Unai Bustinza Jugador del Leganés

Unai Bustinza: “Era mi primera vez con la selección, hubiese ido remando a Panamá”

Unai Bustinza (Bilbao, 1992) es el capitán del Leganés. Son pocos los exrojiblancos que triunfan en la élite, logro que vincula a su formación en Lezama

09.02.2020 | 06:55
Unai Bustinza.

Son pocos los exrojiblancos que triunfan en la élite, logro que vincula a su formación en Lezama

Lekeitio - Tuvo un breve y curioso paso por el primer equipo del Athletic: solo jugó cuatro partidos y uno fue la final de Copa de 2015 con el Barcelona. Aspira a seguir creciendo en el plano personal en una entidad que va a afrontar su cuarto año en la máxima categoría.

¿Qué recuerda de su salida del Athletic?

-Que el primer año fue duro. Fui cedido al Leganés, que estaba en Segunda. Asier Garitano me quería, pero tuve muchas lesiones y era un entorno diferente al que siempre había conocido. Superé los problemas y acabé jugando. Subimos a Primera y el míster siguió contando conmigo.

El ascenso cambiaría mucho el panorama.

-La segunda temporada también estaba cedido y ya fui encontrando mi sitio. Me gusta tener todo bajo control y estuve cada vez más cómodo. Desde entonces tengo la sensación de que estoy mejorando como futbolista y la conciencia de encontrarme en un buen sitio.

Ha crecido de la mano del equipo, que va a cumplir su cuarta campaña en Primera.

-El Leganés ha evolucionado mucho. Yo venía del Athletic y comprobé que por esa procedencia me tenían cierto respeto y era valorado. A veces me consultaban cosas del día a día para ver cómo se podían mejorar porque las condiciones de allí son muy distintas a las de Lezama.

¿Nunca le planteó el Athletic un posible regreso?

-Cuando estuvo Ziganda de entrenador el Athletic tenía derecho a repescarme y si no me quedaba con contrato en el Leganés. Se habló y consideraron que ya tenían jugadores de mi perfil y que me convenía seguir donde estaba. Sabiendo esto, me pareció interesante no moverme del Leganés, además estaba Asier Garitano, con quien tenía una muy buena relación.

Estaba bien en el Leganés, pero vería con pena que se cerraba la puerta del Athletic.

-Sí, cómo no. El Athletic siempre será mi casa. Soy de Bilbao, estuve desde niño en el club, pero cuando eres profesional compruebas que todo no es idílico. Si donde te gustaría jugar no hay sitio para demostrar lo que eres, tienes que hallar el destino donde te puedas sentir útil. Y cambiar de aires, aunque te genera inquietud o temor a lo desconocido, también supone ilusionarse.

Esa ilusión se ha materializado en unos años muy positivos para usted.

-Como en todo, hay que tener un poco de suerte. La directiva y el entorno del Leganés estaban deseosos de crecer y se están haciendo buenas cosas. Por ejemplo, como pasa en Lezama, se le da mucha importancia a los entrenamientos y han venido jugadores a los que les ha costado adaptarse a esa forma tan intensa de trabajar. Los distintos entrenadores han sido muy exigentes y yo estoy muy conforme con esa idea. Ha sido fundamental para seguir en Primera.

Tampoco será fácil estructurar una plantilla fiable, cada verano hay un montón de cambios.

-Este año habrá una docena de jugadores nuevos otra vez. Es algo que pasa en bastantes clubes, pero en el Leganés se hace bien. Cuando subimos, la mayoría habíamos estado en Segunda y se ficharon cuatro o cinco con experiencia en Primera. El nivel ha ido subiendo cada temporada y yo me he sentido valorado. El mejor entrenador es el compañero que tienes al lado compitiendo contigo porque te hace dar más de ti.

No es habitual que el joven que sale del Athletic triunfe en la máxima categoría.

-Como he dicho antes, la suerte influye. El hábitat es clave para el futbolista. En mi equipo todo está bien estructurado, te puedes centrar en lo tuyo y esto se nota en el rendimiento. Cuesta amoldarse a lo que no conoces, pero si lo haces das un salto. Al llegar al Leganés aprendí una cosa. Nada era como en el Athletic, ni el servicio médico, ni los campos, ni nada, si de mí hubiera dependido lo hubiese cambiado todo, pero llegó un momento en que pensé que era más inteligente que cambiase yo porque cambiar todo lo demás era imposible. Eso hice, superé las lesiones, me quité de encima el estrés y me puse a competir y a jugar.

Es lo que toca cuando se está fuera de casa.

-Y todavía veo que puedo mejorar. Soy muy crítico conmigo mismo. En ese proceso de adaptación fue importante el papel de la familia. Le agradezco mucho a mi pareja que viniese a vivir conmigo. Cuando estaba solo me pasaba el día entero dándole vueltas a las cosas que pasaban en el equipo, que es algo que sin darte cuenta te produce un cansancio mental. Hay que saber desconectar y si tienes la familia al lado, llegas a casa y dejas de pensar en fútbol.

Asier Garitano decía que estaba encantado en Leganés porque era uno más en la calle y podía llevar una vida tranquila.

-Es verdad. Allí la gente sigue el fútbol, pero es gente normal. Es una ciudad, pero es como un pueblo.

Y en vacaciones viene a Lekeitio.

