Atlético de Madrid 2 - 1 Athletic

El Athletic amaga y recibe ante el Atlético de Madrid

Un par de acciones sueltas del Atlético de Madrid invalidan el gol de Muniain y la notable propuesta del primer acto, que luego derivó en un ejercicio de impotencia de los hombres de Marcelino

11.03.2021 | 00:47
Villalibre y Nuñez se lamentan tras una ocasión fallida de los bilbainos.

Un Atlético de Madrid práctico y eficaz se encargó de bajarle los humos al equipo de Marcelino, digno competidor el miércoles en el Metropolitano. La derrota ante el líder del campeonato entra dentro de lo asumible, no tanto el modo en que se fraguó. Los goles que se tradujeron en la remontada local, justo antes y después del descanso, coincidieron con sendas fases del choque donde si no cabe quizá hablar de relajamiento sí de que faltó ese punto de tensión para mantenerse alerta que siempre exige el cuadro de Simeone. Previamente, el Athletic trabajó bien e incluso se gustó, inauguró su casillero y ofreció la sensación de estar en condiciones de optar a todo; luego, una vez se encontró por detrás en el marcador, se estrelló con la cruda realidad y no volvió a inquietar, puede decirse que ni se acercó a Oblak. Careció de recursos para desequilibrar esa férrea estructura de la que se vale, y van muchos años así, el técnico argentino para sacar adelante partidos cerrados que negocia con un margen mínimo en el resultado.

Las mejores imágenes del Atlético-Athletic. Fotos: EFE

Poco cabe reprochar al Athletic, aunque sí pareció demasiado desgastado con el discurrir de los minutos, sin esa pizca de chispa que potencia su atrevida propuesta, lo cual convirtió el segundo acto en un trámite insulso. La puesta en escena fue estupenda, gestionó con suficiencia la fase en que el Atlético quiso intimidar, enseguida le cogió el pulso a la batalla y de no sufrir el más mínimo rasguño pasó a controlar. Luego, con naturalidad, a dominar, a amasar posesión para erigirse en el dueño del campo. Le dijo alto y claro al rival que no había comparecido para permanecer a verlas venir, que quería la victoria, intención plasmada en el gol de Muniain. Simeone sufrió, alterado a la vista de la impotencia que destilaban sus pupilos, pero en el añadido, ese lapso entre la duración que establece el reglamento y el criterio del árbitro que tantas alegrías ha brindado al Athletic en los últimos meses, recibió el empate.


Instante en el que Llorente supera a Simón en la primera parte con el tiempo ya cumplido. Foto: Afp

El disgusto que supuso ver cómo Llorente cabeceaba a placer rodeado de defensas tuvo un efecto demasiado negativo. Lo contrario sucedió en el otro bando y más en concreto en la persona de Luis Suárez. El cazador uruguayo no la había olido hasta entonces, no es exagerado afirmar que su equipo estuvo en inferioridad numérica, con diez desde el propio inicio, prueba fehaciente del gran balance defensivo de los de Marcelino. Pero en la primera que tuvo, nada más regresar del vestuario, recortó a Nuñez y en cuanto sintió su contacto, muy leve, se dejó caer consciente de que Gil Manzano sancionaría la acción. Él mismo transformó el penalti y certificó la remontada. Segundo y definitivo golpe para el Athletic, que en adelante se sintió inconsistente para dar réplica al amplio catálogo de armas que acredita al Atlético como el prototipo de enemigo indeseable, muy especialmente una vez ha logrado cobrar ventaja.

Es más que probable que en la mente de los jugadores se instalase la impresión de que habían dejado escapar de modo irreversible la oportunidad que con notable desempeño habían labrado. Eso y el evidente cansancio de elementos básicos para romper defensas, abocaron al Athletic a un ejercicio estéril. La pelota dejó de estar en botas de Muniain o Raúl García, que habían maniobrado con acierto entre líneas, Williams quedó sin suministro, los laterales no hallaron pasillos para percutir y con la batuta de Unai López no alcanzó para reeditar la versión de la primera parte.

