y en ello invertía el tiempo Mamadou, en dar patadas a un balón y en improvisar partidillos en M'Bour, una ciudad ubicada a unos 45 minutos de la capital senegalesa que tiene en el turismo playero y en las empresas de pescado sus mayores fuentes de ingresos. "Yo era, y sigo siendo, muy futbolero y me metía mucho con Cheikh por jugar a baloncesto. Me reía de él y le vacilaba por practicar un deporte que yo llamaba de niñas". Mamadou, con el esférico bajo el pie, se crecía y proclamaba a los cuatro vientos que a él jamás se le vería intentando colar un balón por un aro. Pero ocurre que los hermanos mayores acostumbran a ser muy insistentes y Cheikh no paró hasta que le convenció de que lo probara. Y surgió el chispazo, el amor a primera bandeja. "Mira cómo son las cosas. Ahora estoy aquí, soy jugador profesional de baloncesto", dice Mamadou dibujando en su cara esa sonrisa que se ha convertido en seña de identidad y que en unos segundos se convierte en carcajada.

El aquí y el ahora de Mamadou Samb es Bilbao. El Bilbao Basket. La última estación de un viaje centelleante, lleno de sorpresas, de retos ilusionantes y también de más de una sesión de llantos que daría para varias vidas pero que él ha completado en solo 22 años. "La verdad, nunca esperé llegar tan lejos", asegura con solemnidad a pesar de que en su día se habló de él como una de las grandes promesas del baloncesto español, nacionalidad que ostenta por Real Decreto desde 2008 cuando era una de las grandes promesas de la cantera del Barcelona y en su horizonte parecían dibujarse las doradas siglas de la NBA y una plaza perenne en la selección absoluta. "Estoy en el lugar ideal", reitera cuando se le recuerdan esos piropos del pasado que se quedaron en el olvido cuando tuvo que abrirse hueco en la selva del profesionalismo. Sin sitio en el primer equipo azulgrana, el club de sus amores cuando de fútbol se trata, y tras debutar en la ACB con el Granada, Samb aterrizó en Bilbao el pasado enero pero sus comparecencias en pista han sido muy esporádicas al tratarse del jugador número once de la plantilla, aunque en la segunda jornada liguera disfrutó de un momento especial ante su club de formación. Las circunstancias llevaron a Fotis Katsikaris a activarle más tiempo de lo habitual, 13 minutos, y él respondió con creces. "¡Mamadou, Mamadou!", atronó en un par de ocasiones el Bilbao Arena, ánimos que, asegura, "me dan garra para luchar mucho más, me aportan energía. Acabé muy contento, pero tengo que seguir trabajando duro. Todavía tengo 22 años y quiero llegar muy lejos. Mi ilusión es ganar muchos títulos y disfrutar muchos años de este deporte si Dios me lo permite".

infancia feliz

"Mi padre era un hombre rico, nunca nos faltó de nada"

La trayectoria vital de Mamadou Samb tiene en M'Bour su primera estación. En su infancia no conoció las apreturas económicas de muchos de sus compatriotas porque su padre, ya fallecido y que llegó a ser ministro de Pesca, era un hombre acaudalado. "Procedo de una familia numerosa. Mi padre tuvo cuatro mujeres y somos 22 hermanos en total. Económicamente todo nos fue siempre bien. Teníamos una casita separada para nosotros y la verdad es que nos criamos muy bien, crecimos sin problemas", recuerda. Una vez superados los prejuicios y de engancharse al deporte de la canasta, Mamadou se convirtió en la sombra de Cheikh. "Siempre ha sido mi referente. ¡Y mira que yo me metía con él! Sin él, yo no estaría aquí. Para mí lo es todo. Además, siempre ha sido mi gran ídolo. Recuerdo que de niño flipaba con los mates que hacía. Cuando consiguió llegar a la NBA -jugó esporádicamente en Detroit, Denver y los Clippers y también tuvo un paso fugaz por el Real Madrid- me sentí muy orgulloso de él, pero también lo estoy ahora que está en Dubai. Siempre me ha ayudado en todo en la vida, me llama constantemente para interesarse por mí, me da ánimos para seguir luchando, sobre todo el año pasado, en el que ambos lo pasamos muy mal (poco antes de llegar a Bilbao falleció su madre)", destaca.

La buena posición económica de su padre hizo posible que Mamadou, siendo un niño, pudiera marcharse a Francia a estudiar -"y los libros se me daban muy bien, me gustaría retomarlos algún día"-. Allí, recibió una llamada que cambió su vida. El Arona tinerfeño, un club que trabaja mucho y bien la cantera, sobre todo con jugadores extranjeros, quería incorporarle a sus equipos de baloncesto base. "Llegué allí con 13 años y recuerdo que durante la primera semana solo pensaba en volver a casa. Fue un cambio demasiado radical. Cuando estuve en Francia vivía con mi tía y mi madre venía bastante a visitarme, pero en Tenerife, hasta que llegó también Cheikh, estuve solo. No conocía a nadie y no hablaba una palabra de castellano. En la isla tenía un primo, Omar, que me echó una mano, pero él tenía su trabajo y muchas veces me sentía solo. Además, hasta entonces apenas había jugado a baloncesto de manera organizada", rememora. Pero Mamadou se hizo fuerte, resistió y empezó a hacerse conocido en los torneos cadetes. Su físico privilegiado, su altura y su fuerza le hacían sobresalir por encima de los demás y clubes importantes empezaron a interesarse por ambos hermanos. Cuando el Barcelona tocó su puerta en 2005, no dudó ni un segundo.