-Es mi sitio favorito, me ofrece todas las posibilidades que no tendría en otro sitio.

Se diría que los futbolistas tienen que ir a Ibiza o lugares similares.

-Bueno, eso es lo que se ve en la prensa, pero hay de todo. Entiendo que el que vive aquí prefiera ir fuera en sus vacaciones, pero cuando estás fuera te das cuenta del privilegio que supone vivir en Euskal Herria, los sitios que hay, los olores, el ambiente? Tenemos un país precioso.

Hace unos meses amplió contrato con el Leganés hasta 2021. ¿Tuvo otras ofertas?

-Estaba convencido de seguir. Algún contacto hubo con otros equipos, pero sirvió para dar un impulso a la negociación y en invierno llegamos a un acuerdo.

Habrá analizado mil veces su marcha del Athletic, los porqués de aquella salida.

-Llegué muy joven al equipo y sí me he preguntado por qué no pude enseñar qué jugador era. Hombre, había muy buenos jugadores en los puestos donde yo jugaba, de lateral y de central, pero lógicamente piensas en lo que pudiste hacer mal. Quizás no jugué más porque fui con demasiado respeto, pero cada cual es como es. Desde luego, la final de Copa no me la quita nadie. Aunque no entraba en el equipo, no bajé los brazos en todo el año, llegué fuerte al final de la temporada y Ernesto no dudó en ponerme de titular.

Ya, pero sin haber jugado más que tres ratos en todo el año, ser titular en una final es más un marrón que una oportunidad.

-Sí, te doy la razón porque te falta algo. A medida que avanzaba el partido me fui sintiendo mejor, pero me faltaban diez o quince partidos para estar más suelto. Hoy sería de otra manera, pero tampoco tengo derecho a cuestionar aquella oportunidad porque cualquiera jugaría encantado un partido tan especial. No he vuelto a ver las imágenes de la final, prefiero quedarme con las sensaciones que viví en el campo. Me acuerdo de todo, hasta del calentamiento.

Para la historia quedó la jaimitada que intentó Neymar a su costa.

-Tuvo su repercusión, es una forma que ellos tienen de entender el fútbol.

Sí, pero no se le ocurre hacer eso en el inicio del partido.

-Ya. Fue acabando el partido, perdíamos y había mucho cansancio. Con acciones así provocas que el ambiente se enrarezca.

¿Cómo vive los partidos en San Mamés?

-Se me hacen muy raros. Llegas a Loiu y te concentras en un hotel cuando en Bilbao tienes casa y amigos. Luego, en el campo estás de visitante, pero conoces todo, yo solía ir andando a San Mamés. Y sales a ver cómo está el césped y ves tu localidad de socio, viene la familia a verte, en fin que se te hace todo raro. Solemos tomar un café antes de los partidos y en el de Bilbao no lo tomo, no quiero pasarme de rosca. Además, nunca he jugado en San Mamés con la camiseta del Athletic, el año que estuve siempre me tocó jugar fuera.

La primera visita a San Mamés fue inolvidable.

-Por todo además, porque empatamos a un gol y con eso aseguramos la permanencia. Después del partido se fue todo el mundo del campo y me quedé solo allí, sentí un gran alivio.

Cerró la temporada con el amistoso de la Euskal Selekzioa frente a Panamá.

-Fue una gran experiencia. Quitando que lo pasamos muy mal por culpa del calor, estuvo muy bien.

Sin embargo el poso que dejó el partido no fue muy agradable. Ni siquiera se pudo ver aquí.

-Nos gustaría que las cosas saliesen mejor. Se jugó fuera para darle más relevancia a la selección. Viene bien para aprender y darse cuenta de dónde estamos y qué se puede hacer en el futuro. Ya sé que no era el mejor viaje, por el destino, las fechas, el cambio horario, el clima...

Y muchas ausencias en la lista.

-A ver si la siguiente vez se plantea mejor. Era mi primera convocatoria con la selección y yo fui muy ilusionado, hubiese ido remando hasta Panamá.

Objetivos para el siguiente ejercicio, con el Leganés.

-Mejorar lo del año anterior. No estuvimos lejos de pelear por Europa, sería algo histórico, pero lo principal es seguir en Primera porque eso te da todo.

Repite Mauricio Pellegrino, pero en el vestuario habrá muchas caras nuevas.

-La economía del club hace que haya muchos cedidos y acertar es clave, no podemos competir en el mercado con muchos de nuestros rivales. Por eso es básico crear un buen ambiente en la caseta. En el Athletic es sencillo, todos son de casa, pero en el Leganés hay gente de todas partes.

Y usted es el capitán de ese grupo tan heterogéneo.

-Fui el tercer capitán, junto a Rubén Pérez y Szymanowski. Por veteranía me tocaba a mí, pero es algo que se decide en la plantilla y no queríamos la figura de un único capitán. Entre los tres nos las arreglamos para solucionar las cosas y llegar a todos los compañeros.

Una responsabilidad que va con su carácter.

-Me gusta. Vesga y algunos más me llaman "Aitabus". Soy responsable, me preocupo por los demás, intento ayudar al que viene, resolverle problemas y habló inglés, lo que te sirve para entrar más fácil a algunos de fuera. Soy joven todavía y seguro que haré alguna cagada, pero por ahora la verdad es que no me han montado follones.