UNA SOLA OCASIÓN
 

El fútbol combinativo, fluido, hilado con sentido común, sin errores, y la presión sobre la salida colchonera le habían permitido al Athletic invalidar el elevado ritmo que impuso su oponente, pero ello no puede obviar que mientras estuvo entero tampoco se prodigó en situaciones de remate. El gol de Muniain, nacido en un pase al espacio de De Marcos sobre el desmarque de Williams, que apuró hasta la línea de fondo para servir raso hacia atrás, fue casi la única oportunidad elaborada. Esa ausencia de profundidad resultó asumible ante la evidencia de que el líder se sentía inferior y con el afortunado remate del capitán, cuyo defectuoso empalme confundió por completo a Oblak, la escueta producción ofensiva no constituyó una preocupación. Aparte de que nunca es sencillo, ni siquiera llevando la iniciativa, generar sustos en el área del Atlético.

Esto último pudo comprobarse después de que Suárez firmase su única aportación al espectáculo. Por cierto, no tardó en abandonar el terreno. Simeone tenía el partido donde le gusta y prefirió un medio de contención, Torreira. No le interesaba al Atlético engordar la cuenta, se siente muy cómodo desmontando los argumentos ajenos, renuncia al riesgo. Si cae una contra, estupendo, si no, pues enfría la cosa con pasecitos en zona de nadie y disciplina para cerrar vías, con las líneas apretadas en campo propio y tirando de oficio, claro.

Marcelino trató de agitar el partido, en vano. Ninguno de los hombres de refresco mejoró el panorama. Fue un declive imparable. Villalibre apenas intervino, el dúo Vencedor-Dani García flojeó en creatividad, Trippier se comió a Morcillo y Capa no acertó a progresar. No obstante, los cambios eran obligados porque, como se ha apuntado, las prestaciones de los titulares se resintieron en demasía y así se explica que el Atlético gobernase el duelo sin sobresaltos. Solo Nuñez fue capaz de sorprender con un cabezazo que dirigió al regazo de Oblak. Cuándo, pues sí, en el tiempo añadido. El miércoles sin embargo no sonó la flauta y el Athletic, 40 días después sufrió un revés que no produce amargura. Algo de pena, puede, porque durante largo rato el Athletic acumuló motivos de peso para confiar en que la racha tendría continuidad. Fue bonito hasta que los de Simeone sacaron a relucir sus poderes: una acreditada solidez coral y la pegada de los aspirantes a títulos. Bastaron dos despistes para frustrar la hazaña.

ATLÉTICO: Oblak; Trippier, Savic, Felipe, Hermoso; Llorente (Min. 88, Lodi), Koke, Lemar (Min. 67, Saúl), Carrasco (Min. 88, Kondogbia); Joao Félix (Min. 67, Correa) y Luis Suárez (Min. 72, Torreira).

ATHLETIC: Unai Simón; De Marcos (Min. 80, Capa), Unai Nuñez, Yeray, Yuri; Berenguer, Unai López (Min. 73, Vencedor), Vesga (Min. 59, Dani García), Muniain (Min. 80, Morcillo); Raúl García (Min. 73, Villalibre) y Williams.

Goles: 0-1: Min. 21; Muniain. 1-1: Min. 47+: Llorente. 2-1: Min. 51; Luis Suárez, de penalti.

Árbitro: Gil Manzano (Comité Extremeño). Amonestó a los locales Felipe (Min. 43) y Lodi (Min. 93); y a los visitantes De Marcos (Min. 37) y Vesga (Min. 41).

Incidencias: Partido correspondiente a la decimoctava jornada de LaLiga Santander, aplazado en su día por la tormenta 'Filomena', disputado en el estadio Wanda Metropolitano sin público por las medidas sanitarias contra la pandemia de coronavirus.

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