fichaje por el barcelona

"Me veía vestido de azulgrana y no me lo podía creer"

"No me lo podía creer. Para mí era un sueño hecho realidad porque, además, el Barça siempre ha sido mi equipo de fútbol favorito. Llegué en la época de Ronaldinho y te puedo asegurar que no me perdí ningún partido. Me veía vestido con la camiseta azulgrana y no me lo creía", recuerda con una sonrisa aún más radiante de lo habitual. Con el altavoz que siempre supone vestir la camiseta de ese club, su nombre empezó a ocupar titulares de gran tipografía en la prensa deportiva. "Cuando fiché por el Barcelona la gente empezó a fijarse tanto en mí como en mi hermano. Recuerdo que en todas las entrevistas o reportajes que me hacían me preguntaban por la NBA, sobre mis opciones de jugar en Estados Unidos, pero lo cierto es que mi sueño desde niño había sido triunfar en la Liga ACB. Para un niño que sale de África y que soñaba con el fútbol llegar a la ACB era ya una meta muy elevada. Pero tuve la mala suerte de lesionarme en el peor momento. Justo cuando llegué a debutar en la Euroliga tuve que estar un año parado y eso me frenó muchísimo. Era un momento clave para mi carrera", apunta. Eso sí, durante su periplo culé tuvo la oportunidad de ser seleccionado para el Nike Hoop Summitt, el partido anual que enfrenta a las mejores promesas estadounidenses contra las del resto del mundo, aunque la fortuna tampoco le sonrió. "Dos días antes del choque destaqué en un partidillo contra una universidad, pero me lesioné el tobillo. ¡Menudo enfado cogí! Los médicos me aconsejaron no jugar, pero yo les dije que no había ido hasta allí para estar sentado en el banquillo. Al final, pude jugar nueve minutitos, pero ni siquiera llegué a lanzar a canasta. Creo que cogí cuatro rebotes. Y ganamos".

Samb no esconde que aún tiene clavada la espina de no haber podido debutar en la ACB con el Barcelona. Tras jugar cedido con el Esplugues en EBA y con el Cornella en LEB, logrando buenos números, la ausencia de sitio en la primera plantilla azulgrana le obligó a buscarse un hueco fuera. "Mi agente y yo consideramos en 2010 que era el momento de dar el salto y surgió la oportunidad de Granada, con el que pude debutar en la ACB. Allí fui el jugador más joven y al principio me costó, pero acabé jugando. Aquello era nuevo para mí. No era como en un filial, sino que todo el mundo luchaba por minutos y nadie regalaba nada. Bajamos a LEB y la pasada temporada todo se complicó por los problemas económicos del club, que nos llevó a estar varios meses sin cobrar". Ante este panorama, la posibilidad de recalar en Bilbao fue, el pasado mes de enero, una inmejorable tabla de salvación para él. "Conocía al Bilbao Basket de ver al equipo en la tele y todo el mundo hablaba bien del club, de la ciudad y de la afición. Además, estaba en la Euroliga y eso siempre es un caramelo. Pensé que era un equipo que iba a jugar muchos partidos y que, con fe en mis posibilidades, podía salir adelante. El pasado verano renové y creo que estoy en un lugar ideal para mí. Todo el mundo me trata muy bien, los compañeros, la afición...", apunta Samb, un chico despierto, alegre y con gran capacidad para los idiomas -"hablo varios dialectos de Senegal, inglés, francés, castellano y catalán; del euskera solo conozco cuatro o cinco expresiones pero espero aprender más"- que disfruta jugando con videojuegos y, sobre todo, hablando con su familia siempre que puede.

vida personal

"Ayudo en todo lo que puedo a los niños de Senegal"

"Tengo hermanos en Italia, en Francia... Estamos muy repartidos. En Senegal tenemos una empresa de pescado bastante grande y exportamos productos a Francia, Italia, China... Es de la familia de parte de mi madre. La lleva uno de mis hermanos mayores desde allí y tengo otro en Toulouse que se encarga de operar desde Europa. Cuando acabe mi carrera profesional me tocará seguir con el negocio de la familia", dice entre carcajadas. Por si su familia no fuera suficientemente numerosa, él ha decidido formar la suya propia. Pese a tener solo 22 años está ya casado y asegura que la presencia en Bilbao de su mujer, con la que le encanta pasear, le aporta mucha felicidad. "¿La razón de casarme tan joven? Para sentar la cabeza. Tuve años, siendo más joven, en los que me sentía invencible, ya sabes, y la vida no es así. Tuve la suerte de poder casarme con una chica increíble que conocí en Senegal siendo un niño", asegura sin tapujos.

Pese a su presente como profesional y ser un privilegiado, Mamadou no olvida sus orígenes. "Vuelvo a Senegal todos los veranos. Durante muchos años he llevado un campus de Nike y tengo la suerte de ayudar a los niños, algo que me encanta. La gente me reconoce y se alegra mucho de verme. De M'Bour hemos salido Boniface N'Dong, mi hermano, yo mismo y más jugadores. Es una ciudad a la que le gusta el deporte y nosotros, como profesionales, tenemos la responsabilidad de ayudar con ropa, zapatillas, dinero...", destaca. Quizás entre esos niños haya alguno que piensa que el baloncesto es un deporte de niñas y al que Samb haga cambiar de opinión.